domingo, 18 de octubre de 2026

Andre Lilienthal La elegancia de vivir Primera parte.


La elegancia de vivir


  Al entrar al lugar, miro en la mesa varios canapés y la botella de un buen vino. Los bocadillos contienen una mezcla de queso crema y huevo duro sobre pan tostado, decorados con caviar. La charla promete ser placentera.

Lilienthal viste con elegancia. Es alto, atlético, varonil, vivaz; comprobé que también es simpático y carismático. Después de una sonrisa y un apretón de manos, inicio con mis preguntas.

¿Dónde nació?

-Moscú, Rusia; mi madre era cantante y mi padre era corredor de autos, así que viajábamos mucho.

¿Sus padres fueron judíos húngaros?

Sí, yo nací en Rusia en uno de los viajes de mis padres; yo tenía dos años cuando mi madre y mi hermana, regresamos a Hungría.

¿Y su padre?

- Mi madre, Laura, y mi padre, Arnold, eran ciudadanos húngaros. Decidieron mudarse de Budapest, donde vivían entonces, a Moscú, Rusia. Mi madre tenía una hermosa voz de ópera: era mezzosoprano, incluso actuó en la Ópera de Moscú.

Mi padre era electricista. También se distinguió en el atletismo y como piloto de autos. ¡En la carrera Moscú-San Petersburgo de 1913, logró el segundo puesto! Esta competición era considerada un evento importante en el automovilismo. Cientos de pilotos participaron en la carrera Moscú-San Petersburgo.

¿Quizás heredé de mi padre la fuerza de voluntad necesaria para competir en ajedrez? Eso sí, no en carreras de coches. 

Nací con parálisis cerebral infantil, que afectó a mi pierna derecha; está inmóvil desde que nací. A pesar de ello, conduzco, lo que significa que uso el pie izquierdo para el freno y el embrague, y el derecho solo para el acelerador. 

Hábleme de sus hermanos.


-Mi hermana Margit (Margareta) y yo nacimos en Moscú. En 1913, cuando yo tenía dos años y Margit cuatro, mi madre decidió ir a Budapest a recoger a mi hermano Károly, de seis años, y regresar con nosotros a Moscú. 

Mi hermano vivía con mi abuelo, que era el director de una escuela judía en la calle Dob en Budapest. La mayoría de los habitantes eran judíos. Mi hermana y yo éramos greco-católicos, ya que nacimos en Moscú y ser judío no estaba permitido en la Rusia zarista.

Lamentablemente, mi madre no pudo llevar a cabo sus intenciones, ya que estalló la Primera Guerra Mundial, y mi padre, que seguía siendo ciudadano húngaro, fue internado en Orenburg, es decir, fue expulsado de Moscú y no pudo regresar a su patria, Budapest.

Mi pobre madre perdió su voz y se vio obligada a coser botones en los abrigos de los soldados (cosía con la izquierda porque era zurda). Pero claro, sus ingresos eran escasos y no alcanzaban para mantener a tres hijos, así que decidió enviarnos a un orfanato estatal en Budapest. Extrañábamos su presencia, no podíamos quedarnos allí y siempre nos escapábamos a casa con mamá.

Entonces mamá decidió enviarnos a Margit y a mí a un orfanato en la ciudad de Szombathely, más lejos de Budapest, cerca de la frontera con Austria. No recuerdo cómo eran las condiciones para los niños allí. Pero, en cualquier caso, echábamos muchísimo de menos a mamá. Así que decidimos escaparnos del orfanato otra vez. Ocurrió en la oscuridad. Tuvimos que trepar por las altas puertas de hierro que
estaban cerradas por la noche.

Yo llevaba a Margit a cuestas, ya que le había salido un tumor purulento en el talón y no podía caminar. Llegamos a la estación de tren, cansados. Yo también cojeaba. Subimos a uno de los vagones y el tren partió hacia Budapest. Un empleado nos pidió los billetes.

Nos bajaron a mitad de camino de Budapest, donde nos entregó a un policía, quien nos llevó a la cárcel local. Así, por primera vez, aprendimos qué eran una celda, barrotes y prisión. 


Lo más importante era que había que extirparle el tumor del talón a mi hermana. Jamás olvidaré estar junto a la ventana del hospital en la cárcel, escuchando los gritos de la pobre Margitka, que sufría un dolor insoportable. No sé, ¿quizás antes no usaban analgésicos en las cirugías? La comida de la prisión consistía principalmente en pan negro.

Mientras tanto, un periódico de Budapest informó que dos niños pequeños estaban detenidos en una prisión de Győr. Por suerte, mi madre leyó sobre nuestras desventuras en el periódico, vino a buscarnos y, para nuestra alegría, nos llevó a mi hermana y a mí a Budapest.

¿Qué pasó con su padre?

 Paso poco tiempo cuando le contaron a mi madre que habían visto a su marido, en Viena con otra mujer. Lo comentamos con mi padre, quien de inmediato vino a Budapest, pero solo para divorciarse y pagarle la pensión alimenticia, es decir, para mantener a sus tres hijos. Mi madre, con pesar pero sin reservas, aceptó.

Entonces mi padre nos invitó a Margarita y a mí a Viena, y conocimos a su nueva esposa. Era de Orenburg, rusa de nacimiento, no muy guapa, pero con una figura perfecta. Irónicamente, ella cosía los vestidos de concierto de mi madre para sus actuaciones en la Ópera de Moscú, donde ya había cantado.

 Margarita se quedó en casa, pero mi padre me mandó a clases con un profesor de música, que me enseñó a tocar el piano. Sin embargo, al cabo de unos meses, dejé las clases de música, pues echaba mucho de menos a mi madre. 

Cuando mi padre fue a recogerme, el profesor lamentó estar cometiendo un error irreparable. "Tu André tiene un oído prodigioso", le dijo el profesor a mi padre. "Ya toca el piano bastante bien. Podría convertirse en un gran pianista cuando sea mayor". Pero el destino tenía otros planes.

Mi madre vino a Viena para llevarnos a Margitka y a mí a Budapest. Jamás olvidaré cómo vivíamos todos juntos en el apartamento de mi padre y Varvara Nikolaevna (su nueva esposa), cómo se le llenaban los ojos de lágrimas a mi madre, cómo lloraba en silencio para que mi padre y Varvara no se dieran cuenta.


 Recuerdo otro incidente relacionado con mi vida en el orfanato. Normalmente, los niños del orfanato eran entregados a algún dueño sin hijos. Una vez, me dieron a un sacerdote en un pueblo y trabajé para él como pastor.

Tenía que vigilar un rebaño de vacas en el pasto de verano para que no se metieran accidentalmente en la alfalfa. Tuve mala suerte; una vaca acabó en la alfalfa. El dueño lo vio y me tiró un palo, casi dándome en la cabeza.

Esa misma noche, decidí escapar de ese canalla. Subí a un tren con destino a Budapest. Esta vez, tuve suerte. Un soldado (que también viajaba a Budapest) me dio de comer y pagó mi billete. Servía en el ejército comunista húngaro. 

Me di cuenta de esto cuando una patrulla de tropas de ocupación rumanas subió al tren para arrestar al soldado. Rápidamente agarró su gorra militar y arrancó la insignia comunista de la visera. Ambos llegamos sanos y salvos a Budapest y nos despedimos. Nunca olvidaré a este hombre tan amable.


János Kádár Político húngaro, primer ministro en dos ocasiones. Se convertiría en el líder comunista y dictador de Hungría durante más de 30 años

 Tras terminar quinto de primaria en la Primera Escuela Cívica (donde estuve en la misma clase que János Kádár), empecé a estudiar sastrería, no sin antes vivir algunas aventuras. Me encantaba nadar e iba a la piscina de Budapest.

Cuando tenía unos 16 años, me gradué como maestro sastre tras aprobar un examen que consistía en coser yo mismo una chaqueta de hombre.


Plaza Almásy, 1930
En la Plaza Almássy y sus alrededores tenían su sede diversos sindicatos de trabajadores, entre ellos el de los sastres y oficiales sastres (Szabómunkások).


¿ Como llego al ajedrez?

Ocurrió así. en1927, en Budapest, 
era verano y en la plaza Almásy, había un sindicato de sastres, del cual yo era miembro, desempleado y esperando trabajo. Los sastres también jugaban al ajedrez allí, en la plaza. Uno de ellos era amigo mío. Un día, habíamos quedado para ir a un partido de fútbol. Yo tenía entradas. Lo seguí hasta la plaza y esperé a que terminara la partida.


Finalmente, cuando mi paciencia empezaba a agotarse, le dije: "Llegaremos tarde al partido Austria-Hungría". Él respondió: "Voy a terminar la partida ahora, y luego nos vamos". Pareció una eternidad antes de que uno de los jugadores moviera una pieza, haciendo otro movimiento.

Impaciente, me parecía gracioso ver esa partida "idiota", y perdí la paciencia: tiré las piezas del tablero. Mi amigo y compañero sastre se enfadó muchísimo, agarró su bastón, me golpeó y trató de perseguirme. Como ya mencioné, soy cojo de nacimiento, pero por suerte mi amigo tenía una prótesis y logré evitarlo. Claro que no fue conmigo al partido de fútbol.

Unos días después, le pedí disculpas. Nos reconciliamos. "¿Quieres que te enseñe a jugar al ajedrez?", me ofreció. "¡No te imaginas lo increíblemente hermoso que es este juego!", exclamó mi amigo con entusiasmo. Acepté a regañadientes; tenía miedo de negarme para no volver a enfadarlo. Me enseñó a mover las diferentes piezas.

 Empezamos a jugar, ¡y me dio una reina y dos torres como desventaja! A pesar de esto, no pude capturar al rey del oponente. Siempre terminaba en tablas. Casi lloro de rabia

. Pero, como suele suceder, el alumno acabó superando al maestro. Unas semanas después, ya jugaba contra él sin desventaja, en igualdad de condiciones, y le ganaba cuando quería. Un día, le sugerí: "¡Déjame darte la reina primero!". Se puso pálido de ira y respondió: «Eres un fanfarrón insolente. ¿Cómo te atreves a ofrecerme semejante estupidez? 

¡Dame la reina y te demostraré lo tonto que eres!». Saqué mi reina del tablero y, a pesar de ello, gané e incluso capturé a su rey. Quedó atónito y pálido.

La historia se repitió: mi amigo estaba dispuesto a matarme otra vez. Pero Dios me ayudó y, aunque cojo, escapé de él de nuevo. Le estaré eternamente agradecido. Después me enamoré tanto del ajedrez que solo pensaba en él día y noche.



Mi madre siempre se preguntaba por qué no encontraba trabajo durante meses. Finalmente, acudió al sindicato de sastres para informarse sobre mi situación. Le dijeron que su hijo jugaba al ajedrez desde la mañana hasta la noche y que hacía tiempo que se había olvidado de la sastrería.

Mientras tanto, yo buscaba un sitio donde jugar al ajedrez con buenos jugadores. Solían encontrarse en cafés donde se jugaba al ajedrez, a las cartas y a otros juegos de azar por dinero.

 Fui a uno de esos cafés a jugar. Pero mis oponentes siempre me ganaban, lo que me costaba un dineral y me dejaba sin un céntimo. Sin embargo, día a día empecé a jugar mejor, incluso a vencer a jugadores bastante fuertes y a ganar lo suficiente para vivir.

