viernes, 10 de abril de 2015

Aarón Nimzowitch

Quienes jugaron ajedrez… Aarón Nimzowitch


Aarón Nimzowitch en su juventud
Aarón Nimzowitch en su juventud

Si no hubiera una manera difícil de jugar una partida de ajedrez, Nimzovich lo encontraría.

Aarón Nimzowitch nació dentro de una familia judia en Letonia. Sam Nimzowitsch, su padre fue una persona de carácter fuerte, amante de la disciplina; un rico industrial de la madera, que poseía una vasta cultura, además fue un buen ajedrecista, respetado por sus conocimientos dentro del círculo del café que visitaba.

Aarón aprendió el ajedrez a través de su progenitor. Su padre le dio a conocer la inmortal de Anderssen. Partida de la cual se enamoró a los 8 años. Desde ese momento, afirma el ajedrecista, me sedujo el ajedrez.

Aarón es originario de Riga, menciona que esta ciudad fue la capital del gobierno de Livonia y el segundo puerto del imperio ruso en el Báltico. Ciudad cuya reputación se debe también al ajedrez. Este lugar fue escenario de sus primeras escaramuzas. Combinó el estudio del Talmud con el aprendizaje del ajedrez.

Al cumplir los 10 años ya se hablaba del niño Aarón en la revista "Deutsches Wochenschach" se lee distinguía como un talento. Al mudarse a Alemania donde inició sus estudios de filosofía, Aarón acudía al Café Kaiserhof en Berlín. Observó el juego de Schlechter, Maroczy, Tchigorin, Marshall y Janowski y jugando con otros jóvenes como: Spielmann, Vidmar, Duras, Bernstein, Tartakover y Rubinstein obtuvo, la experiencia que todo ajedrecista joven anhela. El padre de Aarón desesperado y disgustado, se opuso  a que su hijo dedicase su vida al ajedrez.

Café Kaiserhof, ubicado en Zietenplatz und Wilhelmplatz. 1900


Café Kaiserhof, ubicado en Zietenplatz und Wilhelmplatz
en el Hotel Kaiserhof -Postal de 1900-

En Ostend quedo medio punto por detrás de los ganadores Rubinstein y Bernstein. En ese encuentro participaron más de 29 ajedrecistas. Sobre esto, Aarón explica: Tarrasch fingió no verme durante el torneo, solo después de mi excelente actuación me dijo: ¡Le felicito por tu éxito!  Me di cuenta de  su oportunismo, de su naturaleza mediocre.

También fue excelente su desempeño en Carlsbad. Después concurrió a San Sebastián - el mismo Torneo en el que Capablanca hizo su debut, ganando la justa- Por cierto, Aarón intento que el cubano no lo jugase. Nimzowitch empató por el quinto, sexto y séptimo con los veteranos Schlechter y Tarrasch. Al siguiente año empató con Marshall y Spielman. Los finalistas en la última ronda fueron él y Rubinstein.

"Nimzowitch me cuenta: debido a mi nerviosismo, perdí el partido decisivo. Rubinstein y yo compartimos segundo puesto. Tarrasch no dejó pasar la oportunidad de divertirse a mi costa.

Sobre este resultado, sobre la derrota de Aarón ante Rubinstein, Tarrasch escribió: "Nimzowitch tiene una preferencia absoluta para jugadas feas de apertura, suerte que Rubinstein, que siempre juega con buen gusto, le rebatió concienzudamente, porque hubiera sido realmente un escándalo si el juego antiestético hubiera sido coronado con el primer premio".


A lo que Aarón respondió en la columna de ajedrez del diario berlinés: "El Dr. Tarrasch publicó mi partida contra Rubinstein, acompañándola con glosas encaminadas a despreciar mi manera de jugar ante el público. No hace falta que se esté de acuerdo con mi interpretación del juego de ajedrez, pero una crítica tan exagerada y transfigurada del mismo debe provocar una respuesta enérgica.

Expresiones como una 'fea' y 'asquerosa' manera de jugar y consideraciones similares, es una muestra del ataque de rabia furibundo de un glosador que se pretende ejemplar, son indignas. Además parece como si el Dr. Tarrasch quisiera vengarse de mí de esta forma por su fiasco teórico en la variante 3. e5. Mi partida contra Rubinstein decidía el honor del primer puesto y un premio de 2.500 Fancos.

Por estar comprensiblemente nervioso, jugué bastante por debajo de mi nivel. El Dr. Tarrasch calla esta circunstancia y construye de esta manera una falsa valoración de mi juego, que debe indignar por su injusticia a los expertos".

Y así fue, ambos jugadores estaban tan nerviosos que primero Nimzowitch y después Rubinstein, no vieron un mate en dos jugadas.

Aarón Nimzowitch con tablero y piezas de ajedrez mural

Tarrasch ha llamado Nimzowitch un jugador de gambito, también ha comentado: "Aunque el señor Nimzovich sigue sus propios caminos en las aperturas, esto no es un ejemplo conveniente para el público".

En 1922 se trasladó a Dinamarca, debido a la revolución rusa. Pronto, su padre, se encontró en la ruina, debido a este conflicto social. Es en este País es donde Aarón manifiesta los rasgos de una manía persecutoria que persistió durante tres años. En este Lugar triunfó dos veces, obteniendo el Campeonato Nórdico en 1924 y en 1934.

Fue en esta nación que su teoría fue adoptada por los maestros de suiza. Referente a la publicación de su libro "Mi sistema" en la lengua alemana y en la inglesa. Aarón agradece la gran popularidad que el contenido de la obra ha tenido y el interés que ha suscitado.

Cuando Nimzovich introdujo su Defensa Nimzoindia, Tarrasch afirmó que ésta era "horrible" a lo que Nimzovich le respondió: "La belleza de las jugadas no reside en la apariencia sino en los pensamientos que se encuentran tras ellas". De su imaginación son: la Defensa Nimzovich , la Defensa Nimzoindia , la Apertura Nimzovich.

Sus teorías, sus innovaciones y sus líneas de juego como: en la Defensa Nimzoindia, en el ataque francés, en la defensa siciliana, en la defensa Caro-Kann, en la defensa Nimzowitch, en el ataque Nimzowitch, en la defensa Danés y en otras aperturas, han enriquecido el juego. Aarón menciona: rescaté al ajedrez de la soberbia de Tarrasch . ¡Devolví el encanto y el placer al ajedrez!

Libro de Nimzowitch traducido al ruso


Libro de Nimzowitch traducido al ruso

Dentro del restaurante donde se realiza esta conversación Aarón se queja de que la vajilla y así como los cubiertos se encuentran sucios. El mesero se los lleva con el fin de cambiarlos. Entonces Nimzowitch limpia sus lentes, y con parsimonia me cuenta, que los primeros artículos de su sistema, publicados en un diario, solo dieron pie a la ironía, se decía que yo había inventado un sistema, con el fin de ocultar mi ignorancia en la teoría del Ajedrez.

Nimzowitsch muestra una mente abierta e inquieta. Es egocéntrico. Ha sido acusado de misántropo, misógino, megalómano y narcisista.

Desconfiado, difícil, con mal genio, no pretende agradar a nadie, en realidad su personalidad es huraña. Su rostro trasluce aflicción, su apariencia es de un hombre preocupado.

Aarón ha sido renuente a entablar amistad con sus colegas. Nimzowitsch y David Przepiorka un hombre educado y amable, judío como Aarón, participó en numerosos torneos junto a Ninzo y pesar de ello nunca se hablaban.

Llegaron a saludarse cuando Przepiorka gana un premio de belleza en agosto d 1930 y Aarón le felicita. Esta actitud amable, por parte del ruso le extraña al jugador polaco y a bocajarro le pregunta a Aarón, el por qué durante años, no le ha dirigido la palabra, a lo cual nuestro entrevistado responde; "Siempre pensé que eras parte de la escuela de Tarrasch"

Se percibe en su desarrollada y habitual descortesía para con Przepiorka, la ofuscación de Aarón, porque sin ninguna evidencia desconfía de la lealtad de su colega.


Su capacidad de raciocinio no está afectada directamente, pero si distorsionada. El humor irónico y la necesidad de un contrincante forman parte de los rasgos de su crisis. Aarón confía en un reducido entorno y en la rutina de su vida.

El espíritu de Ninzo revela apetitos y temores que duermen dentro de él y cuya existencia apenas sospecha. En el existe la dualidad, por un lado su honestidad y agilidad intelectual, su cultura, su educación y la otra, es la que se siente desdeñada, y por ello su acritud.

Aarón se aísla de lo demás, con un talante defensivo y mira a todos con recelo. Esta muralla alrededor suyo, lo incomunica por su comportamiento irritable. Su reflexión de que se le intenta hacer daño, lo hace impopular, lo aleja de la gente y retroalimenta su desconfianza.

Aarón ha perdido la ironía agresiva de su juventud, pero su nerviosismo se ha ido acrecentando.

Los consejos razonables tienen poca influencia en Aarón, él es el primero en sorprenderse de que lo quieran perjudicar, y de que no es respetado. "No he hecho daño a nadie -exclama- no me pueden reprochar nada; no he tenido ni discusiones ni peleas; no sé de ningún agravio por el que alguien quiera desquitarse.

Arón se queja ahora con el camarero, de lo poco de la ración que le sirvió. Después de cambiar nuestros platos, le explico al teórico que al nombrár una palabra deberá mencionar en forma libre lo que le venga en mente.

Aarón aún contempla los platos, comparando cuál de ellos tiene más cantidad del guiso, pero un sí seco, me da pie a preguntar.

A continuación la transcripción de las palabras y preguntas, así como sus respuestas:

Riga 1900


Riga 1900

Riga.

-¡Vaya manera de iniciar! Me ha traído los más bellos recuerdos, al mencionar a mi tierra. Evocaciones de mis padres, de aquella atmosfera de inteligencia,  poesía y de amor por el ajedrez.

El sistema educativo que le toco vivir

-La educación se basaba en que los niños debían que estar siempre trabajando, en diversas ocupaciones aburridas y tediosas. Debí aprender textos religiosos, caligrafía, latín, matemáticas, etc.

El ajedrez en el hogar.

-Mi padre fue un aficionado al ajedrez, y nos hablaba de la increíble belleza del juego. Sus charla despertaron en mi un vivo interés por aprender a jugar Desde temprana edad le solicité a mi padre que me enseñase. 

El retraso ese momento hasta cuando yo cumplí los 8 años. Sus enseñanzas fueron una decepción, usted sabe los conocimientos básicos sobre los movimientos de la Torre, del Alfil, del caballo, etc.

Si se quiere enseñar el ajedrez a un niño  debe ser sin una actitud negrera. Olvidarse del entrenador sudor y lágrimas. ¡Tratar de hacer el conocimiento interesante, animado y atractivo! El aburrimiento debe ser desterrado. La base del proceso del aprendizaje es la fantasía.


Aarón y  Lasker

Las posteriores instrucciones de mi padre no estuvieron exentas de errores. Vivian en mis interminables impulsos por combinar. Al tiempo compruebe que esos ímpetus, los rompía el juego posicional rudo de cualquier experto.