Mi madre falleció mientras yo observaba a maestros de ajedrez jugar en un café. Uno de ellos era Siner. Lamentablemente, se suicidó. Y entonces, finalmente, conocí al maestro Karol Sterk, un hombre encantador y amable. Me hizo un gran favor al enseñarme a jugar la apertura y demás. Y entonces sentí un gran deseo de ver París y decidí ir allí, arriesgándome por mi cuenta.

Los ojos de André se llenan de lagrimas ante los recuerdos.

Su madre murió cuando usted era un adolescente. La vida de su madre fue complicada.

-Mi madre durante su infancia pasó mucha pobreza, tuvo que vivir en un orfanato. Fue notable su entereza. Su carácter jamás cambio, a pesar de las adversidades, de una vida llena de tristeza y ratos amargos. Perdió la voz y se vio obligada a coser, para ganarse la vida.

¿Usted heredo su cordialidad?

Si, para mi fue un ejemplo.

-Intente viajar Budapest-Viena. Pero mi pasaporte solo era válido por dos meses y únicamente en Austria. En Viena, encontré el Café Central y allí vi al Gran Maestro E. Grunfeld, un famoso teórico que creó la "Apertura Grunfeld", que aún hoy es muy popular. 

En este café, conocí a un hombre llamado Geza (olvidé su apellido). Hablaba alemán y húngaro a la perfección. Le conté mis planes de ir a París. Resultó ser una persona muy amable y comprensiva, y decidió ayudarme. Tomamos el tren hacia Passau, a la frontera austro-alemana, que atravesaba un terreno montañoso que debíamos cruzar a pie.

Mi compañero de viaje me advirtió: "No hables alemán con nadie todavía". Luego continuamos. En el camino, nos encontramos con un lugareño. Mi amigo averiguó dónde vivía el profesor. Nos indicó la dirección correcta. Y así llegamos al puente, al otro lado del cual estaba Alemania, Passau. 

Era domingo. Normalmente, los domingos, los austriacos cruzaban el puente en silencio para ir a la iglesia. Aprovechamos la oportunidad, nos mezclamos entre la multitud y caminamos en silencio, como los demás. Al otro lado, mi amigo me dijo: "¡Ahí lo tienes, Andor! ¡Enhorabuena! ¡Estás en Alemania! ¡Adiós! Me voy". Nos abrazamos y nunca más volví a ver a mi querido amigo Gesa.

Francamente, sin saber adónde ir y decidiendo descansar (estaba muy cansado de preocuparme, además tenía hambre y no tenía ni un centavo), entré en el bosque, me tumbé en la hierba y me quedé profundamente dormido. En mi sueño, vi a un policía alemán de pie junto a mí. Al sentir que alguien me tiraba del hombro, abrí los ojos: justo delante de mí estaba un policía de carne y hueso.

El sueño resultó ser la realidad. Un representante de las autoridades alemanas se dirigió a mí con severidad: "Ihr Dokumenterscheinen" (es decir, "Muéstreme sus documentos"). Al ver mi pasaporte, que solo era válido en Austria, el policía me llevó a la cárcel en un lugar llamado Worschfelde por infringir las normas de pasaporte. 

Allí me metieron en una celda. Esto no era nada nuevo para mí, después de todo, ya había estado en prisión de niño.

Allí estaban todos los mismos elementos de la cárcel: el llamado "brich" (es decir, una cama hecha de tablones) y barrotes en las puertas. Me daban comida en la cárcel. Pero, ¡Dios mío, queridos lectores, deberían probar estas delicias carcelarias! 


Pasaron unos días, y el "Vogtmeister" (alcaide) me llevó a dar un paseo por el agradable patio; incluso había manzanos y perales. "¿A qué te dedicas?", me preguntó el alcaide. Le respondí que era sastre, y añadí que ahora era jugador profesional de ajedrez.

Por supuesto, no le dije cuáles eran mis credenciales, ya que ciertamente no podía enorgullecerme de ello todavía. Pero él estaba tan encantado que al día siguiente trajo su juego de ajedrez, y empezamos a jugar muchísimas partidas todos los días. Él jugaba muy mal, pero para complacerlo, siempre perdía un par de partidas.

Él estaba contento, y yo también, porque estaba recibiendo una comida deliciosa y abundante que los demás presos no recibían. Finalmente, unas semanas después, comenzó el juicio, y mi amigo, el guardia, me dio una excelente carta de recomendación.

Salí de prisión con la condición obligatoria de presentarme en la Embajada de Hungría al regresar a Berlín para obtener un nuevo pasaporte válido en otros países, incluyendo Alemania. Mi guardia y yo nos despedimos como buenos amigos: nos abrazamos y nos besamos. Tenía lágrimas en los ojos, y yo también, pero las mías eran de alegría, ¡porque era libre de nuevo!

Así que llegué a Berlín y fui a la Embajada de Hungría. Pero me negaron el pasaporte. El funcionario de la embajada me dijo que tendría que regresar a Hungría para obtener nuevos documentos. Pasé unos días más en Berlín, en el llamado "Unterkunft". Era una casa específicamente diseñada para extranjeros pobres, donde se podía vivir gratis, pero donde la rutina diaria era estricta.

Me acostaba tarde porque andaba deambulando por varios cafés, y no podía levantarme temprano por la mañana, es decir, a las 8 a. m., como se requería en el "Unterkunft". Todos los días me despertaban, regañándome por no haberme levantado todavía, con las palabras:

 "¡Herr Lilienthal! ¡Schon acht Stunden! Stehen Sie auf! Schon alle Leute in Berlin auf der Arbeit schwitzen!". (es decir, "¡Señor Lilienthal! ¡Levántese! ¡Ya son las ocho, todo el mundo en Berlín ya está sudando en el trabajo!")



En Berlín, en la Friedrichstrasse, había un café llamado "König" que significa "Rey") Si entrabas, enseguida veías a mucha gente jugando al ajedrez, a las cartas y, lo más importante, una fotografía de Emanuel Lasker, el orgullo de Alemania, ¡que se convirtió en campeón del mundo a los 27 años! Por cierto, la fotografía de E. Lasker estaba expuesta en todos los cafés de Berlín.

Y así comenzaron mis primeras actuaciones. Jugaba partidas fáciles con apuestas bajas. Tuve suerte: como mis oponentes eran muy débiles, conseguí ganar suficiente dinero para comer barato. Un día, me acerqué a E. Lasker y le pedí que jugara una partida de ajedrez conmigo, como recuerdo. 

Él jugaba al Go (un juego japonés; E. Lasker era un jugador versátil: jugaba a las cartas, al bridge e inventó muchos otros juegos). Pero se negó a jugar conmigo, diciéndome: "Joven, ya no juego al ajedrez".

Más tarde se convirtió en mi compañero. Pero por aquel entonces, ni en mis fantasías más descabelladas se me habría ocurrido que algún día conocería a un genio del ajedrez como E. Lasker en un torneo.


Nimzowitsch.

Fue aquí donde conocí a Aron Isaevich Nimzowitsch. Todo ajedrecista conoce la Apertura Nimzowitsch y el Contragambito Nimzowitsch. Un día, unos aficionados al ajedrez del Café König invitaron a Aron Isaevich a jugar un par de partidas con un joven talentoso. Ese joven era yo. A.I. Nimzowitsch aceptó de inmediato jugar dos partidas. En ambos encuentros, me derrotó con facilidad. Nunca más tuve la oportunidad de volver a encontrarme con este brillante ajedrecista.



Pero en el Café König tuve otro encuentro interesante con dos grandes ajedrecistas, los genios rusos Alexander Alekhine y Efim Bogolyubov. Estaban jugando una partida, pero, como saben los lectores, Alekhine derrotó a Bogolyubov, conservando el título de campeón mundial [de 1929].

Un día, en el Café König, ofrecieron una exhibición simultánea en cuarenta tableros diferentes. Yo también participé. Más precisamente, una señora jugó contra ellos y la asistí (en aquel entonces no podía participar, ya que costaba dinero). ¡Y logramos un empate! Esta señora estaba feliz; su nombre apareció en el periódico, junto con el anuncio de que había conseguido un empate.

Luego regresé a Budapest para obtener un nuevo pasaporte que fuera válido en otros países europeos, y lo conseguí.

Que me dice de su período parisino.

-Mi hermano, Karoly, decidió venir conmigo también. Era cuatro años mayor que yo y estaba aprendiendo el oficio de zapatero: sabía coser la parte superior de los zapatos.

Así que mi hermano y yo llegamos a París. Buscábamos cafés donde jugaran al ajedrez. Resultó que uno estaba en la Rue de la Sorbonne. Pero antes, les contaré dónde y cómo vivíamos.

Mi hermano se convirtió en bailarín de teatro. Actuó con el famoso cantante Mario Lanza, con quien tenía una relación muy cercana. Que descanse en paz; mi hermano falleció en 2003.

Nos estábamos quedando sin dinero. Necesitábamos comer de alguna manera, ¿pero con qué dinero? Como mencioné antes, nos atrajo un café de ajedrez en la Rue de la Sorbonne. Se llamaba "Ludo". Allí encontré un oponente agradable, ¡con un nivel de ajedrez de nivel G! Jugamos partidas rápidas, la apuesta era de 10 francos, que se llevaba el ganador.

Mi hermano estaba muy nervioso, pero todo terminó bien. Gané varias decenas, y Károly y yo fuimos a almorzar al restaurante llamado "Préfix". El menú del almuerzo costaba 15 francos. El vino era gratis en todas las mesas.

De repente, un hombre, un ruso, se me acercó y me hizo una oferta (aún no sabía ruso muy bien, ya que había olvidado el idioma, pero más o menos había aprendido a hacerme entender en francés): "¡Joven! Juegas muy bien al ajedrez. ¿Te gustaría que te llevara a un auténtico café de ajedrez?". Acepté. 

Me gustaría señalar que se llamaba Victor Bart, un artista que incluso pintó a mi hermano como un torero. Este retrato fue adquirido en París por el Museo de Bellas Artes. Victor Bart fue un antiguo oficial y miembro del movimiento de la Guardia Blanca.


Café la Régence Paris


Así que nos encontramos en el Café de la Régence, en la Rue de Rivoli. Al entrar, allí estaba la mesa de Napoleón, donde el Emperador había jugado al ajedrez, e incluso una partida que él mismo había jugado, un folleto con algunos de los juegos y un gran retrato de A. Alekhine.


Era un auténtico café de apuestas. Jugaban al Jacques, a las cartas y, por supuesto, al ajedrez. Recuerdo que me dirigí al camarero y le pregunté con quién podía jugar al ajedrez. Me señaló a un hombre sentado frente a un tablero. Me acerqué y le pregunté si quería jugar conmigo. Me respondió: "Solo juego por dinero". Acepté. No recuerdo cuántas partidas jugamos, pero iba perdiendo, solo una vez logró un empate por los pelos.

Se negó a jugar más conmigo. Y entonces, tras un breve descanso, me ofrecí a pagarle. Me contestó: "Soy un maestro de ajedrez. En este café, cuando gano, me pagan, ¡y cuando pierdo, no me pagan!". Recordé su apellido: Keistelbaum; era de nacionalidad polaca.

El brillante gran maestro Savely Grigorievich Tartakower, creador del llamado ajedrez hipermoderno, venía al Café Régence todos los días. Si no me falla la memoria, nació en Rostov del Don. Tuve la suerte de que aceptara jugar una partida rápida conmigo. Para entonces, ya jugaba bastante bien y logré ganarle, aunque, por supuesto, Tartakower tenía la ventaja general.

En aquel entonces, encontrábamos numerosos aficionados en el café y, lo más importante, clientes que nos pagaban por jugar partidas rápidas a ciegas con Savely Grigorievich. Es decir, uno, dos, tres, cuatro, cinco... ¡y hay que hacer un movimiento! Así, jugábamos partidas preciosas, aparentemente con gran cuidado sobre el tablero.

Los clientes y espectadores se divertían, y Savely Tartakower y yo también. De esta forma, ganábamos una buena suma de francos gracias a los clientes.

¡Le estoy muy agradecido a Tartakower! Era un auténtico bohemio. Al principio, no entendía por qué, teniendo una buena posición económica, tenía que jugar a juegos fáciles por dinero. Dicen que en Sanremo, S. Tartakower, tras ganar una suma considerable por el primer puesto en un torneo, la perdió una hora después en la ruleta.

Le encantaban los juegos de azar y siempre superaba las dificultades económicas con facilidad.

 No es mentira. Si alguien le decía lo bonita que era su corbata,  Tartakower se la quitaba inmediatamente y decía: "¿Quieres una? Con mucho gusto te la doy".

Además del juego, su mayor debilidad eran las mujeres. Por una mujer elegante y bella, el apuesto doctor estaba dispuesto a sacrificarlo todo.

Cuando una mujer elegante entraba al café donde estaba analizando partidas, Tartakower olvidaba por completo el tablero. Sus ojos la seguían, su postura cambiaba, se acomodaba el traje y su conversación se volvía sumamente poética. Tenía una fascinación absoluta por los gestos refinados, los perfumes y la moda de las damas francesas de los años 30.

Esta es, por supuesto, una breve descripción que hago del genial ajedrecista S. Tartakower, mi querido maestro y amigo.
Los principales acontecimientos de mi carrera ajedrecística. La década de 1920.

Alexander Alekhine volvió al Café Régence. Todos los presentes estaban pendientes del brillante campeón mundial ruso, que había derrotado al brillante campeón cubano, José Raúl Capablanca, en un encuentro.


    Lilienthal vs Alekhine

Los espectadores le comentaron a Alekhine que allí había un chico (yo) que jugaba muy bien partidas fáciles. Para mi sorpresa y alegría, Alekhine se me acercó y me dijo: «Quiero jugar cuatro partidas relámpago contigo». Le respondí: «¡Doctor (como muchos llamaban a Alekhine)! Pero sin dinero». Alekhine aceptó.

Y así empezamos. Para sorpresa de los espectadores, gané las tres primeras partidas. Alekhine ganó la cuarta. Alexander Alexandrovich se sonrojó y dijo: "Juguemos cuatro partidas más".

 Le respondí: "¡Doctor! No quiero jugar más contigo. ¡Quiero guardar este resultado como un recuerdo imborrable!". Alekhine simplemente se rió y no se ofendió, a pesar de ser muy nervioso por naturaleza. Incluso se podría decir que nos hicimos amigos.

Cuando A. Alekhine invitó a jugadores de ajedrez a su casa, yo, por suerte, también estaba entre los grandes maestros invitados, como el Dr. Berstein, S.G. Tartakower, E.A. Znosko-Borovsky, Duchamb y otros. 

Me gustaría señalar también que A. Alekhine poseía un encanto masculino, era alto y corpulento. Si se celebraran concursos de belleza para hombres, el gran maestro ruso sin duda ganaría el primer puesto.

Solo José Capablanca podría competir con él. También me gustaría añadir que A. Alekhine era un emigrado que se encontró en Francia tras el establecimiento del poder soviético en Rusia. Creo que al lector le interesará conocer otro episodio inolvidable relacionado con A. Alekhine. 

Se estaba celebrando un torneo de ajedrez relámpago en el Palais Royal, en el que se suponía que debía participar, pero no pude pagar la cuota de inscripción que habían fijado los organizadores.

A. Alekhine preguntó a los organizadores del torneo: "¿Por qué no participa Lilienthal?". Se lo explicaron, y entonces Alexander Alexandrovich pagó por mí, y pude participar. Intenté asegurarme de que la cuota de inscripción al torneo que había pagado A. Alekhine no se desperdiciara. 

¡Quedé en primer lugar! Entonces me acerqué al ajedrecista ruso para devolverle el dinero. Alexander Alexandrovich no aceptó el dinero y me dijo: «Cuando seas maestro, entonces podrás pagarme».

En el jardín del Palais-Royal, frente a una fuente con un diseño blanco y verde, se alzaba el Pabellón de Ajedrez del Palais-Royal, rodeado de plantas, uno de los más antiguos e importantes de París. Era un café común y corriente, pero todos, o casi todos, eran jugadores de ajedrez, y cada mesa tenía un tablero. Ni una sola mujer, salvo quizás la cajera.



Tartakower

A cada extraño se le miraba con sorpresa, como si fuera imposible que un profano entrara. En las mesas se veían los rostros conocidos de renombrados ajedrecistas (Tartakower, Znosko-Borovsky), y se hablaba ruso por todas partes. En la terraza, rodeado de una gran multitud, se encontraba el rey del ajedrez, A.A. Alekhine.

Luego me invitaron a un importante torneo en París, donde A. Alekhine obtuvo el primer lugar y yo logré el cuarto. Empaté contra A. Alekhine, pero sufrí una humillante derrota contra Jacques [Jacob] Mieses. Elegí la Defensa Francesa para la apertura. ¡El maestro alemán me aplastó en la jugada 17! Tuve que rendirme.

Desde París, fui a Praga. Una ciudad maravillosa. En la Wenzelplatz, me detuve en un café. Pero tuve suerte: conocí a un gran ajedrecista llamado Solomon Flohr. Después, lo llamé Salo, y él me puso un apodo: Lili, un poco más corto que mi apellido. Fuimos grandes amigos hasta el final de su vida. Salo Flohr no solo era gran maestro de ajedrez, sino también periodista.

Luego, Solomon Flohr y yo fuimos al balneario de Stuben, en Austria, donde estaba previsto que comenzara un torneo de alto nivel. Por supuesto, yo también quería participar. Pero los organizadores dijeron que no me conocían, así que no podían incluirme.

Afortunadamente, Solomon Flohr les pidió que me dejaran participar. Su autoridad resultó ser una recomendación suficiente para que participara junto a los demás. Y para sorpresa de todos, quedé en primer lugar, mientras que S. Flohr solo quedó en segundo. Cuando nos enfrentamos, tenía una posición absolutamente ganadora en el tablero. Pero, por suerte, perdió una pieza y lo vencí. Le pedí disculpas a S. Flohr.

El complejo Stuben era un lugar maravilloso. Podía nadar todos los días en la piscina de 50 metros. Un día, le dije a Salo: "¿Apostamos a que puedo nadar el largo de esta piscina bajo el agua?". Me dijo que no le interesaba. Pero añadió que si nadaba el largo de la piscina completamente vestido, es decir, con traje de baño, apostaría conmigo.

En el periódico salieron caricaturas mías nadando. Pero la sorpresa más agradable llegó después de mi "acto de valentía", cuando la gerencia del complejo me regaló un traje de baño y ropa interior nuevos en una maleta. Supusieron que era pobre (y tenían razón).

Tras aquel torneo, regresé a Budapest, donde participé en el
 Campeonato Húngaro de Ajedrez. Pero al principio perdí las dos primeras partidas, y muchos comentaron irónicamente: «¡Qué maravilloso "Maestro Internacional" ha regresado!». Cuando nadie me veía, lloré.


Lajos Steiner-


Endre Steiner, líder del equipo campeón en Budapest

El Campeonato Húngaro contó con jugadores muy fuertes, algunos de los cuales posteriormente se convirtieron en grandes maestros. Entre ellos estaban los hermanos Lajos Steiner y Endre Steiner. Su padre era profesor. 

Eran personas excepcionalmente amables. Lajos se dirigió a mí y me dijo: "¡Andre! Juega con calma. Lo mejor está por venir". Seguí su consejo e intenté jugar con más tranquilidad. Al final, quedé segundo (tengo que consultar la clasificación). Y para mi alegría, mi autoridad como Maestro Internacional fue reconocida en mi país.

En 1933-1934, fui invitado a un torneo en Hastings, Inglaterra, que comenzó antes de las celebraciones de Año Nuevo. En el torneo participaban el Campeón Mundial A. Alekhine y mi amigo S. Flohr, ¡quien se llevó el primer lugar! A. Alekhine y yo compartimos el segundo y tercer puesto, a medio punto del ganador.

 A. Alekhine me ganó en la jugada 65, en una partida difícil y tensa. En el vestíbulo del hotel donde se hospedaba Alexander Alexandrovich, él estaba jugando a las cartas (bridge).

Salo Flohr y yo decidimos bromear sobre el gran maestro ruso. Siguiendo el consejo de Salo, me acerqué a A. Alekhine y le dije: "Felicidades, después de siete horas de tormento, lograste vencer al viejo Mitchell (el maestro inglés) y compartir el segundo y tercer puesto conmigo". 

Me gustaría añadir: sucede que incluso el campeón mundial no siempre logra derrotar rápidamente a un oponente débil. A. Alekhine tiró sus cartas al suelo y me dijo furioso: "¡Señor Lilienthal! Recuerde, usted jamás jugará en los torneos en los que yo participe.

Salió corriendo a su habitación. Yo estaba muy molesto, y Salo decidió enmendar nuestro estúpido error. Fue a la habitación de A. Alekhine, y yo me quedé cerca de la puerta. De repente, Salo me abrió la puerta. Entré y le rogué perdón con voz suplicante. ¡Gracias a Dios! A. Alekhine perdonó mi torpe broma. Al parecer, Salo resultó ser un buen diplomático.

Cuando participé en el torneo de París en 1933, justo antes de que comenzara la cuenta regresiva, al igual que los espectadores en el auditorio, presencié una escena insólita: el campeón mundial A. Alekhine perseguía a Victor Barth, el artista y organizador del torneo, quien le había prometido una remuneración adicional.

Pero Barth no cumplió su promesa. A. Alekhine casi alcanza al pobre Barth, y entonces se habría desatado una pelea. Afortunadamente, el Sr. Blumenfeld, patrocinador del torneo, apareció en el auditorio y le entregó a A. Alekhine la remuneración adicional que le correspondía por su participación.


¡Gracias a Dios, la cuenta regresiva comenzó y el torneo dio inicio! Con esa remuneración, A. Alekhine podría haberse comprado una bicicleta. ¡Y los campeones mundiales de hoy, al recibir una remuneración adicional, pueden comprarse un coche!

En 1935, Alekhine representó a Francia y jugó con el equipo francés en la Olimpiada de Ajedrez de Varsovia. Alekhine llegó con su esposa estadounidense, Grace Wishar. Es interesante notar que Grace era varios años mayor que Alekhine, y la primera esposa del famoso ajedrecista también era mayor que él.

Salo Flohr y yo queríamos presentarle a Alekhine a la joven. Pero Alekhine se mostró indiferente: solo le gustaban las mujeres "mayores". Pero no era eso lo que quería contarles; quería contarles sobre la llegada de Alekhine a la Olimpiada con su querida gata siamesa. Y de repente, la gata desapareció, es decir, se esfumó.