Atacaba mucho, avanzado mis peones, intentando establecer trampas que me otorgaran la posibilidad de hacer combinaciones.  La sabiduría posicional la fui descubriendo con el tiempo.

Psicología

Los factores psicológicos desempeñan un papel importante en cualquier desarrollo personal.

Su padre

-Mi padre fue fruto de su época, con su rigidez en los preceptos educativos, exigiendo que un niño no debe perder ni un minuto de su tiempo, por lo tanto debe estar siempre aprendiendo cosas nuevas… e inútiles.

El ajedrez que le enseñó su padre.

-A un niño que no sabe nada sobre el ajedrez, no se le debe aturdir de inmediato con la indicaciones de que la torre se mueve así, el alfil de tal manera o el peón sólo se arrastra hacia adelante al ritmo de un caracol, y el caballo salta violentamente en todas direcciones, y la reina se mueve por todas partes.

Lecciones tediosas y aburridas por el gran volumen de información. Los fundamentos del ajedrez deben enseñarse de otra manera, menos formal.  Los niños deben sentir que el ajedrez es un juego.

Un enfoque formalista puede matar la fantasía del niño  y su interés por el ajedrez..

Un maestro de ajedrez debe determinar la naturaleza del la forma de jugar de su pupilo. Saber si a su alumno le gustan las combinaciones o si su tendencia es por un juego posicional, porque en función de esta predisposición, los métodos de enseñanza son distintos.

Puedo decirle que mi desarrollo dentro del ajedrez habría sido más armonioso y sin quejas, sí lo hubiese aprendido en mi adolescencia.

¿Qué tipos de conflictos se dieron en su infancia con su amado padre, y una pregunta más el juego posicional de su padre se parecía al de Tarrasch?

Si uno desea obtener resultados, debe uno elegir a un enemigo mortal y tratar de destronarlo. ¡Yo no podía soportar el hecho de que el líder de una escuela dentro del ajedrez, fuese un hombre mediocre!  



Participantes y organizadores del torneo. Sentados (de izquierda a derecha): Nimzowitsch, Hallgarten, Hoffer, Spielmann, Tarrasch, Leonhardt, Marshall. De pie (de izquierda a derecha): Mises, Duras, Perlis, Schlechter, Rubinstein, Forgach

Nervios.

En mis tiempos de juventud, mis constantes viajes para jugar en los cafés aunado a mi estilo de vida irregular, y la ausencia total de un trabajo perjudicaron mi sistema nervioso, esta alteración se tradujo en jugara de manera impulsiva, con un estilo de ataques rápidos.

En agosto de 1905, jugué en el torneo de Barmen y ... fracasé miserablemente. En ese entonces, pensé en esta debacle como un desastre horrible, pero ahora estoy seguro de que esta desgracia me salvó de una "situación casi completamente sin esperanza". Sin esta "jugada salvadora" hecha por el destino, me habría enfrentado a una catástrofe.

Fue así que la indignación por mi fracaso, más mi aversión por Tarrasch me motivaron a recapitular. Un análisis somero de mis juegos en Barmen, me demostró mis debilidades.

 Desarrollé un estilo de juego cauteloso lento ¿cómo podría yo hacer sacrificios sin un cálculo preciso?, el análisis de algunos juegos me hicieron entender la estrategia de los juegos cerrados. Tuve que descubrir los principios posicionales por mí mismo.

La mejor  es cuando uno  deja de perseguir fantasmas, soñando con ataques de mate atrevidos lo mejor es mirar la realidad de ajedrez, tomarla en serio.

“Cualquier jugador con predisposición por combinar, con una preparación adecuada, puede convertirse en un maestro de primer grado “

-Esta sentencia profética  la dijo Schlechter, en 1905, cuando la pedagogía de ajedrez estaba en su infancia. Hoy en el apogeo de la pedagogía de ajedrez, el talento combinatorio, además de un buen aprendizaje, y una preparación psicológica le da fuerza al maestro. 

A Carl lo conocí en a principios de ese año en que participé en un torneo round-robin  en Viena con Schlechter, Wolf, Forgacs, Vidmar, Perlis y otros. 

Aarón Nimzowitch en Viena

Piezas negras.

¡Vaya me gusta la ironía! He obtenido  muchas victorias con las figuras negras sobre los mejores jugadores.

¿A qué edad pensó seriamente dedicarse al ajedrez?

-A los 17, dentro del ajedrez aprendí  las combinaciones. A los 20 años ya me sentía un maestro En Ostend, en un Torneo donde participaron más de 25 ajedrecistas empate el tercer lugar con Mieses, a solo medio punto detrás de los ganadores Rubinstein y Bernstein..

Los jugadores de Carlsbad.

-Tengo agradables recuerdos de ese torneo, donde vencí Alekine no lo jugó, el fue como corresponsal del New York Times. Al final de la justa Alexander escribió: "El torneo de ajedrez en Carlsbad tuvo un emocionante final, siendo Aarón Nimzowitsch el hombre del día. El primer éxito de su carrera de ajedrez, fue la única sorpresa desde el punto de vista deportivo. Uno sólo es capaz de formar una opinión correcta de de este filosofo y artista del ajedrez, si uno está familiarizado con sus libros. Su último libro es especialmente interesante. Se ilustran numerosos juegos con su estrategia. El libro se llama "Mi sistema", y lo redacta de una manera original. El lector es llevado a un nuevo tipo de reflexión sobre el ajedrez sin darse cuenta"

- En este torneo contendieron: Yates, Tartakower Marshall Treybal, Canal Becker Colle, Johner, Grünfeld, Euwe, Mattison, Sir George Thomas, Brinckmann, Sami, Gilg,, Vera Menchik, Spielmann, Vidmar, Capablanca, Tietz, Bogoljubow, Rubinstein, Maroczy.

Le menciono a Aarón lo dicho por el Maestro Alapin sobre su juego: "Esta nueva forma de jugar escapa a mí entender" Como respuesta solamente sonríe.

Imaginación.

-La atmósfera de la ciencia especializada y concentrada, dicen los modernos, no favorece en absoluto el desarrollo de la imaginación innata. Pero mantener flexible esta imaginación innata, es de gran importancia, incluso de un significado vital para el conjunto de nuestro desarrollo espiritual. Por este motivo, debemos proceder de acuerdo con el siguiente principio: Una vez realizado todo el esfuerzo científico, debemos dejar de lado el conocimiento especializado para devenir nuevamente como "un niño dentro de su naturaleza.

Niños.

-¡Mantengámonos plenos de alegría y libres de preocupaciones como un niño; olvidemos la tosca seriedad de la vida y entreguémonos de buen grado a la frivolidad y al juego!



Nimzowitch y  Milan Vidmar.

La amenaza es más fuerte que su Ejecución,

La captura de peones.

-Una partida en curso es como el organismo de un niño, en proceso de desarrollo. Si un día se presentase en la Bolsa un niño de seis años, dispuesto a adquirir un paquete de acciones, los señores financieros se reirían a carcajadas, porque pensarían que un acto así sólo deben realizarlo personas adultas y conscientes de saber lo que hacen al comprar. La pregunta en el aire para todos sería ¿Para qué quiere el niño las acciones? De la misma forma, yo les preguntaría a los cazadores de peones: ¿Qué han conseguido al ganar uno o más peones, en detrimento del desarrollo? El organismo del niño tiene que desarrollarse, como función vital básica, pues ni el padre ni la madre pueden crecer en lugar del niño.

Centro.

-Sí en una batalla envío a un puñado de soldados a luchar por un territorio en disputa, sin haber hecho nada por impedir que el enemigo bombardee la posición, jamás se me ocurriría hablar de conquista del territorio en cuestión. Obviamente, no. Entonces, ¿por qué sí lo hacemos en ajedrez?"



Nimtsovich y Lasker.

Steinitz la acumulación de pequeñas ventajas.

-La acumulación de pequeñas ventajas no es, en modo alguno, el rasgo más importante del juego de posición. Estamos inclinados a concederle a ese tipo de operaciones un papel muy subalterno. La dificultad de este método se ha exagerado considerablemente. No es fácil de entender cómo puede considerarse bello el mezquino almacenaje de valores. ¿No recuerda este procedimiento, en algún sentido, las actividades de un viejo avaro? Y, si es así, ¿a quién podría ocurrírsele que tales actividades tengan algo de hermoso?"

"Mi sistema".

-Estoy convencido de haber escrito el primer libro de verdadera enseñanza del ajedrez. Los otros son: "La práctica de mi sistema" y "El Bloqueo". Nuestra época se caracteriza por su encantadora irreverencia, las teorías antiguas y consolidadas son impugnadas; las tradiciones más arraigadas son arrancadas de sus raíces.

Se ha mencionado que su sistema no es más que una colección de recetas que se pueden usar solo en ciertas condiciones. No obtengo una respuesta, Arón nervioso me mira irascible.

Atacar con las piezas.

-Exigirles a las piezas sólo una directa actividad atacante lleva el sello inequívoco del movedor de madera. Con buen criterio, una mente ajedrecística sutil les pedirá también a las piezas que realicen maniobras preventivas.



Peón pasado.

-Un peón pasado es un criminal, que debe ser encerrado bajo llave. Las medidas suaves, como la vigilancia, no son suficientes.

El caballo.

-El mejor bloqueador

Partida moderna.

-¿Corresponde la partida moderna de Tarrasch verdaderamente todavía a una interpretación moderna, o es anticuada y dogmática?

Shlechter, Maroczy, Tchigorin, Marshall y Janowski, Spielmann, Vidmar, Duras, Bernstein, Tartakover, Rubinstein

-Durante mi juventud, en Alemania, a muchos los vi jugar y con otros muchos competí. Todos me dejaron enseñanzas. Mi presentación en Coburg no fue lo bien que hubiese querido y del Torneo de Barmen, no quiero acordarme. Me percate de mis debilidades e inicie a trabajar para superarlas.

Geza Maroczy.

-En mi libro incluí la partida Geza Maroczy vs Hugo Suechtin.  Se puede apreciar la aplicación de las jugadas profilácticas y mi  cosmología sobre la cadena de peones.

¡Primero restringir, luego bloquear, finalmente atacar!

-Su lógica es impecable.




Burn

Al británico Amos Burn le atraía jugar a la defensiva, sus partidas eran cerradas y de larga duración Cuando Burn se sentaba al lado del tablero, y alrededor suyo colocaba una serie de objetos tales como: una bolsa de tabaco, fósforos, un cenicero, una escupidera. Después situar estos objetos se sentía completamente a gusto.

Cuenta Marshall que al jugar contra Burn este buscó su tabaco. Se jugó un gambito de Dama

1. d4, d5

2. c4, e6

3. Cc3, Cf6

4. Ag5, Ae7

5. e3, 0-0

6. Cf3, b6

7. Ad3, Ab7

8. cd, cd

En  este momento Burn empezó a llenar su pipa y Marshall cuenta que entonces él apuró sus jugadas.