Alekhine estaba muy disgustado. Y no solo él, sino también los participantes de la Olimpiada y todos los presentes.
Se publicó un anuncio en los periódicos y en la radio: "Quien la encuentre recibirá una recompensa". ¡Y Dios ayudó! Al día siguiente, alguien le trajo a la joven desaparecida a A. Alekhine. ¡Resulta que había salido a caminar y se había encontrado novio!

No pueden imaginar lo que sucedía en la sala del torneo. El árbitro detuvo los cronómetros en todas partes. Cada participante se acercó a A. Alekhine y lo felicitó por haber encontrado a su gato favorito. A. Alekhine estaba muy feliz, porque lo amaba con locura.

 Quisiera añadir que alguien que ama a los animales tanto como A. Alekhine solo puede ser una buena persona. Sí, puedo confirmarlo, ya que fui amigo de A. Alekhine y lo conocía bien. El nombre del gato era Ajedrez.

En 1934-1935, volví a participar en el torneo de Hastings. En aquella ocasión, el ajedrecista soviético Mikhail Botvinnik participó por primera vez. Tuvimos mala suerte, compartiendo el cuarto y quinto puesto, J. Capablanca quedó segundo y Sir Thomas (un inglés) primero (tengo que consultar la tabla, puede que me equivoque).

 Pero, mirando hacia adelante, quiero decir que M. Botvinnik tuvo mala suerte porque era la primera vez que participaba en un torneo extranjero.

Ya en la segunda ocasión, en 1936 en Nottingham, donde participó un elenco de jugadores muy fuerte, entre ellos A. Alekhine e I. Lasker, ¡M. Botvinnik compartió el primer y segundo puesto con J. Capablanca! 

¡Pero yo le gané al campeón mundial J. Capablanca en la jugada 28! Sacrifiqué mi dama y la partida ganó el premio a la belleza. Esta partida se llamó "Inmortal".

Se publicó en todo el mundo. Pero no volví a tener suerte. En una posición completamente ganadora contra Thomas, perdí un caballo. Además, contra Euwe, en una posición completamente ganadora, se me fue la victoria. Creo que es cierto el dicho de que en una partida de ajedrez, incluso la suerte influye.


Andor Arnoldovich Lilienthal ( Andor, hijo de Arnold extremo
 izquierdo)  entre los participantes del campeonato de la URSS.

jueves, 1 de octubre de 2026

Genio y locura. Diferencias y similitudes entre Morphy y Steinitz

 



"Fueron Paul Morphy y sus hazañas lo que primero me indujo a entrar en la vida del ajedrez, y a él le debo mi carrera en primera instancia"

Wilhem Steinitz provenía de una familia de comerciantes judíos y de bajos ingresos económicos. Fue el noveno de trece hijos. Sus padres deseaban que su hijo se dedicara a estudiar el Talmud  (obra que recoge principalmente las discusiones rabínicas sobre leyes judías, sus tradiciones, sus costumbres, sus leyendas e historias). Cuatro de sus hermanos, los más pequeños murieron en la infancia. Los problemas de dinero y la mala salud obligaron a Steintz a abandonar la escuela.

Wilhem pronto se interesó en el ajedrez, que había aprendido con su padre, sus progresos fueron rápidos. Fue entonces cuando Steintiz se paseaba por los distintos cafés, donde apostaba al jugar al ajedrez, por la necesidad de dinero. Convirtiéndose al poco tiempo, en el jugador más fuerte de Viena.

Morphy llevo una vida distinta, fue parte de una familia acaudalada. Paul no careció de nada. El ajedrez era practicado por todos los varones de su familia: su abuelo, sus tíos y su padre. Aprendió a temprana edad las reglas y los movimientos de las piezas del ajedrez que encendieron su imaginación. Algunas veces a la hora de comer, soltaba sus cubiertos y en el mantel cuadriculado de la mesa, ponía un problema de ajedrez, que rondaba en su mente. Pronto venció a su tío Ernest campeón de Louisana. Jugó con él sus primeros juegos, con una venda en los ojos.



Wilhem Steinitz


 “Puedo cederles la gloria, pero los premios no” 

Steintiz y Morphy fueron de baja estatura. Uno un jugador hosco, huraño, irritable, poco popular. El otro un caballero, delgado, de finas maneras; educado, agradable, de buen trato, que dejaba una buena impresión a quien le conocía. Predominaba en él la gentileza, de la que carecía Steinitz.

El padre de Charles Morphy consideraba al ajedrez un juego de mesa, sin aceptar que dentro del ajedrez se apostara dinero o se lucrara con el juego ciencia. La infancia de charles fue una renuncia a la vida de juegos infantiles. Su tiempo lo ocupaban una serie de estudios, donde destaco brillantemente, hasta terminar sus carrera de abogado a los 20 años.

En la siguiente frase nos damos cuenta que las enseñanzas del padre estaban en el pensamiento de Morphy. “A diferencia de otros juegos en los que el lucro es el fin, en el ajedrez las batallas se libran por honor. Si se deja que el tablero de ajedrez, reemplace a las mesas de juego, mejoraría la moral de la comunidad” Steintz jugaba por el dinero, a Paul se le inculcó que jugar por dinero, era una degradación.

Ambos tenían el don del genio. A Steinitz lo empujaba la necesidad, fue un luchador nato, superando los infortunios de la vida, por el contrario a Paul lo movía el honor, dentro de la comodidad de su clase social.

En su juventud Steinitz fue un admirador de Paul, a Wilhem le llamaban el Morphy austriaco. Ambos se llenaron de gloria y sus contemporáneos los consideraron campeones del mundo. El reinado de Morphy fue efímero, el de Steinitz muy largo. En las palabras del vienes: "El haber conservado durante tanto tiempo el título de campeón del mundo, se debe a que yo me hallaba 20 años más adelantado que mi tiempo. Jugaba bajo ciertos principios desconocidos por Zukertort y a mis demás antiguos rivales.

Mis ideas no eran comprendidas. Por fin, los jugadores de hoy día como Lasker, Tarrasch, Pillsbury, Schlechter y otros han comprendido mis principios, los han adoptado y como es natural han perfeccionado la obra iniciada por mí". Morphy muy poco después de llegar a los Estados unidos, de regreso de su gira por Europa, que duro seis meses, proclamó la finalización de su afición al ajedrez.


Morphy

Morphy fue a Inglaterra para demostrar que era un excelente ajedrecista, y regresó a Norteamérica lleno de gloria aduciendo siempre; que él jugaba por honor, de forma amateur y que no le interesaba jugar por dinero. Steinitz también en su juventud se traslado a Inglaterra, pero él decidió quedarse en Londres y convertirse en un jugador profesional de ajedrez.

El juego de ambos en su juventud, fue un juego de sacrificio y de ataque, donde el rey debía ser protegido a toda costa, debido a los continuos ataques. Los espectadores de estas increíbles proezas, sabían que las ganaría, el ajedrecista que poseyera mayor imaginación en la combinación.


Morphy y Steinitz compartieron el ser unos jugadores audaces Steinitz supo que ganarse la vida era una dura tarea. Morphy vivió siempre del dinero de su padre. Los dos escribieron columnas de ajedrez: Wilhem fue brillante en ello, Paul dejo de escribir. La pereza fue parte de su personalidad. Steinitz murió en la miseria. Morphy sin carencias, sin haber trabajado durante los años de su corta vida.

Steinitz fue conocido por su mal humor su agresividad para con los ajedrecistas, por el contrario Morphy fue toda su vida un caballero dentro del tablero.

¿Hubiese sido distinta su vida, si, su padre no se hubiese opuesto a que se ganara la vida en el ajedrez, es decir si no hubiera existido el prejuicio de ver en un ajedrecista a un vago, a un vividor, a un paria, sin oficio ni beneficio? Seguramente sí.


Paul Morphy: how good was he really? | ChessBase

Morphy y Steintz compartían algo más, poseían un gran ego. Paúl logró en el ajedrez la mayor recompensa, el ser reconocido a nivel mundial. Después su inconsciente, no lo dejó dedicarse al ajedrez, minó su psique. Cortó su vida productiva, por prejuicios y frenos culturales inculcados en su niñez.

Steinitz por el contrario, sin este lastre avanzo y fundamentó la teoría del juego moderno. Dejó atrás el juego abierto y encontró una serie de principios para defenderse, en un juego poco llamativo, cerrado, un juego de paciencia donde se acumulan ventajas. Este conocimiento le permitió ser campeón del mundo por 8 años

Él descubrió que no había un mejor jugador, un brujo, o un mago del ajedrez. Steinitz aseguraba: " ¡Las piezas en cada lado están en un equilibrio perfecto. Para que un jugador triunfe en la partida este equilibrio debe ser alterado hasta el punto de una de las partes es impotente frente a la otra. Si no se comete un error, el equilibrio se mantiene. Uno sólo puede ganar si el rival comete un error”. Él encontró a partir de una fuerte posición defensiva, acumular ventajas, esperar el error del oponente. Steinitz reemplazo el juego romántico que compartió con Morphy en sus inicios.

Uno, se encerró en un mundo de delirio, el otro evoluciono, hasta su tropiezo con Lasker, quien lo venció. El vienes en sus propias palabras, ante la derrota se sintió roto. También debe considerarse que Willians se casó y tuvo una hija, y que esta murió a los 21 años y un par de años después, murió también su mujer. Duros golpes de la vida para un ser humano, devastadores para la mente.

Hay quien se pregunta ¿quién fue el mejor jugador Morphy o Steinitz? En su juventud Morphy, pero en su madurez Steinitz.

Steintiz, guiado por un afán de rigor y con una envidiable independencia de juicio, criticó duramente algunas de las partidas de Morphy y que el público norteamericano consideraba más bellas y perfectas.



Ante las muestras de disgusto de los norteamericanos por estas críticas Steinitz declaró: “Es cierto que soy criticón y no me complazco fácilmente, pero, ¿no debe uno serlo cuando frecuentemente se escuchan juicios superficiales donde debería hacerse un análisis profundo? ¿No debe uno preocuparse si ve que los métodos anticuados siguen vigentes sólo para evitar que no se turbe la propia comodidad?" Eso diferencia al héroe Morphy, del genio creador Steinitz el análisis profundo y la reflexión

Steintiz físicamente fue un hombre fuerte, vigoroso, tosco. Se le describía como una persona de cabeza grande, de frente prominente, de hombros y brazos poderosos. Cada rasgo en él denotaba más poder que gracia o belleza. De escasa estatura y cortas piernas, cojeaba ligeramente al andar. Morphy era bajo de estatura, delgado, delicado, de piel muy blanca, de rasgos finos, casi como los de una dama, impecable al vestir, un caballero educado.

Steinitz siempre sufrió la miseria, esto lo obligo a estudiar y evolucionar, revolucionando al ajedrez. Al no ganarle nadie, él se quedaba con todos los premios. Alguna vez le preguntaron Maestro: ¿No ha ganado usted suficientes laureles como para dejar sitio a los jóvenes?” respondiendo. “Puedo cederles la gloria, pero los premios no” Tal era su necesidad



ZUKERTORT CONTRA STEINITZ


Steinitz y Morphy en su juventud sabían combinar, desarrollaban sus piezas y sabían que para atacar se necesitaba una superioridad estratégica previa. La originalidad de Steinitz fue que supo descubrir las ventajas, supo identificar cuáles eran los puntos débiles de una posición. Stenitiz tras ocho años de reinado perdió el campeonato en contra de Lasker, y al momento de la derrota demostró su caballerosidad, tras vencer su rey sobre el tablero, pidió: ¡Tres hurras para el nuevo campeón!

Casi al termino de su vida el vienes, sucumbió a la ilusión de que él podría llegar a ser inmensamente rico con la invención de un teléfono inalámbrico, operado completamente por la fuerza de voluntad. Él comenzó a regalar el poco dinero que tenía a los golfos de la calle. Inicio a entretenerse con extraños experimentos científicos, con ideas fantásticas acerca de la electricidad y la telegrafía sin hilos. También tuvo lapsos de furia.

Steinitz contó alguna vez: " La desgracia de Morphy fue haber nacido demasiado rico. Cuando perdió su capital, no pudo soportarlo, y ahora tiene la idea de que existe una conspiración en contra de él, para mantenerlo sin dinero"


Paúl pago todos sus gastos de su estancia en Inglaterra y Paris gracias a la herencia de su padre. Después, ya de regreso en Nueva Orleáns, sobrevino la guerra civil. Él, su madre y su hermana, partieron a Francia donde vivieron algunos años. Poco a poco la fortuna heredada de su padre menguo. Morphy tuvo algunos episodios de agresividad intentado golpear con su bastón y retar a un duelo a un personaje de su entorno.

Charles Morphy solía pasear a la una de la tarde por la calles, comprar flores, saludar a los paseantes imaginarios. Recorrer las calles charlando consigo mismo, vestido siempre impecablemente. Se sabe que en un día se cambiaba varias veces el atuendo. Presento episodios de manía persecutoria afirmando que lo querían envenenar y que su cuñado lo había despojado de su dinero.

Los familiares a Morphy quisieron internarlo en un psiquiátrico, al cuidado de unas monjas, pero Paul uso su oratoria, sus recursos de abogado y con gran elocuencia, convenció a las monjas de un psiquiátrico católico, de no internarlo en contra de su voluntad. A Steintiz la primera vez lo internaron en un psiquiátrico en Moscú por 40 días. Y termino sus días en un asilo mental en la isla de Ward.

La leyenda culpó tanto a Stauton, como a Lasker de la locura de Morphy y de Steinitz. Los dos tuvieron razones para detestar a Stauton. Morphy por los descalificativos que Stauton escribió sobre él en su columna semanal y su eterna evasiva de un encuentro con Paúl, hasta insinuar que Morphy no tenía los fondos suficientes para el encuentro.



Stauton.

Steinitz lo odiaba por el mismo motivo los ataques de Stauton hacia el vienes. Steinitz escribió: “Ante los ojos de Stauton, tanto Morphy como yo somos culpables de haber vencido a Anderssen “Es Statuton quien intentó por primera vez pasar ante los ajedrecistas británicos como aficionado entre profesionales y como profesional entre aficionados. Fue él quien ataco a través de su conexión con los círculos periodísticos, a los mejores maestros del ajedrez con declaraciones falsas sobre los hechos", " Él inauguró una especie de cruzada patriótica especialmente contra los maestros no ingleses, con expresiones, como los extranjeros, los mercenarios. Fue él, quien treinta años después de la muerte de La Bourdonnais, se burló de la lamentable pobreza del maestro, más grande de su época”, y recordaba las criticas de Stauton, cuando Steintiz triunfo venciendo a Joseph Henry Blackburne.

La parte final del encuentro de Steinitz contra Zukertort por el campeonato del mundo, se jugó en New Orleáns, lugar donde vivía y nació Morphy. Después de su derrota Zukertort no se recuperó nunca más de este colapso y ya sólo fue “una sombra de sí mismo”, en las palabras de Siegbert Tarrasch.



El edificio donde vivió Paul Morphy desde 1841 hasta su muerte en 1884
alberga hoy en día al icónico restaurante  situado en el 417 de Royal Street.


Morphy y Steiniz se conocieron en casa de Morphy y charlaron por 12 minutos. La vida no les permitió jugar una partida de ajedrez, ni siquiera una amistosa. Steintiz lo anhelaba; Morpphy no. ¡Fue el destino quien movió las piezas!

Steiniz  menciono: "En ese momento él se encontraba, desde hacía ya mucho tiempo, en una condición en la que yo solo podía sentir la más profunda lástima por él. Es un espectáculo muy triste ver ante ti a un hombre tan totalmente roto que, cuando estaba en posesión de todos sus poderes, aparecía como una estrella brillante en el firmamento del ajedrez".

Los últimos años de Steinitz fueron de un grave deterioro de su salud mental, una demencia irreversible lo envolvio. Atraveso una atroz indigencia, gasto sus pocos ahorros en tratamientos médicos, Otras desgracias fueron la muerte de su hija y de su esposa.  Wilhelm Steinitz murió en un hospital psiquiátrico a causa de un ataque al corazón. 

Paul tras retirarse muy joven del ajedrez llevó una vida de aislamiento, por sus problemas psicológicos. Morphy vivió recluido en la opulencia de su familia, aquejado por delirios de persecución y paranoia Murio debido a un derrame cerebral. Su cuerpo fue hallado por su madre en la bañera de su residencia en Nueva Orleans

jueves, 27 de agosto de 2026

Emmanuel Lasker segunda parte.

 


Por un momento me he perdido, observando el rostro de Lasker; con sus cejas arqueadas, sus ojos pequeños, la nariz prominente, lo mismo que su labio inferior; además de su pelo, que le da una apariencia de un mochuelo, el ave que acompañaba a Atenea y que ha sido utilizado en la cultura occidental como símbolo de la filosofía.

Se lo hago saber a Emanuel y lo toma con simpatía, es entonces que Lasker sonríe de forma franca. Me cuenta ciertas anécdotas que no puedo compartir y los dos nos reímos, de sus ingeniosidades.

Usted a mencionado que el ajedrez lo preparo para la lucha.

-Sí, así ha sido. He librado tantas batallas en los tableros como en la vida. La lucha dentro del ajedrez hizo que las batallas de nuestro vivir fueran más fáciles

En Rusia. Se le brindo una bienvenida apoteósica, en los torneos los espectadores se emocionaban y se alegraban de verlo, aplaudiéndole a rabiar.

-Sí, fue muy bello, siempre estaré agradecido.

¿Qué espera el espectador al presenciar una partida de ajedrez?

-El efecto estético de una partida de ajedrez se vuelve evidente para el espectador siempre que siga con interés y comprensión el juego y su desarrollo.

Los jugadores pueden ser indiferentes a esto, pero el espectador puede obtener placer de la partida hasta el deleite, puede considerarla insulsa o, incluso, puede objetarla hasta el disgusto.

El espectador tiene una escala de sentimientos para responder al juego de las piezas. Los jugadores pueden existir o no, pueden ser personas abstractas como las Blancas y las Negras, eso no importa mucho, el espectador responde al encanto de la batalla de Ajedrez.

¿A su particular valoración de la belleza?

- El espectador se muestra muy complacido con una jugada y la llama "brillante" o "magnifica" Le gusta el aspecto de una posición y la elogia como natural, viva, sugestiva. Otra posición le resulta restringida, improbable. Todos estos términos, y muchos similares, se refieren a una evaluación estética.





La evaluación estética depende, obviamente, de la personalidad del espectador.

¿Al espectador, le es grato el triunfo de uno de los contendientes, porque le atrae, y le emociona la hazaña artística, de la cual ha sido testigo?

- Son las hazañas de las piezas sobre el tablero, y nada más, lo que atrae el interés del espectador y lo excita. A menos que el espectador observe una hazaña que le parezca fuera de lo común, su interés permanecerá dormido.

Solo cuando una jugada realice una tarea que parezca difícil, si no es que imposible, o cuando, por alguna razón, el espectador espera tal jugada o serie de jugadas, comienza la evaluación estética.



¿Las considera una proeza?

- Si, una hazaña, las proezas pueden ser diversas; un mate o su prevención, o la desesperada lucha de un bando en desventaja que hace que una fuerza dude de su victoria, están entre los muchos ejemplos. Siempre que el espectador las comprende, las hazañas de las piezas le provocan una emoción, y esta emoción sigue su curso mientras continuo la partida y a la larga, culmina en una evaluación estética.

¿La heroicidad es lo que incita al espectador?

-Sí, lo atrae y retiene su atención, excita su interés. Las hazañas le hablan al espectador en un lenguaje propio. El jugador no necesita palabras, la jugada anuncia una intención y un significado. Es verdad, el espectador no debe ser sordo ni mudo a este lenguaje, porque de otra forma, no percibirá nada y tomara las cosas en un sentido equivocado.

Pero el espectador no necesita de ninguna manera ser un maestro. El maestro puede crear; el espectador que simpatiza con él, sin estar dotado con el genio del descubridor, lo comprende, tiene imaginación para seguir el drama del juego con interés y tiene el intelecto para comprender lo que intenta y logra cada jugada.

Lo único que se toma en cuenta para el efecto estético es el lenguaje de la jugada, y nada más. Lo que la jugada dice, expresa, revela, anuncia, eso es lo que excita y conduce al espectador. Este no disfruta una partida de Ajedrez, sino la historia, el drama.

¿Una forma de preservar estas historias, es recopilar las partidas en los libros?

-Es un hecho que las partidas y los problemas de ajedrez le proporcionan un goce a muchos, un goce tan fuerte que hace irrumpir en aplausos a los espectadores y que es la causa de que estas partidas y problemas sean preservados en libros y se recuerden incluso con cariño.

Y en forma puramente teórica podemos imaginar a un espectador tan adentrado en el ajedrez que, para él, el lenguaje de la jugada es muy rico. Lo que queremos establecer mas allá de toda duda es la teoría de que este lenguaje importa por sí mismo, siempre que en ajedrez, la fuerza bruta está compuesta por el número, la fuerza y la movilidad de las piezas; y la dificultad de fijarse una tarea.

Si esta fuerza bruta es superada por un número menor, por las más débiles, con jugadas que indican mas debilidad que fortaleza, que anuncian mas la derrota que el triunfo, por el poder de! espíritu, por una idea que parece absurda aunque es, sin embargo, la verdad misma, quedamos deleitados.




¿Un maestro que siguiera jugando partidas brillantes, perdería a su público?

-Sí, por supuesto; el espectador debe sentir, no saber, que se ha alcanzado el ideal, es verdad, su simpatía esta con aquel que lucha contra inmensas dificultades, de la misma manera en que nosotros, pobres mortales con poderes muy limitados, luchamos contra la superioridad y milagrosamente las vencemos.

Sin embargo, el espectador no desea una investigación extensa; él desea comprender en un instante. Por eso es fácil seducir, engañar al espectador. Si esto se hace de manera juguetona, el propio espectador sonreirá después del descubrimiento. Pero si se hace en serio, el engaño ofende profundamente y la venganza del espectador es terrible. Un maestro que siguiera jugando partidas radiantes, perdería su audiencia.

¿El ajedrez atiza la imaginación de la audiencia?

-El espectador, animado por la observación de una buena partida, comienza a imaginar hazañas heroicas de las piezas. Ambos sueñan cuentos de hadas en que todas las cosas están vivas, hablan y sienten. Son atrapados en una graciosa ilusión. El cuento de hadas avanza conforme las piezas del ajedrez, en sus posiciones y movimientos, cumplan sus partes en el drama.