9. h4, g6

10. h5,

Según Marshal, su movimiento dejo meditando a Bur , que aún no encendía la pipa.

Se amenaza Ah7, Rh7 Cg5, conocido como el ataque Pillsbury.

10. ..., g6

11. h5, Te8

12. hg, hg

Ahora Burn buscaba afanosamente sus cerillos.

13.Dc2, Ag7

14.Ag6!, fg

Nervioso encendió un cerillo y se quemo los dedos, y apresuradamente apagó la cerilla

15.Dg6, Cd7

16. Cg5, Df6

Ahora Bur inicio a prender su pipa, chupaba, y chupaba hasta que encendió el tabaco. Pero se había acabado el tiempo.

17. Th8, Rinden.

A causa de 17. ..., Rh8 18. Dh7 mate.

Marshall reseño: "Pobre Burn. Creo que lo timé. Si al menos hubiera encendido su pipa antes, la historia tal vez fuera otra. Aceptó su derrota con buen ánimo y nos dimos la mano. Entonces, se le apagó la pipa".

En ese entonces se creía que el tabaco ayudaba a pensar mejor. Fuman: Lasker, Blackburn, Vidmar Friedrich Saemisch y otros. Yo odie aquellas nubes de humo, las nieblas de aquel penetrante y viciado mal olor, que producían los puros o las pipas. Por fortuna años después se prohibió fumar dentro de la sala de juego.

Friedrich Saemisc


Friedrich Saemisc

Usted acuso a Vidmar de intentar prender su puro (Milan Vidmar es un ingeniero eléctrico, jugador y teórico del ajedrez, filósofo y escritor   nacido en Liubliana, se graduó en 1907 en la Universidad de Viena  Entre 1928 y 1929 fue el décimo canciller de la Universidad de Liubliana y de quien se sabe recopila material para un posterior libro sobre el ajedrez de su tiempo.)

- Sí realmente lo pensé, mientras jugábamos, él saco su gran cigarro, a pesar de estaba prohibido fumar en la  sala. Yo reaccione, me pare y le dije a Clerk Macrozy:  Vidmar es un jugador de edad, debería saber bien que una  amenaza es más fuerte que su ejecución.

Hans Kmoch.

-¡Me ha obligado a sonreír! Hans Kmoch ideo la partida 'Inmortal de la sobreprotección' Una partida ficticia, este buen amigo y gran teórico del ajedrez publicó en la revista 'Wiener Schachzeitung' toda una historia, llena de ironía y con un buen sentido del humor. Una diversión que la firmo con mi nombre.

Nimzowitsch vs Systemsson.

-El nombre de mi imaginario oponente Zoltan Arpod Ulf Min Systemsson IV, que según Hans Kmoch; nació el 29 de Febrero de 1900, en Dublín, Irlanda y que aprendió a jugar al ajedrez a la edad de 6 años y al tiempo se convirtió en uno de los mejores jugadores. Después de varios triunfos su carrera se vio interrumpida por la inesperada muerte de su padre. Más tarde, al superar una fuerte depresión, volvió a los tableros enfrentándose a mí.

Calistenia.

-Mis ejercicios de calistenia durante mis partidas, los realizo por una recomendación del médico Müller. Entre estos ejercicios hago flexiones y en ocasiones me coloco de cabeza. Me da excelentes resultados

¿Sus mayores éxitos?

-He logrado varios en Copenhague 1923, en Marienbad 1925, Hannover 1926, Londres 1927 y Berlín 1928 en estos dos últimos torneos, he terminado por delante de Bogoljubov, Karlsbad 1929

¡En Dresde, sí en 1926, conseguí 8,5 de 9 terminando 1,5 puntos por delante de Alekhine!

Alekhine vs Bogoljubov.

El match se jugó en distintas ciudades de la Alemania nazi.

Hans Frank.

Un nazi. Él estaba interesado en el ajedrez y disfrutaba una magnifica biblioteca, repleta de literatura sobre el ajedrez. Incluso a varios ajedrecistas nos invito a un almuerzo en su Villa.

¿Se sintió seguro con los Nazis?

Yo fui como un corresponsal más, protegido por tres consulados: el de Letonia donde nací, el de Dinamarca donde residía y el de Holanda debido a que mis puntos de vistas sobre el encuentro los enviaba a un periódico en Holanda.

Lasker.

El maestro no es más que un hombre sometido a impulsos subjetivos, en la misma medida que cualquier otro jugador.

Hoy en día está de moda la lucha psicológica contra el adversario. Lasker ataca en primer lugar la psicología del contrario.

Lúdico.

-La tendencia innata del espíritu hacia las actividades lúdicas y ociosas, puede utilizarse en la práctica ajedrecística, ya que precisamente el ensayo de yuxtaponer los componentes mentales individuales, es extraordinariamente significativo para el juego de ajedrez.

Diletante.

-Del italiano dilttante para designar al aficionado a la música, al melómano, basado en el latín delectare agradar, encantar, regocijarse Que no tiene otra ocupación que la recreación en el arte. En este terreno debe enmarcarse la actividad puramente diletante dentro de un amplio ámbito que abarca los campos del arte: teatro, cine, pintura, música y también el ajedrez: No debemos permitir que el espíritu decaiga; hemos de cultivar su tendencia innata a la actividad lúdica.

-Cuando descubrí tierras mentales vírgenes, yo, aún era un diletante o al menos no había alcanzado todavía un alto nivel de tecnicismo. Quienes se han mantenido apartados del espíritu del tiempo moderno, pueden fácilmente caer en la tentación, de ridiculizar el diletantismo.

En el campo del ajedrez, esta ridiculización no es difícil. Bastaría uno indicar sin misericordia, los errores técnicos del diletante o bien generalizar y afirmar: El diletante ataca durante la partida allí, donde se le ocurre en aquel momento, mientras que el maestro, donde la posición lo exige. Aquél se deja llevar por su estado de ánimo, mientras que éste busca la jugada obviamente correcta, o argumentos similares.

Maestro.

Observo dos clases uno que es precisamente el diletante, de quien cabe esperar la renovación del arte no de quien se ha petrificado en la rutina, ellos nunca podrá orientarse hacia un nuevo y productivo razonamiento.

Y el maestro creativo, este debe mirar con benevolencia y simpatía al diletante; porque ambos buscan la excepción de la regla estratégica y a ambos les parece poco tentadora la búsqueda de la victoria fácil.

El ajedrecista rutinario.

-Me atrevo a afirmar que el maestro dotado de creatividad tiene más puntos de contacto con el diletante dotado que con colegas dotados mediocremente, bien entendido que la palabreja "mediocremente" no se refiere de ninguna manera a los éxitos conseguidos, si no solamente a la fisonomía ajedrecista de los maestros en cuestión.

El "maestro dotado mediocremente" es decir el especialista rutinario, siempre reprenderá y descalificará. En este aspecto no se puede cambiar nada y expandirá su insatisfacción por igual en uno y otro sentido.

Considerará al colega creativo como extravagante y al diletante dotado como "imposible". Y quizás esta descalificación tenga su lado bueno: Porque nos incita hacia el aspecto técnico del cultivo del arte.

Escuela Hipermoderna.

-Me encuentro entre ellos, introdujo muchos nuevos principios posiciónales, tales como: las restricción y el bloqueo atacando la cadena de peones en su base y la superprotección; dominio del centro sin su ocupación, acción indirecta, juego cerrado con maniobras internas, alfiles actuando desde los fianchetos y cadena de peones sin tensión. Una posición aplastante en el centro da derecho a atacar en un ala.

El costo de sus ideas.

-Las burla. Nadie desde que existe la historia del ajedrez ha tratado de forma semejante a mis nuevas ideas con el menosprecio o el silencio en lo mejor de los casos.

Steinitz.

-Aventajaba a su generación 50 años al menos.

Las ideas de Tarrasch.

-Sus conceptos son de una rigidez que asusta, me parece que es la vanguardia de los puritanos, piensa que son más firmes que la teoría de la gravedad

El juego de posición.

-El juego de posición tiene su propia técnica, como cada rama del arte, y esta técnica puede ser adquirida.

Wiener Schachzeitung.

-Revista de ajedrez en la cual he escrito mis textos hipermodernos.

'Dr. Siegbert Tarrasch' Caricatura de la época
'Dr. Siegbert Tarrasch' Caricatura de la época

Jugadores hipermodernos.

Entre ellos: los Maestros Réti, Breyer, Grunfeld, Colle, Sämisch y Tartakover.

Alekhine y Lasker.

- Incluya a Capablanca, ellos aceptaban las ideas del modernismo de Tarrasch como verdades universales.

Peón.

-Puede llegar a parecer cómico, pero les aseguro, que para mí el peón libre tiene alma y lo mismo que el hombre, posee aspiraciones que duermen dentro de él, en forma desconocida y temores cuya existencia apenas sospecha. Esto es extensible a la cadena de peones o a cualquier otro elemento estratégico.

Las figuras en el tablero.

-Las piezas que permanecen largo tiempo en reclusión, cuando ganan la libertad pueden adquirir una fuerza inmensa.

Desarrollo.

-El período de desarrollo puede estar imbuido de un espíritu democrático. Sería poco democrático, por ejemplo, autorizar a uno de nuestros oficiales a darse una larga excursión, mientras los demás se quedan en el cuartel con insoportable aburrimiento. No, procede concederle una jugada a cada oficial y... ¡que nos lancemos a la batalla!

Peones al centro.

-Para dominar el centro no es necesario ocuparlo con peones, se puede dominar éste con las piezas, como los alfiles, desarrollo de los alfiles por fianchetto.



Participantes y organizadores del torneo.

Sentados (de izquierda a derecha): Yanovsky, Bernstein, Rubinstein, Marotsi, Leonhardt, Spielman, Capablanca, Nimzowitsch, Hoffer, Teichmann, Tarrasch. De pie (de izquierda a derecha): Marshall, Bern, dos organizadores, Vidmar, Mises.


Profilaxis, super defensa y bloqueo.

-Sonríe y con ironía comenta- Lea "Mi sistema"

Peón pasado.

-Los peones pasados, son candidatos naturales a su promoción, y es preciso trabajar en su favor facilitando sus progresos, mientras que el adversario debe considerar a tales peones como "criminales peligrosos" y ejercer sobre ellos un estrecho control.

El rey.

-Aún el rey más flojo huye despavorido ante la amenaza de un jaque doble.

Pieza clavada.

-El poder defensivo de una pieza clavada solamente es imaginario.

Agresividad.

-Odio las jugadas brutales prefiero las jugadas sutiles.

Humorismo.

-El verdadero humorismo contiene muchas veces mas verdades internas que la seriedad más sobria soy partidario de los paralelos cómicos y me gusta utilizar los hechos de la vida cotidiana, para aclarar algunas facetas complicadas del ajedrez.

¡Los ajedrecistas se hacen solos!

Iscimus discendo -Por la enseñanza, aprendemos-

¿Qué le enorgullece de su libro?

-El haber reducido el caos, a una serie de reglas que guardaban entre sí una serie de causas. Es precisamente lo que me enorgullece haber escrito un libro de verdadera enseñanza.

Control del centro.

-El control del centro, no necesita ejercerse por ocupación que una masa central de peones, no siempre es fuerte y a menudo es objeto de ataques. Sus principios posiciónales son los siguientes: la profilaxis, la restricción y el bloqueo atacando la base de peones en sus bases y la sobreprotección.

Combinación

-La combinación es la culminación lógica de la ventaja posicional.

La Nimzoindia.

-Supongo que hice enojar a Tarrasch que es un amante del alfil. En esta variante las negras se desprenden de su valioso alfil de casillas negras, en plena apertura con sus inconvenientes estratégicos, objetivo fundamental de este sistema, que es el debilitamiento de la estructura de peones blancos y que provoca un juego de mucha riqueza estratégica, con posibilidades para ambos bandos, es un planteo emblemático de una configuración clásica de peones doblados en la columna c.

Spielmann.

-Un jugador combinatorio muy capaz: Spielmann no está en condiciones de transigir. Esta característica tiene su origen precisamente en su temperamento. Incluso las jugadas de defensa, como proteger un peón débil con una torre, le son ajenos. Por tanto, en el enfrentamiento con él hay que tratar de simplificar la posición, a fin de excluir los motivos de ataque, y luego realizar un juego de presión en ambas flancos.

Raúl Capablanca.

-En Karlovy Vary, observe los bellos ríos Eger y Teplá. Es famosa históricamente por sus fuentes termales. Los nombres Karlovy Vary y Karlsbad tienen significado similar en checo: baños termales o balneario termal de Carlos, en relación a Carlos IV.

Asistieron los ajedrecistas más fuertes del momento, exactamente 22. Lo dije antes, Alexander Alekhine no lo jugó, él enviaba sus reseñas del torneo al New York Times.

Recuerdo la presencia de la rusa Vera Menchik juagando con los hombres.

Le cuento, ahí declarare: El mundo del ajedrez tiene que organizar un partido entre el campeón del mundo y el ganador de este torneo, es una obligación moral. Jamás se dio, nunca tuvo lugar, a pesar de mi triunfo en el certamen.


 Aron Nimzowitsch, Titz, el presidente del Club de Ajedrez de Carlsbad y mecenas de las artes  Alexander Alekhin (Carlsbad, 1929)


Match Alekine vs Nimzovich.

-Alenxander lo evitó, al pedirme demasiado dinero. No hizo lo mismo con Bogoljubov varias veces Campeón de Alemania, a quien por mucho menos dinero, le dio la oportunidad de competir, por el cetro mundial. Quizá porque sabía que le ganaría de forma fácil. También nunca se dio el encuentro: Steinitz vs Tarrasch.

¿Sus ideas causaron risa?

-Sí, sobre todo la idea del fianchetto que se reduce en colocar un alfil en una esquina del tablero, desde la cual no deja de controlar también el centro, pero sin estar en él. La situación de un alfil en la esquina les era risible, era ridícula, para los ojos habituados a los alfiles centralizados.

Tartakover.

-Uno de los más activos en la campaña de desprestigio de los fianchettos, fue el jugador polaco Tartakower. Una de las hipótesis, le atribuye el término "defensa india" a él.

Según cuenta, Tartakower bromeó sobre el movimiento de fianchetto ( g6 ó b6 ). Para él, era como una jugada propia del antiguo ajedrez que se jugaba en la India, en el que los peones sólo podían mover un paso y los alfiles sólo podían hacer movimientos "cortos" algunos dicen que de ahí que surgiera el término irónico de "defensa india".

"Sobreprotección una idea puramente judía, que disuade el ánimo agresivo".

-Frase de Alelkhine. También ha dicho que es miedo a la lucha, dudas acerca de la propia fuerza espiritual, agregando que es un triste cuadro de autodestrucción intelectual.

Mi satisfacción es haberlo visto jugar mi innovación, el gambito ideal de dama, en una partida y observé la exactitud de mis principios.

Modernistas.

-Nosotros los modernistas seguimos las leyes lógicas, igual que los no modernistas, con una salvedad que tratamos de dar nueva vida a dogmas fenecidos.

Fritz Sämisch.

¿Por qué tuve que perder con este idiota?

Nêmçoviç.

-El apellido original de la familia, en la ortografía alemana Niemzowitsch. Después de la primera guerra mundial, al expedirme el pasaporte, por error se escribió Niemzowitsch, yo no quería correr el riesgo de esperar semanas, por un trámite para corregir mi apellido y lo deje así.

Librería Riga en 1900


A la izquierda, la más grande librería de Riga -1900-

La Guerra.

-Desoladora, destruyó la vida industrial y comercial, se tradujo en la pérdida de miles de vidas, en hambre y pobreza. Motivó el exilio y los estragos en la psique de muchas personas fueron devastadores.

Yo emigré a Dinamarca, viví casi enclaustrado en una pequeña habitación. Sufrí una gran crisis nerviosa.

Cuál sería su consejo al jugador que prefiere las combinaciones.

-El talento de combinar más el trabajo minucioso pueden hacer posible, lo imposible. Al jugador combativo le digo procure comprender letra por letra los más importantes motivos y estrategias posiciónales. A quienes no les gustan las combinaciones, procure estudiarlas. La unión de un juego de combinaciones con el juego posicional les traerá Éxito, la alegría y el encanto.

Ironía.

-La ironía es capaz de mucho, por ejemplo amargarle la vida a los jóvenes de talento, pero de una cosa no es capaz, no puede impedir a la larga al irrupción victoriosa de las ideas.

Karlovy Vary Hotel Imperial IV. Internationales Schachmeisterturnier : Karlsbad 1929


Karlovy Vary Hotel Imperial IV. Internationales Schachmeisterturnier : Karlsbad 1929

Postal Karlovy Vary 1900


Postal Karlovy Vary 1900

Por Gabriel Capó Vidal.


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miércoles, 11 de marzo de 2015

La partida de ajedrez entre Stefan Zweig y Herman Hesse




Son lugares donde el tiempo y el espacio se consumen, 
pero solo el café́ aparece en la cuenta.




Stefan Zweig y Herman Hesse.


Sentado sobre una elegante silla de madera curvada, barnizada de rojo, miraba detrás de la ventana; la violencia del viento y el caer de la lluvia, que llamaba en los cristales.

Cerca de mí rincón, Herman Hesse y Stefan Zweig, disputaban una partida. El ajedrez colocado encima de la mesa resaltaba por la belleza de su fina madera, con la que las piezas estaban diseñadas, representando a seres de la vida cotidiana. Herman vestía una camisa con el cuello cerrado, chaleco y un arrugado traje gris, lo contrario de Zweig que lucía aristocrático y elegante.

A mis oídos llegaron sus palabras:

Esta posición a la que hemos llegado -comentó Hesse, señalando el tablero- me evoca la quinta partida por el campeonato de ajedrez entre Emmanuel Lasker contra Carl Schlechter, cuya sede fue Viena. Es sabido que antes de iniciar esta partida, Carl quien no había comido por días, se desmaya, volviendo en si, por medio de las sales. La partida fue aplazada varios días, hasta que Schlechter, después de ser tratado de manera médica y alimentarse, se sintió repuesto.

Stefan menciono que supo del encuentro en 1910, -justo antes de que Sweig partiera a la India, mucho antes de establecerse en Salzburgo-, y a continuación dijo: la primera parte del encuentro fue en el club de ajedrez de la ciudad, así como en el bello Café Marienbrücke

A lo que Herman contesto: En 1911 intente viajar a la India en compañía de mi amigo el pintor Hans Sturzenegger pero se convirtió en un viaje a Indonesia; visitamos Penang, Singapur, Sumatra, Borneo y Burma. Tiempo después cumplí mi deseo de visitar este lugar. Mi viaje a la India se convirtió en una decepción. Tan alejada de los relatos de mi abuelo Hermann Gundert, que despertaron mi fantasía, sobre este país.

Tengo presente la noticia sobre el encuentro de estos dos ajedrecistas, que se efectuó en Viena y en Berlín. En Alemania en el Hotel de Rome. Una de las partidas, me parece que la décima, se prolongo por más de tres días. Según los diarios Schlechter necesitaba sólo un empate en la décima y última partida para ganar el título; pero combatió en busca de una victoria, Esta decisión que tan bien habla de él, lo condujo a la derrota.

Stefan dijo: este suceso me parece tema para un poema, un relato; la trama del libreto, de una obra de teatro. Carl Schlechter exteriorizaba una personalidad con la cual me identifico, le gustaba Viena; era amante de la naturaleza, del arte y de la ciencia. Su juego enunciaba la inmensidad y la simplicidad. Jugaba con su arte, como lo hace el viento con las hojas.

La creación sobrepasa el tiempo y el espacio. Pero el momento en el que se está produciendo es una incógnita. Nos hallamos ante un fenómeno extraño.

En 1910 me encontré en una joyería un broché, que no era otra cosa que un tablero de ajedrez de plata con esmalte opaco blanco y negro. Una soberbia joya. Esta creación me hizo ver una forma de arte, que no se basa en la ostentación, sino en lo extraordinario del diseño. La genialidad del artesano y la presencia de la individualidad, me hizo recordar a Schlechter.

Carl se distinga por ser un ser bondadoso, con un carácter tranquilo, amable. No importunaba a nadie con sus preocupaciones y sus inquietudes. Su sosiego se mostraba en su forma de hablar, en la serenidad de sus actos, incluso en su andar. Todo el mundo le quería. Considerado, su personalidad era callada y pacífica; generoso, brindaba su amistad a los demás; sociable, pensaba en el bien de los otros, y como un buen hijo, colmaba de amor a su madre. En 1910 Carl tenía 36 años de edad y vivía con su madre una violinista y su hermana Lena.

Fue el más fuerte representante de la escuela de ajedrez de Viena, hizo suyas las enseñanzas de Steinitz. Fue un maestro con las virtudes de un caballero; entre ellas su gran sentido del honor y de la rectitud. La humanidad y el refinamiento artístico se mostraban en su modo de vivir y de jugar. Sus juegos, como el que le dio gran fama contra Bernhard Fleissig, son fruto del arte, de una sensibilidad artística que lo encumbró. Su espíritu simboliza una era que ya desapareció.

La respuesta de Herman fue: me recuerda a un asceta que contempla la naturaleza, medita y retorna a la contemplación. Yo amo la soledad, amo el entorno; las montañas, los ríos, los lagos, los desfiladeros, el mar, el cielo, las nubes, las flores, los árboles, los animales. Suelo como lo hacía Carl, recluirme durante largas temporadas, huyendo del mundo y refugiándome en mi propio interior. Siendo como soy un soñador, un ser holgazán y fantasioso, me gusta estar en algún rincón perdido en contacto con la montaña o con la playa. La soledad para mí es independencia.