Usted vivió dos dictaduras ¿cuál fue el uso propagandístico del ajedrez en Alemania y en Rusia?

-En Alemania se atacó al ajedrez judío, se le calificó de oportunista y al alemán, como encausado desde un principio hacia el ataque. Alekine que me admiraba antes de la llegada de los nazis, esos salvajes embriagados de sangre, que lanzaron a las llamas, en las plazas públicas los libros, de Augus Bebel, de Edward Bernstein , de Hugo Preuss , de Thomas, de Heinrich Mann, de Sigmund Freud , de Albert Einstein y mis propias obras, dijo de mi: "Creo que es casi imposible criticar a Lasker lo admiro tanto como persona, artista y pensador de ajedrez"

Después me criticó ferozmente, se refirió a mi manera de jugar, como: "la de un ajedrez sin estilo" Y agregaba: el ajedrez judío, se refugia en la seguridad; como lo hace Lasker, en la adquisición de material a cualquier precio; la especulación, llevadas al extremo, el oportunismo, que busca eliminar cualquier sombra de peligro potencial.

Aseguró que yo nunca me enfrente a un rival serio que me disputara el campeonato. Que yo evitaba a los rivales peligrosos y otras necedades más.

Sé por buenas fuentes, que incluso ha llegado a mencionar; que admira a Raúl Capablanca, por el solo hecho, de haberme privado de mi título como el campeón mundial, y claro se refiere a mí como Lasker, el judío.

Ha nombrado a Steinitz como el mayor bufón y a mí como su sucesor natural y que la idea misma de un ataque con alegres y creativas ideas, me era ajeno.





¿Es verdad que su hermana fue asesinada en un campo de concentración?

A Lasker se llenan de lagrimas sus ojos y asiente con la cabeza.

Hablemos de Rusia. El estado, utilizó las victorias dentro del ajedrez como propaganda, como el resultado del desarrollo cultural gracias al soviet. El ajedrez fue bien visto por el sistema, lo consideraban un juego para todos, sin clases sociales, apropiado para los proletariados, un ejercicio deportivo y cultural, donde no participa el azar.

La consigna de ese entonces fue: "Llevemos el ajedrez a los trabajadores"

Usted escribió a Krylenko quien era el Presidente de la Sección de Ajedrez de toda la Unión de Repúblicas Socialista, ¿recuerda lo que escribió?

- Sí, no hace mucho de ello, escribí: Sobre el concepto filosófico materialista dialéctico, sabemos que la armonía de los sentidos, en consecuencia de la vida, sólo es posible dentro de un campo de solidaridad humana real; y ese campo es el de las formas colectivas de vida. Yo estaría dispuesto, Nikolai Vasilyevich, a servir a las futuras generaciones de ajedrecistas soviéticos con mis conocimientos.

Usted escogió Rusia porque pensó, en un régimen donde el grupo social, viviese en armonía, si la explotación del otro, un sistema más humano, que dejara atrás las injusticias.

-La experiencia histórica nos enseña que en las formas comunitarias primitivas fue en donde el individuo pudo ser natural y por lo mismo vivir en armonía con su entorno, la naturaleza y el grupo social.

A partir del momento en que esa comunidad se disuelve y pasa a fundamentar su existencia material y cultural sobre la propiedad privada de los medios económicos que la sustentan, se producen las contradicciones; éstas se agudizan y el individuo se convierte en un enemigo tanto de sí mismo como de sus semejantes.

La propiedad individual genera el individualismo, el egoísmo y la ambición por esa propiedad incluso a sabiendas de que ha de morir sin llevársela.

Si en la sociedad esclavista griega fue posible el pensar para los filósofos porque poseían esclavos, en la sociedad actual es posible pensar porque existe un acumulado material y cultural de siglos, acumulado que es el producto de la actividad de toda la Humanidad y por ello le pertenece a ella

Sobre ese acumulado es posible obtener un elevado nivel del pensamiento y disfrutar de él; sin embargo ese acumulado solo es posible que genere el pensar filosófico si lo hacemos en forma colectiva; individualmente sólo nos aleja de lo social y termina con nuestro mismo ser intelectual llevándonos a la angustia de vivir porque no podemos formarnos una perspectiva real como humanos.



Llegada de Dr. Lasker con su esposa a Moscú en 1935

Entiendo que Mikahil Moiseevich Botvinnik fue en su búsqueda a Inglaterra para darle la buena noticia que usted había sido aceptado para vivir en Rusia.

-Sí, así fue, y también me entregó la invitación para el II Torneo Internacional de Moscú que daría inicio el día 15 de Febrero.

4 días antes de la justa, llegamos a Rusia Martha y yo, el recibimiento, en la estación de trenes, fue entusiasta, mucha gente nos recibió vitoreándonos.

Nos hospedamos en el hotel Nacional, que miraba al Kremlin, muy cerca de la Plaza Roja y del Teatro Bolshoi.

¿En qué lugar se desarrollo la justa?

-En el Museo Estatal de Bellas Artes, o Museo Pushkin. Le doy un dato el día, del inicio de actividades se vendieron 5000 entradas.

Con 67 años usted le demostró al mundo, que aún era un rey dentro del ajedrez.

-Gracias. De las 19 partidas jugadas en el Torneo, no perdí ninguna, obtuve el tercer lugar, a medio punto tan solo de Botvinnik y de Flohr.

¿Quienes participaron?

-Reunidos estábamos. Capablanca, Botvinnik , Flohr Spielmann Lowenfisch , Smyslov , Romanovsky Lilienthal , Pirc, Sthalberg, Vera Menchik ,Ragozin Alatortsev , Goglidze Rabinovich, Riumin,Lisitsin , Bogatyrchuk Chekhover . Quizá olvide mencionar alguno.

Cuando usted logró derrotar a Capablanca el público estalló en aplausos, al contemplar la lección magistral, que le dio a su gran rival

Lasker se emociona, sus ojos lucen húmedos que les dan un matiz casi verde.

En aquella ocasión persuadimos tanto yo, como Capablanca a las autoridades deportivas, para que se le otorgara a Botvinnik el título de Gran Maestro de la URSS.



Usted vivió cerca de una gran sinagoga en Rusia.

-Efectivamente en Arkhipov, en el centro de Moscú, fueron tiempo muy felices. Nadie presagiaba lo que vendría después.

¿Aparte de trabajar en la universidad, que otras actividades realizo en Rusia?

-Fui entrenador del equipo de ajedrez del país, así como corresponsal del periódico "El deporte soviético"

Usted salió de Rusia cuando se efectuaba el torneo por el campeonato de la URSS entre Botvinnik y Levenfish.

Lasker se sincera y comenta:

-Después de la expulsión de Trotsky de Rusia en febrero de 1929 se inicio una vigilancia de los círculos de ajedrez, se dio el cierre de la revista Ajedrez Borísovich Zalkind se incomunico al famoso compositor de ajedrez Grigoriev , cuatro veces campeón de Moscú, también al Comisario del Pueblo de Justicia Nikolai Krilenko, organizador de torneos con quien tenía una fuerte amistad. Fue él quien me invitó a vivir en Rusia y me consiguió trabajo.

Se podía encasillar a cualquiera como enemigo del pueblo, muchos fueron torturados en los subsuelos de la NKVD - para obtener pruebas contra Krilenko.




                                                             Nikolai Grigoriev


                                                                Nikolai Grigoriev




Nikolai Grigoriev

-Grigoriev se convirtió en el primer comentarista de ajedrez en la radio, relatando directamente, los pormenores del II torneo internacional de Moscú.

Su ingenio le hizo componer algunos estudios excelentes, escribir insuperables artículos sobre el ajedrez en la revista "Ajedrez en la URSS".

Al parecer su muerte se debió a los interrogatorios, fue internado y oficialmente murió después de una cirugía de la glándula tiroides, otras versiones segura que murió a causa de las metástasis de un cáncer de pulmón.

                                

Después de la muerte de Lenin, Stalin se adueña del poder 

y al tiempo Trotski es expulsado de Rusia.


Porque de la persecución de los judíos ¿Cómo se llego a eso?

-No existe una respuesta satisfactoria. Durante dos mil años ha existido una persecución. La religión explica parte de esta persecución. Los judíos han sido considerados como "cristianos asesinos”, parásitos económicos, usureros. La Alemania de Hitler nos culpo del colapso económico y político.





Como fueron los últimos días de Steintiz

Ruedan lagrimas sobe sus mejillas y responde muy tristes, internado en un manicomio, abandonado por su segunda mujer. Un final que no merecía.

Usted perdió todos sus bienes al llegar el nazismo.

Si, así fue todo nuestro patrimonio fue requisado por el régimen. Fue el primer paso, de las crueldades en contra de los judíos.

¿Una ventaja dentro del ajedrez puedes ser intercambiable?

-Si una ventaja táctica se puede convertir en una ventaja estratégica y viceversa, se requiere de evaluar una posición de forma veloz y precisa, se necesita poseer sensibilidad, reaccionar a las situaciones cambiantes que surgen en una partida de ajedrez.

¿Su estilo es psicológico?

-Más bien se reduce a estudiar cuidadosamente una posición, a dilucidar cual estrategia debo adoptar, no tengo un estilo definido, soy eficiente en mis ataques y soy un defensor tenaz. Soy muy competitivo, nunca dejo de luchar. Pero es cierto que no juego solo con blancos o negros, sin vida. Juego con seres humanos de carne y sangre.




Tarasch: y Lasker


Decía Tarasch: "Lasker alguna vez en cuando pierde un juego, pero nunca pierde la cabeza.

Si, lo recuerdo bien

Tarasch.

-Un pensador, amigo de la compleja y profunda teoría. Dogmatico, admiraba una idea por su profundidad; yo por su eficacia... yo creo en la fuerza, el carecía de la pasión que hacer hervir la sangre.

Él era un líder del ajedrez, un ser dotado de una gran energía, inflexible e inmóvil; conservador, ortodoxo. Éramos dos seres antagónicos, distintos. Yo representaba el progreso, el movimiento y el cambio.

Nuestra relación no fue cordial, muy al contrario, diría que ríspida. Los dos partimos de los enunciados de Steintz, pero le diré; entiendo que desacuerdo ha sido el motor del progreso.

Reti

-Reti ocupa una posición de la máxima categoría entre los autores de estudios y pertenece al rango de los pocos compositores geniales del milenio que conoce el ajedrez europeo.

Le menciono a Larker que diserte sobre las palabras que le mencionaré a continuación y el acepta entusiasmado, y a continuación dice: otra de mis pasiones es charlar, explicar mis ideas.

Ajedrez.

-El ajedrez ha sido considerado, erróneamente en mi opinión, como un juego, es decir, como algo que no puede servir para ningún propósito serio, creado tan sólo para distraerse durante los ratos de ocio.

Si se tratara únicamente de un juego el ajedrez no hubiera podido sobrevivir a las duras pruebas a que se ha visto sometido en su dilatada existencia.

Tampoco es, como ha sido proclamado por algunos de sus más ardientes entusiastas, una ciencia o un arte. Su verdadera naturaleza parece radicar en aquello que más gusta a la naturaleza humana: en el combate.

No se trata, por supuesto, de la clase de combate que hace crispar los nervios más templados o en el que corra la sangre y en el que los ataques dejen sus huellas en el cuerpo del adversario. Por el contrario, se trata de una lucha en la que imperan al unísono elementos artísticos, científicos y puramente intelectuales, de una forma absoluta

Justicia.