La vida apacible de la naturaleza se me ha vuelto cada vez más familiar, en ella puedo perderme completamente de vez en cuando. Por eso espero con impaciencia el comienzo de la primavera. Cuando comienza la temporada de calor y uno puede permanecer echado sobre la hierba el día entero, o medio día, siento que ha llegado mi época, y sacrificaría toda la literatura por una nube hermosa o el trino de un ave.






Una misma divinidad actúa en nosotros y en la naturaleza, y si el mundo exterior desapareciese, cualquiera de nosotros sería capaz de reconstruirlo, pues la montaña y el río, el árbol y la hoja, la raíz y la flor, todo lo creado en la naturaleza está previamente creado en nosotros, proviene del alma, cuya esencia es eternidad, esencia que escapa a nuestro conocimiento, pero que se nos hace sentir como fuerza amorosa y creadora.

Yo vivo esa oscura nostalgia por la naturaleza, por la tierra y la vegetación. Soy un santo que ama a todos los hombres, y en la práctica un egoísta, que quiere que lo dejen en paz.

Zweig interviene: He vivido los veranos más exuberantes y hermosos, con su cielo, de un azul sedoso; con el aire, dulce y sensual, los prados, fragantes y cálidos. Los bosques, oscuros y frondosos, con su joven verdor; el hermoso bosque quebrado por colinas. El cielo sin nubes sobre, los castaños y el viento entre los árboles, llenos de los trinos.

Emanuel Lasker era también un amante de la naturaleza, pasaba temporadas disfrutando los paisajes veraniegos, recorriendo el campo. Nombrar a Lasker me trae a la memoria a Albert Einstein. Los dos son grandes amigos.

A Einstein no le atrae el ajedrez, a su parecer la meta principal del juego consiste en abatir al adversario mediante la aplicación de distintos triunfos y engaños, lo cual espiritualmente le disgusta. Además revela que después de un día de trabajo, no desea pensar más, y que de tener tiempo para el ocio, y el descanso, elegiría el navegar. Albert testifica que la monotonía y la soledad de una vida tranquila estimulan la mente creativa.



 Hermann Hesse –Stefan Zweig .

Se rumorea que Lasker, únicamente para complacer a su amigo Albert invento un juego que denomino “Laska” una variedad de Ajedrez y Damas. Donde las piezas no son “comidas” sino que son hechas presas. Su liberación depende si la pieza que las ha capturado es a su vez hecha prisionera. Triunfa quien captura a la totalidad de las piezas del adversario. La idea del juego surgió en Lasker, al escuchar una conferencia del profesor de matemáticas Göttingen Edmund Landau. En 1911, en la ciudad de Berlín se produjeron para la venta al público los primeros juegos.

El Prof. Baudet un destacado ajedrecista y violinista se interesó por el juego de Lasker. Resultó que el alumno aventajó al maestro; pocas veces Lasker pudo vencer al Profesor, quien fue Presidente Fundador de la Asociación Laska en La Haya y organizó el primer torneo nacional de este juego en los países bajos. Por desgracia el profesor murió un día antes de iniciar la competencia y el certamen se suspendió. Desconozco si hubo algún otro intento por desarrollar otro concurso.

Sweig retoma al tema: Schlechter desarrollaba sus fuerzas, como lo hace la naturaleza, aparentemente sin objeto. En su juego no había lugar para trampas o los planes ocultos. El plateaba un sano desarrollo sin prisas, sin aferrarse a una idea fija. La armonía era su sello. Sus combinaciones fueron como flores silvestres, escondidas en el bosque y el mayor placer esta en dilucidarlas. En sus partidas se encuentra el arte, la música de Viena, las grandes combinaciones de los maestros clásicos y el juego posicional de los jóvenes maestros. Esta apreciación no es mía, es de Richard Reti. La enunció poco después de morir Schlechter.

El misterio de la creación artística, el estado de concentración absoluta es el elemento ineludible de toda creación, pues toda creación verdadera sólo acontece cuando el artista se halla hasta cierto grado fuera de sí mismo o en éxtasis. El ajedrez es el único juego entre los ideados por el hombre que escapa soberanamente a cualquier tiranía del azar, y otorga los laureles de la victoria exclusivamente al espíritu, o mejor aún, a una forma muy característica de agudeza mental. Una obra que no se desvanece, como una flor; que no muere, como el hombre; sino que sobrevive a nuestra época y a todos los tiempos por venir. Tiene la fuerza de durar eternamente, como el cielo y el mar.




De todos los misterios del universo, ninguno es más profundo que el de la creación. Nuestro espíritu humano es capaz de comprender cualquier transformación de la materia, pero cada vez que surge algo que antes no había existido nos vence la sensación de que ha acontecido algo sobrenatural, de que ha estado obrando una fuerza sobrehumana. No vive solo el tiempo de su existencia propia, porque lo que creó y realizó sobrepasa la existencia de todos nosotros y la vida de nuestros hijos y nietos. Ha vencido la mortalidad del hombre y ha forzado los límites en que, por lo común, nuestra vida queda encerrada inexorablemente.

¿Por qué estos artistas no nos explican la experiencia más importante de su vida? ¿Por qué no nos describen su modo de crear? La fórmula verdadera de la creación artística no es inspiración o trabajo, sino inspiración más trabajo, exaltación más paciencia, deleite creador más tormento creador.

Hesse pronuncia: Decía Goethe "No se conocen las obras de arte cuando se ven acabadas; hay que verlas también en su proceso de elaboración" Terminar la obra de "Fausto" le llevó a Goethe toda la vida. La labor del arte es ayudar a vivir.

Lasker envió una nota al New York Evening Post: "El partido con Schlechter está llegando a su fin y parece probable que, por primera vez en mi vida seré el perdedor. Si eso ocurre, un buen hombre habrá ganado el campeonato”. Lasker intuía su derrota.

Terminada la Guerra Mundial, Schlechter se encontró de una situación de bancarrota, la cual lo llevo al hambre, a la desnutrición y al agotamiento; la carencia de carbón para mitigar el frio, fue otra causa para que contrajera una neumonía, que fue la causa de su muerte ¡Como hubiese cambiado su vida el triunfar sobre Lasker y recibir la bolsa del premio!

El nombre completo de Carl, fue Carl Adalbert Hermann Schlechter. El abuelo de Carl Friedrich Wilhelm Karl Schlech, fue un dramaturgo que escribió bajo el seudónimo de “Carl Haffne” y su padre Adalbert Eduard se dedico a la música.

En el colegio Schlechter se comporto como un niño, triste, tímido y frágil. Fue un niño, enfermizo, delgado, con un tierno comportamiento. Académicamente tenía la sensación de que nunca sería tan bueno como sus condiscípulos. Había renunciado a concursar por las medallas que otorgaban -decía- los mostrencos.

A los trece años se encontró jugando al ajedrez. Su inferioridad orgánica la subsanó fortaleciendo su intelecto, desarrollo con destreza su aptitud. A los 12 Años resolvía con maestría numerosos problemas de ajedrez. Su auto valía la encontró dentro del ajedrez. Perseverante finalizo sus estudios de comercio. Aunque aquella mirada triste nunca lo abandono.

Desarrolló una preocupación social en el sentido más amplio; de cuidado por el otro, por la familia, _ en la atención a su madre y a su hermanastra_ por la comunidad, por la sociedad, por la humanidad, por la naturaleza, por la misma vida. La preocupación de ser útil a los demás.







Cuando su madre preocupada por Carl, por abandonar este su trabajo - cuyo salario significaba una entrada segura- con la finalidad de dedicarse al ajedrez, acudió al médico Samuel Gold, amigo de la familia, quien le exhibió a su hijo, los primeros problemas de ajedrez, _ después se convirtió en su maestro cuando Carl, contaba a penas con 13 años_

Ante el ruego de la madre, Samuel le recomendó, que su hijo asistiera a la consulta de su colega Alfred Adller _quien postulaba un modelo psicológico centrado en las influencias del medio social y familiar en el carácter del sujeto.




Cuenta Carl, que Adler le recibió en su consulta y le invito a sentarse enfrente de él, que el dialogo fue cordial y que Alfred no intento comportarse como una figura autoritaria y eso lo alivio. Que reino durante la charla el afecto y una disposición por escuchar y por comprender, por parte de los dos; a partir de una genuina relación humana.

Aldler expuso, que su orientación no tenía nada de vergonzoso, y, que un análisis subsecuente podría revelar los mecanismos psíquicos, que en su infancia prefijaron su complejo de inferioridad, y la confusión de sus sentimientos.

Que volvió más veces a su gabinete, -donde confirmo que su elección libidinal, no se podía determinar como una psicopatología-, que él sabía amar y cuidar como había sido amado por su madre y la valía de su decisión de dedicarse a jugar al ajedrez.

Este mirar dentro de su interior, le hizo entenderse a sí mismo. Le dio armonía y paz. Descubrió que una persona debe escoger y decidir entre varias opciones; que una persona crea su propia personalidad, su estilo de vida. Que sentía un impulso, un propósito y aguardaba conseguir dentro del ajedrez una nueva meta en su futuro. Las charlas con Aldler le confirmaron su objetivo el desarrollo de las potencialidades del ser humano y mirar al futuro con optimismo.

Carl menciono que las palabras de Adler le ilustraron: Ver con los ojos de otro, escuchar con los oídos de otro, sentir con el corazón de otro y que el psicólogo concluyó: por el momento esa me parece una definición aceptable en su forma de vivir, que yo nombro un sentimiento social.

A continuación Hesse recitó: “Dispuesto debe estar el corazón a cada llamada, de la vida para despedirse y comenzar de nuevo, para darse a otras ataduras, distintas y nuevas, sin aflicción y con valentía. Y cada comienzo lleva en sí una magia que nos protege y nos ayuda vivir”

Stefan Zweig pronunció un poema de Hesse “La verdad del árbol”

“Los árboles me han dado siempre los sermones más profundos. Los respeto cuando viven en poblaciones o en familias, en bosques o en arboledas. Pero aún los respeto más cuando viven apartados. Son como individuos solitarios. No como ermitaños que se hubieran recluidos a causa de una debilidad, sino como seres grandes y aislados, como Beethoven o Nietzsche. En sus ramas más alta susurra el mundo y sus raíces descansan en lo infinito; pero no se abandonan ahí, luchan con toda su fuerza vital por una única cosa: cumplir con ellos mismos según sus propias leyes, desarrollando su propia forma, representándose a sí mismos. Nada es más sagrado, nada es más ejemplar que un árbol fuerte y hermoso”

Cuando usted -Sweig se dirige a Hesse- menciono a Alfred; lo coligué a la escuela que fundó, después de separase de Freud, la de la psicología individual.

Adler escribió: “El estilo de vida de un árbol es la individualidad de un árbol expresándose y moldeándose en un ambiente. Reconocemos un estilo cuando lo vemos contrapuesto a un fondo diferente del que esperábamos, por lo que somos conscientes entonces de que cada árbol tiene un patrón de vida y no es solo una mera reacción mecánica al ambiente”. Aldler asumía que el hombre decide su estilo vital, y cómo maneja sus problemas, sus relaciones con la gente que le rodea. 



Viktor Tietz, Richard Teichmann y Carl Schlechter in Karlsbad 1911


Carl fue un castaño en la espesura, ese árbol símbolo de la verdad, de la generosidad, y de la justicia.

En ese momento un atronador ruido, se escuchó en la parte norte del salón, al caer sobre las ventanas del invernadero, la enorme rama de un árbol. El ruido sobresalto los corazones de quienes nos encontramos en el café, unos jugando al ajedrez, otros en amena charla. Después del alboroto, de retirar el madero, cada quien volvió a su ocio y Herman reanudó su charla:

Schlechter fue un ser considerado, recibió en su casa a Richard Reti a solicitud de su hermano el músico Rudolph Reti, cuando este contaba apenas con 12 años de edad. Al parecer jugo dos partidas con el niño. Al final comentó: “Usted jovencito me ha dado algún problema para vencerlo. Para su edad, esto es, sin duda, excepcional”.

Tercia Zweig: Carl fue un hombre ecuánime y justo. Pero me parece que esta forma desprendida de ser, actuaba a veces en contra del mismo. Schlechter quien rechazó pugnar por los premios de belleza; reflexionaba así: “Ya he ganado suficiente, dejemos algo a los demás”.

En Carl vivía esa dualidad que nos acompaña. Su juego expresaba la tranquilidad de un juego posicional, esperando el error, pero en otras partidas, nos instruye de que está al tanto de la táctica, que es preciso desarrollar, sobre el campo de batalla, en que se trasfigura un tablero.

Hesse menciona: En nuestra existencia se tiene que ser como en el ajedrez, donde usamos las piezas que sirven en ese momento, así de acuerdo a cada circunstancia habría que utilizar diferentes personalidades.

Stefan frunciendo el seño, apunta. Me parece atrayente la propuesta, pero dentro del concepto se esconde la esquizofrenia.

Herman Hesse argumenta: Existe una idea equivocada y funesta de que el hombre sea una unidad permanente. El hombre consta de una multitud de almas, de muchísimos yos. Descomponer en estas numerosas figuras la aparente unidad de la persona se tiene por locura, la ciencia ha inventado para ello el nombre de esquizofrenia. La ciencia tiene en esto razón en cuanto es natural que ninguna multiplicidad pueda dominarse sin dirección sin un cierto orden y agrupamiento. En cambio, no tiene razón en creer que sólo es posible un orden único, férreo y para toda la vida, de los muchos sub-yos. Este error de la ciencia trae no pocas consecuencias desagradables; su valor está exclusivamente en que los maestros y educadores puestos por el Estado ven su trabajo simplificado y se evitan pensar y la experimentación.

Como consecuencia de aquel error pasan muchos hombres por “normales”, y hasta por representar un gran valor social, que están irremisiblemente locos, y a la inversa, tienen a muchos por locos, que son genios. Nosotros completamos por esto la psicología defectuosa de la ciencia con el concepto que llamamos arte reconstructivo. Al que ha experimentado la descomposición de su yo, le enseñamos que los trozos pueden acoplarse siempre en el orden que se quiera, y que con ellos se logra una ilimitada diversidad del juego de la vida. Lo mismo que los poetas, crean un grama con un puñado de figuras, así construimos nosotros con las figuras de nuestros yos separados constantemente grupos nuevos, con distintos juegos y perspectivas, con situaciones eternamente renovadas.

Fue entonces que pasó algo mágico. Hesse, cogió las figuras del ajedrez, las figuras que encarnaban a los ancianos, a los jóvenes, a los niños y las mujeres, a la nobleza. Todas las piezas; las alegres, las tristes, las vigorosas y las débiles, las ágiles y las pesadas; las ordenó con rapidez sobre el tablero formando una combinación, en la que aquellas se reunían al punto en grupos y familias, en juegos y en luchas, en amistades y en bandos enemigos, reflejando el mundo en miniatura. Ante nuestros ojos hizo moverse un rato al pequeño mundo lleno de agitación, y al mismo tiempo tan en orden; lo hizo jugar y luchar, concertar alianzas y librar batallas, comprometerse entre sí, multiplicarse; era en efecto un drama de muchos personajes, interesante y movido.

Luego pasó la mano con un gesto sereno por el tablero, tumbó suavemente todas las figuras, las juntó en un montón y fue reconstruyendo, con las mismas figuras un juego completamente nuevo, con grupos, relaciones y nexos diferentes en absoluto. El segundo juego se parecía al primero; era el mismo mundo, estaba compuesto del mismo material, pero la tonalidad había variado, el compás era distinto, los motivos estaban subrayados de otra manera, las situaciones, colocadas de otro modo.

Esto es arte de vivir –dijo Hesse- Usted amigo Zweig puede ya de aquí en adelante seguir conformando y animando, complicando a su capricho el juego; está en su mano.

Así como la locura, en un grado superior, es el principio de toda ciencia, así es la esquizofrenia el principio de todo arte, de toda fantasía. Hay sabios que se han dado cuenta ya de esto a medias, como puede comprobarse, por ejemplo en El cuerno maravilloso del príncipe, un libro encantador, en el cual el trabajo penoso y aplicado de un sabio es ennoblecido por la cooperación genial de artistas locos y encerrados en manicomios.

Locuaz Herman prosigue: durante la guerra, mi primera esposa María Bernoulli enfermó y presentó, varios episodios de esquizofrenia. Yo me encontraba inmerso en una severa crisis emocional, por mi divorcio, por la recién muerte de mi padre y la enfermedad de mi hijo. Recurrí al análisis, primero con Joseph Bernhard Lang, después me atendió su maestro, Carl Gustav Jung. Durante este tiempo de mi psicoanálisis, pinte y escribí un diario de sueños.

Estefan lo interrumpe y explica: en los albores de la humanidad, una de las primeras ciencias fue la interpretación de los sueños: antes de cada batalla y de cada decisión, después de una noche transida de sueños, los sacerdotes y los sabios examinan e interpretan sus imágenes como símbolos de un bien próximo o de un mal inminente.

Antes de Freud, el mundo era realmente diferente. Gracias a él, hoy sabemos que los sueños son la clave, para saber de nuestro inconsciente. Ningún carece completamente de sentido, todos tienen, en tanto que actos psíquicos perfectamente válidos, un significado determinado. Son la revelación, no de una voluntad superior, divina y sobre humana, pero sí de la voluntad más íntima y secreta del hombre. El psicoanálisis ha sabido acercar al hombre a su propio Yo más que cualquier otro método espiritual anterior.

El siquiatra, dramaturgo y novelista Arthur Schnitzler conteporaneo de Freud y asiduo visitante del Café Griensteild escribio:

Y acuérdate que cada noche nos fuerza
A descender a un mundo desconocido,
Privados de nuestra fuerza y, nuestra riqueza ...
Pues toda la abundancia y las adquisiciones de la vida
Tienen poco peso frente a los sueños,
Que nos encuentran inertes al dormir.

Freud lo consideraba su alma gemela y dijo; “Schnitzler recorre un camino paralelo a mi propio desarrollo. El expresa poéticamente lo que yo intento comunicar científicamente”

Hesse se dirige a Zweig: Con Jung viví una difícil situación que apenas podía soportar, la conmoción de un análisis doloroso, porque llega hasta el tuétano. Me habría gustado continuar el psicoanálisis con Jung, pues tanto por su intelecto como por su carácter es una persona espléndida, llena de vida, genial. Le debo mucho y me alegro de haber podido estar con él durante ese tiempo.

A partir del análisis de mis sueños descubrí el concepto de arquetipo, en ellos se hacían evidentes la presencia de imágenes y símbolos que no podían emanar de mi experiencia personal. Cada uno de nosotros contiene el ser total del mundo, y del mismo modo que nuestro cuerpo integra toda la trayectoria de la evolución. Entendí que yo deseaba tratar de vivir aquello que intentaba salir de mi interior. Nunca deje de ser un adolescente con sentimientos de extrañeza; de sentirme ajeno en un mundo de normas y compromisos y estructuras sociales y familiares que me resultan, desoladoras e incomprensibles.

La facultad de saber sufrir es más que la mitad de la vida, y de hecho, es toda la vida. Se sufre al nacer, se sufre al crecer; la semilla soporta la tierra, la raíz sufre la lluvia, el capullo sufre el florecimiento. Y de la misma manera, el hombre sufre su destino. El destino es tierra, lluvia y crecimiento. El destino duele. Nada le es más desagradable a un hombre que tomar el camino que conduce a sí mismo.



En esta mesa se jugó el Campeonato del Mundo Emanuel Lasker contra Carl Schlechter en 1910

En esta mesa se jugó el Campeonato del Mundo Emanuel Lasker contra Carl Schlechter en 1910  en el Café Viena a Marie Puente Rotenturmstraße 31 –Foto Museo de Viena-




Zwieg lo interrumpe: para nosotros el crear es una lucha continua entre la consciencia y la inconsciencia. Sin estos dos elementos no puede realizarse el acto artístico.

Hesse retoma su discurso: analicé con Jung mi infancia, que tenia puntos de contacto con este clínico suizo. Los dos tuvimos padres con delirios religiosos, sufrimos los abusos de una educación severa, tan rígida que intentaban romper a toda costa nuestra voluntad, nos hacía contemplar como un bálsamo la idea del suicidio.

En mi juventud huí del seminario, transité por diferentes instituciones y escuelas. Durante nuestra etapa de formación nuestros maestros servían a los mismos intereses, nos indicaban constantemente qué hacer, qué evitar; anulando nuestras propias elecciones, invalidando nuestras disposiciones, con mecanismos de represión, ejerciendo un férreo control.

La rigidez de los métodos; la desmedida ambición de nuestros padres, la inconsciencia de los maestros y la esterilidad de un sistema, se ensañaba sin compasión con nuestra alma y marchitaba nuestra alegría de vivir.

La responsabilidad, el trabajo lo aprendí de la conducta de mi padre, pero las secuelas son mi obsesiva conducta, la depresión, los sentimientos de culpa, de inferioridad, y la migraña.

A nuestros padres y preceptores, les importaba sobre todas las cosas, la esperanza que depositaron en nosotros, que se traducía en el triunfo académico; sin interesarles sin fracasábamos como seres humanos. Si deseábamos que nuestros padres nos quisieran, debíamos portarnos “bien”

Perdíamos primero la sensibilidad y más tarde, el equilibrio emocional. Recuerdo ese mundo en la escuela de latín en Göppingen, donde estudie, donde se aprendía a obedecer.

El análisis con Jung me permitió la reintegración, recuperar la personalidad que de alguna manera perdí con mis padres y educadores. Recupere una identidad intelectual propia.

Personalmente el análisis me sirvió, como lo hizo la lectura de algunos libros de Freud y de Jung. Hoy soy un hombre que busca, pero no busco ya en las estrellas ni en los libros: comienzo a escuchar las enseñanzas que mi sangre murmura en mí.

Mi historia, usted lo sabe Sweig, no es agradable, no es suave ni armoniosa como las historias inventadas; sabe a insensatez y a confusión, a locura y a sueño, como la vida de todos los hombres que no quieren mentirse más a sí mismos.