-Muchos han descubierto el principio de justicia en el tablero de ajedrez, esto ha conferido a sus vidas coraje y vitalidad para seguir jugando la partida de la vida. En el tablero de ajedrez la mentira y la hipocresía no sobreviven mucho tiempo

Magia.

-Ha sido acusado de hipnotizar a mis oponentes, de hacer uso de la magia. La risa de Lasker es franca y ruidosa.

Me dice: La magia como yo la entiendo, se puede reconocer en la capacidad creativa de poetas y filósofos, pero también en las hazañas de los maestros de ajedrez.

Plan

-La base de un plan magistral es siempre la evaluación, y antes de que me pregunte; la razón de una evaluación, es siempre una nueva evaluación.

La enseñanza de Steinitz nos exige una evaluación exacta. El propio ajedrez es severo a este respecto y destronaría de inmediato al maestro que sea incapaz o no tenga la voluntad de satisfacer este postulado.

Steinitz.

-Un pensador profundo, un gran descubridor, sus cualidades gran luchador, que usa la fuerza, el discernimiento, la rectitud, el coraje, la intrepidez La síntesis del imaginativo y heroico temperamento para las combinaciones de Andersen y el amor por un sistema de largo alcance de la escuela inglesa.



Profesionalismo.

-Me han llamado materialista por defender el profesionalismo. Si uno es un materialista, que se ha esforzado en mejorar la situación social de los maestros de ajedrez, que se ha empeñado en difundir por todas partes el profundo sentido de una partida de ajedrez, que ha abogado por el respeto a los maestros, para que sean tratados de acuerdo con los derechos humanos, que ha allanado el camino al mundo ajedrecista para que no llegue a la crueldad de conciencia, que sus artistas creativos como un Morphy, un Harwitz, un Neumann, un Steinitz, un Pillsbury no se atrofiaran, sino incluso que intentó que no sufrieran hambre – si alguien como yo, que ha hecho esto, significa que es un materialista, entonces soy uno de ellos.

Siempre exigí para Steinitz honorarios altos, un campeón debe ser recompensado correctamente.

Milan Vidmar dijó: “El juego de Lasker está lleno de ideas inesperadas, tan lleno de cosas atrevidas y de complicaciones desconcertantes”

Asiente y sus ojos se llenan de nostalgia, y pronuncia: ¡el buen Vidmar!

Hipermodernos.

-Despertaron nuestra imaginación.

Estética y ajedrez

-Las hazañas le hablan al espectador en un leguaje propio La jugada anuncia una intención y un significado. Son las hazañas de las piezas sobre el tablero y nada más lo que atrae el interés del espectador y lo excita. Lo que la jugada dice, expresa, revela, le brinda un goce estético.

Entrenador.

-Este debe ser quien entrene a sus pupilos para que puedan pensar, y ejercer una crítica justa, No debe enseñar simples formulas, ni generalidades, sino principios duraderos que crezcan y florezcan, que estén vivos. El alumno debe estar preparado para poner a prueba sus conceptos y evaluaciones una y otra vez.

¡Cuáles son sus observaciones sobre nuestra educación sobre el ajedrez?

-La educación en ajedrez avanza de manera azarosa. La mayoría de los jugadores asciende lentamente a un nivel más bien bajo y se quedan allí.

Hay millones de jugadores a los que un maestro puede darles la Dama de ventaja; quizás no haya más de un cuarto de millón de jugadores un poco mas diestros. No estaríamos muy lejos de la verdad si calculamos que hay150,000 jugadores a los que se puede dar una Torre; 50,000 a los que se puede dar un Caballo; 40,000, Peón y dos jugadas; 9,000, Peón y Salida, y no más de mil jugadores a los que no se puede dar ventaja alguna.

Consideremos ahora los esfuerzos necesarios para alcanzar este resultado: muchos miles de libros: cientos, quizás miles de columnas de Ajedrez en diarios y revistas de mucha circulación: conferencias, temeos, libros de torneos, cursos de instrucción, torneos en los clubes y entre clubes, ciudades y países, por correspondencia, por telégrafo y teléfono. A decir verdad, todo esto representa un gasto imponente.

Nadie desearía tener personas dedicadas al Ajedrez todo el tiempo que se necesitan para propósitos serios. No importaría el tiempo que se pierde en el Ajedrez si no fuera un síntoma de una enfermedad que ha llegado a nuestra cultura.

Hemos aprendido como organizar plantas de producción, pero nuestra educación general, nuestro trabajo mental, nuestra economía de ideales no es mejor que nuestra educación en ajedrez.

Supongamos que un maestro que sigue un buen método, por ejemplo mi manual, se esfuerza en educar a un joven que no sabe nada del ajedrez hasta que lo lleva al nivel de alguien a quien no se le puede conceder ventaja. ¿Qué tiempo necesitaría el maestro para lograrlo? Creo que estoy en lo correcto al hacer el siguiente cálculo:

Reglas de Juego y Ejercicios 5 horas. Finales Elementales 5 horas.

Algunas Aperturas 1O horas. Cornbinación 20 horas. Jugo de Posición 40 horas. Juego y Analisis 120 horas. incluso si el joven no tiene talento, siguiendo el curso anterior avanzaría hasta la clase anterior. Compare la realidad con esto. De hecho, hay un cuarto de millón de aficionados al Ajedrez que le dedican al menos 200 horas anuales y de ellos, solo 1.000, luego de una vida de estudio, llegan al final.

Sin perderme en los cálculos, creo que no me equivoco al afirmar que nuestros esfuerzos en Ajedrez no alcanzan más que la centésima parte del uno por ciento de su resultado correcto.

En todos los dominios del esfuerzo, nuestra educación consume terriblemente el tiempo y los valores. En matemáticas física, los resultados alcanzados son aún peores que en ajedrez.

La memoria en el ajedrez

-El ajedrez requiere una educación en que el pensamiento y el juicio sean independientes. El ajedrez no debe memorizarse, simplemente porque no es tan importante. Si usted carga su memoria, debe saber porque, la memoria es demasiado valiosa para almacenar fruslerías en ella. Uno debe conservar en la memoria métodos

He dedicado por lo menos 30 de mis 57 años a olvidar la mayor parte de lo que he aprendido o leído, y no me gustaría perder nunca la tranquilidad y el regocijo que me causa.

Si fuera necesario, podría aumentar mi habilidad para jugar ajedrez; si fuera necesario, podría hacer algo de lo que no tengo idea en la actualidad. He almacenado poco en mi memoria pero puedo aplicarlo, y me resulta muy útil en emergencias. Lo mantengo en orden, pero resisto cualquier intento de aumentar su peso.





Usted no debe conservar en la mente nombres, ni números, ni hechos aislados, ni incluso resultados, sino solo métodos. El método es plástico. Es aplicable en cualquier situación.

El método produce resultados: unos pocos quedaran en nuestra memoria y, mientras sean pocos, resultaran útiles para ilustrar y mantener vivas las reglas que ordenan mil resultados.

Estos resultados útiles pueden renovarse cada cierto tiempo, de la misma manera en que se le suministra alimento fresco a un organismo viviente para mantenerlo fuerte y saludable. Pero de esta manera los resultados útiles tienen una viva relación con las reglas y estas se descubren otra vez aplicando un método vivo: toda esta organización debe tener vida, una vida armoniosa.




Plan.

-El pensamiento que da vida a una combinación se le llama idea: al pensamiento que apoya al juego posicional se le llama plan. La idea tiene un punto que sorprende, que de un soplo vuelca el estado de las cosas: el plan tiene amplitud y profundidad que se imponen y, por medio de una lenta y metódica, dan una estructura a la posición.

Evaluación.

-Mis evaluaciones se originan de mis experiencias de mis derrotas y victorias, mi primer análisis, mi primer empate, desde aquí evalué y continué evaluando hasta lograr evaluaciones más sutiles.

-La base para un plan magistral es siempre una evaluación este principio no es mío es de Steinitz. Si se valora, se evalúa, se juzga o se estima una cosa con ello no se pretende lograr un conocimiento exacto.

¿Que podría ser una ventaja?


-Lo que llamamos generalmente mayor fuerza material, mayor movimiento, mayor efecto contra el rey, el aislamiento de un peón hostil, la movilidad y eficiencia de las piezas es pilar de las concepciones revolucionaras de Steinitz. En la partida persiga pequeñas ventajas, acumúlelas entonces crea en la existencia de una combinación.

El jugador debe atacar con la intención de atacar o será castigado viéndose privado de su ventaja. Debe seguir la orden ética de la lucha. La razón del ajedrez da la victoria a quien mantiene la ventaja.

Cooperación.

-Es esencial la colaboración en nuestras vidas, la amistad, una vida de unión, el apoyo de los compañeros, etc. esta equivalencia funciona en el tablero de ajedrez.

Una pieza de ajedrez es apoyada por algunos camaradas, antagonizan con algunos enemigos, así tiene que cumplir tareas y funciones. La fuerza superior, la evaluación exacta gana. Las piezas deben ser apoyadas de acuerdo con su uso, de acuerdo con su valor.

La mejor jugada.

-Cuando veas una buena movida espera y busca una mejor.

Combinación.

-El jugador de combinación piensa hacia adelante; empieza desde la posición actual, e intenta en su mente las movidas forzadas.

“El ajedrecista se hace solo”

-El estudiante puede aprender más en pocas horas, al lado de un preceptor, que en diez años aprendiendo, en el ensayo y error, sin una instrucción.

El camino hacia la educación requiere de buenos profesores, maestros de ajedrez que a la vez sean genios de la enseñanza. Que introduzcan a sus alumnos de forma correcta con conferencias, con buenos libros, jugando con sus alumnos, asistiendo a sus encuentros deportivos, haciendo comentarios y anotaciones de sus puntos buenos y malos de las partidas, facilitando el pensamiento de sus alumnos, sin violentarlo. El mundo del ajedrez tiene la tarea de crear tales profesores.



Torneo de ajedrez de San Petersburgo 1914. A.A. Alekhine (Rusia),

 José Raúl Capablanca (Cuba), F. Marschall (EE. UU.); 

En primer plano: Emanuel Lasker y S. Tarrasch (Alemania) 

 21.04.-22.05.1914,





-¿Quien dijo eso?

Le explico que un tal López

La ignorancia de las multitudes siempre ha sido una ventaja, también el mediocre que ha adquirido autoridad sigue la misma política. El mal estado de la educación en ajedrez se debe por completo a nuestra torpeza. El ajedrez requiere de una educación en que el pensamiento y el juicio sean independientes.

Gran Maestro.

-Existe una palabra para distinguir la peculiar actitud del maestro, quien al tratar con sus piezas no se desvía por intereses externos esta palabra es justicia.

Uno pude equivocarse pero no debe decepcionarse de sí mismo. Cierto es quien sigue con valentía su juicio puede perder, pero su derrota lo beneficia siempre que trate de descubrir las razones de la misma y a sí llegara a ser un artista. Pero quien no se aventure a respaldar su opinión, pierde la calidad de luchador.

Albedrío.

-Nunca he seguido una ley general sin ningún desvió, si no por el contrario el merito es buscar aquellas características únicas que tiene cada posición que son capaces de eximirla de la ley general en cuestión.

Yo admiro una idea por su eficiencia. Yo creo en la fuerza, en el gran parecido del ajedrez y la vida. El ajedrez es la lucha de dos albedríos.