Stefan Zweig rememora: el liceo Wasa-Gymnasium, a su odiado instituto a donde concurrió durante ocho años y a sus profesores: Nuestros maestros no eran ni buenos ni malos, ni tiranos ni compañeros solícitos, sino unos pobres diablos que, esclavizados por el sistema y sometidos a un plan de estudios impuesto por las autoridades, estaban obligados a impartir su "lección” igual que nosotros a aprenderla.

Ellos, se sentían tan felices como nosotros cuando, al mediodía, sonaba la campana que nos liberaba a todos. No nos querían ni nos odiaban, aunque tampoco había motivos para ninguno de estos sentimientos, pues no sabían nada de nosotros; aun al cabo de varios años, con excepción de unos pocos, seguían sin conocernos por el nombre.

Se sentaban arriba, en la tarima, y nosotros, abajo; ellos estaban allí para preguntar y nosotros, para contestar; aparte de ésta, no existían entre los dos colectivos relación alguna. Y es que entre el maestro y el alumno, entre la tarima y los bancos, entre el Alto visible y el Bajo igual de visible se levantaba la invisible barrera de la "Autoridad" que impedía cualquier contacto. A mi juicio, nada resulta más característico que la total falta de relación que, tanto en el terreno intelectual como en el anímico, existía entre nosotros y los maestros.

Me he olvidado de los nombres y los rostros de todos ellos. A lo mejor porque siempre permanecimos ante ellos con los ojos bajos. Pero sí recuerdo la tarima y el diario de clase, al que siempre intentábamos echar una mirada con el rabillo del ojo porque en él se registraban nuestras calificaciones.

Stefan pregunta a Herman ¿Joseph Bernhard el psicoanalista, alumno de Jung, es Pistorius, en tu novela? Supongo que las charlas terapéuticas que se reproducen en su libro “Demian”, son tus propias vivencias. La obra está llena de referencias al simbolismo psicoanalítico de Jung.

Herman asiente y continúa: todas las sesiones ayudaban a raspar pieles de mí, a romper cáscaras de huevo, y después de cada una la cabeza se alzaba un poco más, algo más libre, hasta que mi pájaro amarillo eclosionaba como un hermoso pájaro con cabeza de depredador saliendo de la destruida cáscara del mundo.

El camarero me trajo una tarta de chocolate, la especialidad de la casa. Solícito, me comentó, sí deseaba una mesa que se había desocupado. Le agradecí su gentileza y él se retiro. Así que por paladear la tarta, me perdí parte de la charla.

Oí decir a Hesse: a comienzos de la Primera Guerra Mundial escribí un artículo que se publico en el periódico suizo Neue Zürcher Zeitung titulado “Amigos, no en ese tono”, solicitaba a los intelectuales alemanes a ocuparse menos de la disputas nacionalistas y a demostrar más humanidad. El resultado fue el acoso, el odio y el rechazo. Fueron días terribles y difíciles, los días de la guerra, fueron de lucha, sufrimiento y soledad, nunca me fue perdonado en Alemania haber adoptado una actitud crítica hacia el patriotismo y el militarismo. No reniego del patriotismo, pero primeramente soy un ser humano, y cuando ambas cosas son incompatibles, siempre le doy la razón al ser humano.

Cuando el intelectual se siente obligado a participar en la vida política, cuando el curso de la historia lo destina a ello, tiene que obedecer irremisiblemente. Ha de oponerse, en cambio, tan pronto sea llamado o presionado por una fuerza externa, por el Estado, algún grupo de generales o quienes detenten el poder, como ocurrió 1914, cuando la élite de los intelectuales alemanes fue, en cierto modo, obligada a firmar manifiestos falaces y absurdos.

La salvación y la continuación de la cultura europea serian posibles reencontrando el arte de vivir y el patrimonio común espiritual. Sigue siendo una incógnita que la religión pueda superarse o sustituirse. Nunca he comprendido con tan inexorable claridad como en los pueblos de Asia que la religión o su "Ersatz" es lo que más profundamente nos falta.

Todo el Oriente respira religión, como el Occidente respira razón y técnica. Nuestra misión como seres humanos es: dentro de nuestra vida propia, única y personal, adelantar un paso en el camino de animal a ser humano

Zweig exteriorizó:

Fui testigo del predominio de los instintos sobre la razón consciente en la psicosis colectiva de la Guerra Mundial: nunca como en aquellos años apocalípticos se había hecho tan horriblemente visible lo tenue que sigue siendo la capa de humanidad que cubre el delirio homicida de los hombres, desenfrenado lleno de odio, y cómo basta una simple sacudida del inconsciente para echar abajo todos los audaces edificios del espíritu y todos los templos de la moralidad.

En estos momentos ha visto sacrificar la religión, la cultura, todo lo que ennoblece y eleva la vida consciente del hombre, al placer más salvaje y primitivo de la destrucción; todas las fuerzas santas y santificadas de la humanidad se han mostrado una vez más infantilmente débiles ante el instinto ciego y sediento de sangre del hombre primitivo.Toda la educación y toma de conciencia de la humanidad resultó impotente frente a su inconsciente.

Carl el ajedrecista sobrellevó los mismos métodos de instrucción que nosotros, después estudio comercio, abandono su trabajo, y se dedico al ajedrez. Pacifista, fue una víctima de la primera guerra, su alma generosa sucumbió ante la barbarie de la destrucción, del desastre y del hambre. Antes de 1914 el mundo pertenecía a todos los hombres; después de la conciencia del mundo quedó anestesiada, ya tan acostumbrada a la inhumanidad, a la injusticia y a la brutalidad como nunca lo había estado. La ciencia avanzó, se renovó. Se uso el gas; las bombas, los dirigibles, los tanques, los lanzallamas, los hidroaviones, los dirigibles y los submarinos. Solo para destruir al otro.

El mundo ya no era el mismo de antes de la guerra. Toda una generación de jóvenes dejó de creer en sus padres, en los políticos y en los maestros: leía con desconfianza cualquier decreto, cualquier proclama del Estado. La inflación, en Austria, duró hasta 1923 con su hambre, su penuria y miseria.

Seguramente el ajedrez como actividad intelectual fue un bálsamo para Carl en los días de la guerra, lo resguardo de los estragos que produce en la psique, la deshumanización. Ciertamente el ajedrez mitigo en Carl, la desdicha de los días de hambre y de las noches de intenso frio. Estoico nunca se lamentó, ni busco la conmiseración de nadie.

Al enfrentarme a la realidad, al mirar a los soldados heridos, en un campamento, se me abrieron los ojos, y miré lo inhumano y lo atroz de la guerra. Deje atrás cualquier vestigio de patriotismo. No deseaba ninguna victoria ni derrota sobre nadie. Hice saber mi enemistad contra la guerra en el mundo.

Hesse asegura: sé de prisioneros que dentro de su cautiverio, el ajedrez fue su amparo. Es el caso de Alekine que jugaba a la ciega con Bogoljubov.

Zweig responde: en el fondo, el atractivo del ajedrez descansa únicamente en el hecho de que su estrategia se desarrolla de distinto modo en dos cerebros; que en esa guerra espiritual, el negro ignora las maniobras e intenciones del blanco, aunque trata continuamente de adivinarlas y malbaratarlas, mientras que el blanco, a su vez, procura adelantarse y frustrar los propósitos inconfesos del negro. Ahora bien, si el negro y el blanco quedaran representados por una y la misma persona, se produciría la contradictoria situación de que un cerebro debería al mismo tiempo saber algo e ignorarlo.

Sería necesario que jugando en función del blanco, pudiese olvidar totalmente, como siguiendo una orden, lo que un minuto antes había querido e intentado representando al contrincante negro. Semejante pensamiento doble supondría en realidad una división absoluta de la conciencia, un abrir y cerrar a discreción de un como obturador del cerebro, similar al de un aparato mecánico; querer jugar contra sí mismo significa, pues, en materia de ajedrez, igual paradoja que saltar sobre la propia sombra.

Mientras Sweig ordena las piezas del ajedrez que Herman desordeno. Hesse le explica a Stefan: Se nos han ido acumulando todo tipo de vivencias que nos unen, yo suelo mecerme de vez en cuando, con placer y gratitud, sobre ese puente colgante, y entonces pienso en usted con un sentimiento de amistad. Alguna vez llegare a saber jugar mejor el juego de las figuras. Alguna vez aprenderé a reír.

Responde Sweig: Me he preguntado sí, llamarle juego al ajedrez, ¿no es limitarle? ¿No es también una ciencia, un arte algo sutil que está suspendido entre uno y otro jugador, como el féretro de Mahoma entre el cielo y la tierra? El origen del juego del ajedrez se pierde en la noche de los tiempos, y, sin embargo, resulta siempre nuevo; su marcha es mecánica, pero su resultado se debe siempre a la imaginación de los jugadores; está estrechamente limitado a un espacio geométrico fijo, y, sin embargo, sus combinaciones son ilimitadas. Persigue un desenvolvimiento continuo, pero permanece estéril. Es un pensamiento que no conduce a nada, una matemática que no establece nada, un arte que no deja obra, una arquitectura sin materia.

Ha demostrado, sin embargo, ser más perdurable, a su modo, que los libros o que cualquier otro monumento este juego único, que pertenece a todos los pueblos y a todos los tiempos, y del que nadie sabe cuál de los dioses hizo don a la tierra para matar el tedio, para aguzar el ingenio y estimular el alma.

Años después, de haber prestado atención a su charla, cuando jugaron al ajedrez Stefan y Hermann, por los diarios me enteré del suicidio de Zweig, así como del premio Nobel de literatura que se le otorgó a Hesse.

La noche anterior a su muerte Estefan había jugado al ajedrez con Gabriela Mistral, recordado la alegría de sus días de juventud, los instantes dichosos de su época universitaria sin universidad, _como Sweig solía decir_ con todo el tiempo libre para leer, para visitar las bibliotecas, los teatros, los salones de música y los lugares de reunión, como fueron los cafés.

Habló del vienés Georg Franz Kolschitzky que por el año 1670 gestiono la primera licencia oficial para vender café en un establecimiento y que nombro: “La botella azul” Menciono a la emperatriz María Teresa de Austria, y la época en que inició la costumbre de poner a disposición de los clientes del café, los diarios de Austria como el “Neue Freie Presse” _donde Alfred Adler, publicó, una defensa de Sigmund Freud, quien fue atacado por este diario, por sus teorías psicoanalíticas_ y la prensa de otros países europeos, así como algunas revistas literarias como “Fackel” que editaba Karl Kraus o con tintes políticos como “Pravda”, que durante los siete años preliminares a la gran guerra imprimió Trotski. Habló de otras revistas antiguas, fuera de circulación, tan releídas como “ Ver Sacrum”.

Así como del periódico judío que versaba sobre el Ajedrez el "Shahtsaytung Erste Yidishe" cuyo redactor fue Gersz Salwe, un notorio ajedrecista y acaudalado industrial, que lidio contra Carl, en varias ocasiones. Una de ellas en Rusia, en este encuentro, Carl creó un genial sacrificio. Lasker menciono que este ofrecimiento de Carl era ventajoso lo aceptara o no Salwe. A esta partida se le concedió el premio de belleza.