Estancamiento.

-Se confirma en quien evita las tareas difíciles, quien acepta sin criticar, es el engreimiento y la imposibilidad de aceptar errores.

Sus libros filosóficos contienen conocimientos sobre la naturaleza del pensamiento estratégico, de las ideas presentes en el ajedrez. Una filosofía influida por el ajedrez.

-Así, me lo ha comentado Einstein.







Lucha.

-El nombre de unos de mis libros, la ciencia de la lucha.

En su libro usted maneja vocablos de su invención, tales como: Stratoi, Maqueida y otros más.

-Debí hacerlo para explicar mis ideas. Las palabras viajan en el cerebro a través de cauces fijos, así quien quiera expresar nuevas ideas se ve obligado a acuñar nuevos vocablos

He escrito un libro “La Filosofía de lo Inasequible” la teoría de la lucha divinizada por hombres como Maquiavelo, Napoleón y klausewitz. Moldeada para la lucha en el tablero por Stenitz esperada por mucho tiempo por algunos filósofos y de la que yo he establecido su valides universal. Regulara alguna vez la vida humana.





Edward y Emanuel.


Tanto usted como su primo Edward Lasker juegan Go.

-Hay una frase de mi primo que me gusta citar: “Mientras las barrocas reglas del ajedrez solo podrían haber sido creadas por humanos, las reglas del Go son tan elegantes, orgánicas y rigurosamente lógicas, que si existieran formas de vida inteligente en algún lado del universo es casi seguro que jugarían Go”

¿Piensa usted que la teoría de Steinitz tiene relaciones con las matemáticas?

-Como ya se mostró, Steinitz no saco sus concepciones del vacío, sino que las formo de acuerdo con impresiones vividas, que le sugirieron analogías, y a menudo las puso a prueba. Estuvo muy lejos de crear nuevos conceptos, como hacen los matemáticos que descubren ideas como el número primo, la elipse o la congruencia, y ensartan en ellas sus proposiciones.

El pensó como el poeta, que busca una expresión que pinte con precisión sus sentimientos e impresiones. Así entendida la proposición de Steinitz, resulta evidente que, más que expresar una experiencia, posee la naturaleza de una demanda. El postulo su proposición, aunque no se cumple en la vida, ni muy a menudo en el Ajedrez, aún en las partidas de los Maestros, si debemos decir la verdad; por lo menos no siempre.

Este postulado no se generó con Steinitz. La humanidad completa lo formo; el poeta, que continuamente le da expresión, solo es su voz. El pequeño ejército de helenos derrota a un enorme número de persas; la historia repite mil veces la victoria del más pequeño; nosotros explicamos que una moral y una estrategia superiores le han conferido esa fuerza sobre un ejército más numeroso.

Antes de investigar, estasmos resueltos a apoyar la proposición de que la fuerza superior gana, siempre que, por supuesto, sea tomada en cuenta toda clase de fuerza: física, moral, mental etc. Y nada nos hará desviarnos.

De seguro esta proposición no tiene su origen en la experiencia, pero nos esforzamos todo lo posible para explicarla, sin importar los términos en que lo hagamos. Este sentimiento es el hogar de la justicia poética y de muchas bellas cosas a las que aspiramos, pero que la vida nos niega a menudo.

El mismo sentimiento, sin duda, dómino a Steinitz cuando mantuvo su proposición. Lo que busco durante años no fue la proposición, en la que creyera desde el comienzo, sino la interpretación que la proposición necesitaba satisfacer con la experiencia. Y en este esfuerzo, se encontró con el exito.

La enseñanza de Steinitz nos exige una evaluación exacta. El propio Ajedrez es severo a este respecto y destronaría de inmediato al Maestro que sea incapaz o no tenga la voluntad de satisfacer este postulado.






Quiero servir a la vida, la ciencia y al ajedrez.


¿Se puede aplicar el concepto: la fuerza superior gana en nuestra vida?

-En la vida todos somos farsantes. El error y la equivocación son nuestro pan diario. En el ajedrez podemos probar a los jugadores y obtener una idea muy exacta de su fuerza. Si intentáramos introducir en los negocios, el gobierno, la ingeniería o alguna ciencia tal exactitud de medida, no solo tendríamos un problema difícil de resolver, sino que habría un derramamiento inútil de sangre. Y las personas eficientes serian perseguidas,

¿En el ajedrez son validos todos los puntos de la teoría de Steinitz?

-Que el ajedrez solo siga, en algunos puntos, la teoría de Steinitz no es una falla de una teoría que de todas formas se deterioraría si tratara de abrazar todas las posibilidades. La falla reside en las reglas añadidas al ajedrez.

La intención del ajedrez es reconstruir, en un juego, la guerra de hace miles de años, pero el juego contiene reglas arbitrarias, establecidas después de que se había olvidado ya la idea original. Ejemplos de ello son el enroque y la valoración del ahogado como tablas.

En este punto, la teoría de Steinitz pierde su eficiencia. Por ejemplo, todo ahogado entra en contradicción con ella. La teoría de Steinitz es válida para la realidad, no para las reglas desprendidas de incruentas abstracciones. Esta es su limitación, pero también su grandeza.

Puedo imaginarme la manera en que Steinitz tuvo que luchar y buscar, antes de aplicar sus ideas a la práctica. La brujería del vuelo creativo, la inaplicabilidad de la disposición o indisposición para el duro juego, la esquivez de su objetivo resistieron sus objetivos. Además, la falta de comprensión, la mala voluntad de una época de mente demasiado estrecha, demasiado envidiosa, lo agobio.

¿Qué consejo daría al quien se adentra en el ajedrez?

-Aquel que desea adquirir una educación en el Ajedrez, debe evadir lo que está muerto en el: las teorías artificiales, apoyadas por pocos ejemplos y sostenidas por un exceso de ingenio humano; la costumbre de evitar tareas difíciles, la debilidad de aceptar sin criticar las variantes o reglas descubiertas por otros; la vanidad, que es arrogante; la incapacidad de admitir errores; en resumen, todo lo que tiende al estancamiento o la anarquía.

Llevar al alumno por los caminos de la teoría de Steinitz. Esta teoría tiene una historia que el alumno debe tratar de comprender, porque le quita un poco el veto al misterio del carácter humano; esta teoría tiene un significado que se hizo evidente después de una dura lucha con las teorías contra las que competía y que ganó autoridad con un célebre match por el campeonato mundial; esta teoría tiene relación con profundos problemas, esta teoría le pide al alumno que piense por sí mismo, que construya su propia tabla de valores y que la mantenga de manera constante, vigilante, en orden; esta teoría necesita audacia y precaución, fuerza y economía y, por lo tanto, se convierte en un modelo para acciones fuera del Ajedrez.




¿Existe la excelencia en los maestros que enseñen a jugar ajedrez?


-No, por desgracia no. Requerimos de profesores que guíen a los jóvenes en el juego de la forma correcta, con conferencias y buenos libros, jugando con sus alumnos, asistiendo a sus encuentros, haciendo notas y comentarios de los puntos buenos y malos de las partidas; en resumen, allanando el pensamiento de sus alumnos sin violentarlo. Hay muchas y variadas maneras en que un buen profesor puede hacer un trabajo eficiente

El camino hacia esta educación requiere buenos profesores: maestros de Ajedrez que a la vez sean genios de la enseñanza. Pero vale la pena recorrer este camino, porque lleva a un país de hombres que juzgan con independencia, que actúan con audacia y aspiran a nobles ideales.

El mundo del Ajedrez tiene la tarea de crear a tales profesores y, en cuanto se logre esto, apoyar   sus esfuerzos. De esta manera, se podría facilitar la dura vida de los Maestros de Ajedrez, que deben hacer de este una profesión, con la condición de que deseen hacer lo mejor por el juego. Pero quien desea detenerse a la mitad del camino ¿Quién querría que estos maestros de Ajedrez, que tienen la capacidad de ser excelentes profesores, se volvieran mediocres jugadores solo para que se volvieran mediocres en otra profesión?

Es útil y agradable la función de un maestro de Ajedrez que se dedica sobre todo a la enseñanza. Es un merito individual del Ajedrez que en otros dominios de la actividad humana aún no se den profesores de este tipo, por lo menos hasta el momento.






Usted fue testigo de dos guerras, la última aún no termina

-Que las guerras deban parecernos una necesidad, es una prueba de nuestra estupidez. Es cierto que la humanidad tiene necesidad de una prueba para el progreso, para el derecho, para la corrección de la ética en los acontecimientos humanos, pero esta necesidad puede resolverse de maneras más fáciles y eficientes que la guerra.

Solo es difícil hacerlo porque los hombres no desean conocer la verdad. Pero esta tarea será más fácil en cuanto la ciencia de las batallas haya obtenido credibilidad.

Sera posible proscribir la guerra porque la humanidad es rica en medias útiles y eficientes para llenar el vacío que sería dejado. La competencia entre investigadores, inventores, artistas y hombres de Estado provoca que fluya la sangre en el cuerpo de la cultura. Y esta competencia mantendrá su vigor muchos siglos, después de la época que describe Víctor Hugo, cuando los cañones se almacenen en los museos junto con los instrumentos de tortura para servir de recuerdo de una época de barbarie, ya desaparecida.

Es verdad, las matemáticas del ajedrez no resolverían el problema de comprender las batallas de la vida, pero coloca ese problema en términos precisos y apunta a una solución. Allí se apoyara la palanca con que los investigadores pondrán en movimiento la búsqueda científica. El primer paso siempre es el esencial.


Con la ley de la palanca de Arquímedes vino la Estática, con la ley de la caída de la piedra de Galileo surgió la Dinámica, y, aunque su entrada en el mundo fue tan modesta, su curso llevo a revolucionar toda la ciencia y todas las formas de vida independientemente de los obstáculos que el odio y la estupidez acumularon en su camino. La ciencia de las batallas progresara de manera irresistible en cuanto se obtenga el primer éxito modesto.

Es deseable que se erijan instituciones para promover estos fines. Tales instituciones tendrían que trabajar sobre una masa de materiales ya existente: teorías de los juegos matemáticos, de organización, de la conducción de los negocios, de las disputas, de las negociaciones; tendrían que crear profesores capaces de elevar a la multitud de su terrible ignorancia sobre las disputas; tendrían que producir libros de instrucción .y de lectura sencilla, inteligible y valiosa.

Tal institución debe ser creada por cada persona que desee hacerse a sí misma apta para un futuro robusto y a la vez ayudar al progreso y la felicidad de toda la humanidad.




Sentado (izquierda a derecha): Lasker, Rubinstein Schlechter, Tarrasch


¿Estos bienhechores planes llegaran a buen puerto?

-Evidentemente tendrán que cumplirse en algún momento. ¿Por qué no ahora? Tengamos la esperanza de que en estos días de mediocridad general, la razón no se encuentra sin partidarios.

Quedó pendiente una  parte de la entrevista, donde Lasker prometió hablar sobre sus 
encuentros ajedrecísticos.




Casi al año de esta entrevista Emanuel Lasker fue trasladado, al sanatorio “Monte Sinai” hospital que atendía a la comunidad judía de Manhattan, donde la atención era gratuita. El médico y ajedrecista Josephs Platz donó su sangre para Lasker.


Las últimas palabras que pronuncio Lasker fueron: “El rey del ajedrez