Stefan menciono; el Café Griensteidl, a quien Zweig nombraba el “cuartel general de la literatura joven“, también el Café Central de quien Franz Werfel, hizo una descripción: “Inolvidable la primera impresión: ¿por qué es tan inmenso este antro? ¿Y qué luz es ésa?... Un poco, especialmente catedralicia. La bóveda está invadida por una cortina de cigarro (que son las sofocantes emanaciones de incienso de esta iglesia). Un anexo, el salón de ajedrez, da a la calle. Allí cae un impertinente, molesto, hiriente golpe de sol veraniego”.

Alfred Polgar reseñó la dinámica de los sus parroquianos del Café Central, dijo; “Gente que necesitaba de la soledad, pero en compañía. La ausencia de una relación íntima entre los asiduos de los cafés, se convierte de tal manera en una relación en sí misma, el vínculo que establecen todos aquellos que tienen como objetivo común matar el tiempo antes de ser consumidos por su paso“

A este lugar asistían: Arthur Schnitzler, Alfred Adler, Alfred Polgar, Peter Altenberg, Leon Trotsky , el propio Sweig; y tantos ajedrecistas, como: Savielly Tartakower y su hermano, así como: Rudolf Spielmann, Richard Reti, Ernst Grünfeld, Heinrich Wolf y Milan Vidmar, que al Café se le conocía también como: “La escuela de ajedrez“.

Nombró otros lugares, adonde acudían otros ajedrecistas, como fueron el Café Frey, la cafetería Laudon y el Café del Museo, con su soberbia sala de los espejos. Y describió los cafés; Landtmann, el predilecto de Freud; el Sperl con su perfecta y bella sala de billar. Por donde desfilaron artistas, escritores, pintores, arquitectos, compositores, músicos, militares y actores. El Café́ del Hotel Sacher, donde se podía paladear la deliciosa receta de la tarta de chocolate, 

creada por Franz Sacher.


Reinhold Völkel – Café Griensteidl en Viena (1896)


Reinhold Völkel – Café Griensteidl en Viena (1896)

En un momento menciono que Carl Schlechter, visitaba algunos de estos sitios de reunión, de lectura y de alegría, con sus polkas, sus valses, y sus originales debates. Donde las ideas nuevas, suscitaban eternas discusiones.

Sweig historió que Josef Hrdina, un rico industrial, mecenas del ajedrez y ajedrecista se enfrentó a Carl Schlechter en Viena, durante la quinta edición del torneo en memoria de Leopold Trebitsch. _ Schlechter gano seis de los nueve primeros torneos Trebitsch_

Se acordó de su primer viaje a la ciudad de Nueva York, de su encuentro casual, -en la calle donde se situaban las oficinas del “El Sol” un periódico de Nueva York, - con el ajedrecista Samuel Gold; quien fue el único maestro de ajedrez que tuvo Carl, y que ya arraigado en esta ciudad, publicaba sus problemas de ajedrez en este diario. Se ufano de los tres problemas de ajedrez que esa ocasión le autografió Samuel.


Lasker-Schlechter 1910

Lasker-Schlechter 1910

Zweig contó: en Carl vivía esa dualidad que nos acompaña en nuestra vida. Su juego expresaba la tranquilidad de un juego posicional, la de un felino que con paciencia, persiste a la espera de un desliz; pero en otras partidas, cuando se decidía, era un lince, excesivamente preciso, contundente y resuelto en su ataque.

Estefan prosiguió: Cuando Lasker en el trascurso del match nunca pudo asaltar la posición defensiva de Carl, cuando la aparente fragilidad de Carl, había logrado sobre el campeón, partida a partida, una importante ventaja psicológica, contrario a lo esperado, Schlechter arremete con ímpetu en contra de Lasker, jugando al todo o nada, logrando una posición privilegiada.

En ese preciso instante, su personalidad moderada, le hubiese asegurado un empate y la corona. Pero su inconsciente, le exige conducirse con honor, y con arrojo. Siendo el mejor vienes, en el arte de la defensa, deja atrás su hábito de jugar a lo seguro. Y reta la mirada penetrante, de los ojos negros de Lasker.

Los más de 400 espectadores que pagaron un boleto, entre ellos muchos vieneses que se trasladaron a Berlín, se encuentran electrizados, respirando la densa nube de humo, procedente de los cigarrillos y los puros encendidos; saben que por primera vez Lasker, se encuentra contrariado, por el oprobio de su desventaja.





Carl los mantiene en la cuerda floja y les eriza el pelo, mirar como el retador, se vuelve impulsivo y se expone, intentando establecer que es un vencedor. La sobreexcitación proviene, porque están al tanto, de que Carl tiene asegurada la corona con un empate, y no desean que esta oportunidad se desvanezca por la imprudencia, pero en cambio les emociona la dignidad del vienes, la posibilidad que Schlechter venza por segunda vez al Campeón. Pasiones contradictorias que provocan la aceleración del pulso y el estremecimiento de la multitud.

El subconsciente de Carl lo impulsa, lo traslada de un error a otro, durante dos fatigosos días, para finalmente forzado por Lasker, cambiar las damas y perder la partida, dejando escapar, ese momento estelar de la gloria, que pocas veces se muestra en la vida.

Esa dualidad hace que un ser pacifico y justo, se indigne, se subleve cuando se le otorga a Lasker un reloj de oro, que Hugo Jackson, dueño de un negocio de arte en Berlín, -el mismo donde Zweig encontró el broche de plata en forma de un tablero de ajedrez- donó como premio al vencedor del encuentro.

Schlechter enardece, porque para él no existe un vencedor, ni un perdedor dentro del encuentro y se rehúsa a participar en la ceremonia de clausura. Esta honorabilidad –continuó Stefan- fue constante en todos sus actos, cuando él sabía que su oponente requería de unas tablas, su cortesía las concedía, incluso en las posiciones donde tenía ventaja. Como un vienes de la época lo impulsaba un sentimiento de la justicia y la búsqueda de la verdad.

Su beneplácito fue jugar al ajedrez, y durante los encuentros, no humillar, ni rebajar a nadie. Nunca se aprovecho de ningún tipo de ventaja. Jamás jugó con superioridad de tiempo, restaba este a su reloj, si el oponente llegaba tarde a la partida. Siendo un caballero rompió más de una lanza por los ajedrecistas más jóvenes. Carl era un ser excepcional, culto y de una conversación brillante. Contó, que había pasado gratas horas, resolviendo los problemas de ajedrez ideados por Schlechter

Rememoró Viena, la capital cultural de Europa Central en la que convivían más de 50 millones de habitantes de 15 nacionalidades. Sus ojos se humedecieron al hablar de su tierra natal, de su gente, con su tranquilo y noble estilo de vida. Sus ojos se humedecieron al hablar de su tierra natal, de su gente, con su tranquilo y noble estilo de vida

Charló amenamente con Gabriela Mistral sobre la novela “La marcha Radetzky” texto de su amigo Joseph Roth una narración nostálgica del derrumbe de la Monarquía Austrohúngara, que para Roth también significó; un volver atrás, en la historia de la humanidad.

Y narró su intento de escribir una autobiografía cuyo título tentativamente fue: “Mis tres vidas”, pero melancólico le confesó a Gabriela que su vida carecía de interés y que en cambio había terminado una obra; “El mundo de ayer “donde hablaba de Austria; de las personas que había conocido y de los sucesos que vivió, de una geografía y de un tiempo que ya no retornaría.

Stefan señaló: Antes de morir Freud le escribí: tenemos que permanecer firmes, no tendría sentido morirse sin haber visto el descenso de los criminales a los infiernos. _el escritor se refiere a los nazis, a quien Joseph Roth amigo de Zweig acusó de haber instaurado “la filial del infierno en la tierra”_ hoy de eso, ya no estoy tan seguro. Estoy profundamente empobrecido por dentro. Concluyó el literato.

Habló sobre su trastorno ciclotímico, _maniaco depresivo_ que conllevó, lo mismo que Freud y expuso: mi depresión, auspicia mi recogimiento solitario; es un ingrediente positivo, la antesala sobre la que surge mi proceso creativo, con capacidad para tolerar la espera sin concluir; continuar por días investigando, para ampliar el conocimiento, postergar el deseo de concluir la obra, y a la vez prosperando en el proceso azaroso de la creación.

Quizá fue su último momento de alegría, el recordar a una tía suya que en la noche, de su luna de miel, huyó despavorida a casa de sus padres horrorizada porque su marido había pretendido desnudarla; actitud que contrastaba -aludió el escritor- con la de Alma Marie Schindler , esposa de Gustav Mahler director de la Ópera de Viena, y quien se relaciono eróticamente, con los más grandes intelectuales de la época.

Gustav Mahler convino con el doctor Sigmund Freud presentarse en su consulta, para tratar la neurosis que padeció a raíz de la infidelidad de Alma su atractiva esposa, mucho más joven que el compositor. Me parece que mi tía, también requería de un maratónico análisis. Remato Sweig con una sonrisa.

Luego regresó a su casa y escribió varias cartas de despedida, una de ellas a su primera esposa Friderike Maria Burger von Winternitz dando las razones por las que había decidido quitarse la vida junto a su segunda mujer Elisabeth Charlotte Altmann:

“Cuando recibas esta carta yo me sentiré mucho mejor que antes. Ya viste cómo estaba en Ossining y cómo después de haber pasado una temporada buena y sosegada mi depresión se hizo mucho más aguda... sufría tanto que no era capaz de concentrarme. Y luego, la seguridad -única seguridad que teníamos- de que esta guerra va a durar años, de que pasarían muchísimos años más antes de que nosotros, dada nuestra situación especial, pudiéramos volver a instalarnos en nuestro hogar; cuán deprimente todo ello nos resultaba.

Petrópolis, al principio me gustaba mucho, pero no tenía los libros que necesitaba y la soledad, que me había causado un efecto sedante, había empezado a ser intolerante, opresiva. La idea de que mi obra cumbre. El Balzac, no llegaría nunca a terminarse al no poder disfrutar de dos años de vida sosegada y de todos los libros que precisaba, me resultaba muy dura, y me desesperaba también esta guerra, que todavía no ha llegado a su punto culminante. Me sentía demasiado fatigado para soportar todo eso. Estoy seguro de que tú llegarás a ver otros tiempos mejores, y me darás la razón: que comprenderás cómo yo, con mi hígado negro, no he querido esperar más.

Estas últimas líneas son para ti, en mis últimas horas. No puedes imaginar la plácida alegría que me ha invadido desde que he tomado tal decisión. Exprésales mi afecto a tus hijas, y no me compadezcas. Ten presentes al buen Joseph Roth y a Rieger, y no olvides lo mucho que yo siempre me alegré por ellos de que no tuvieran que sufrir las duras pruebas por las que nosotros hemos pasado. Ten coraje, ahora sabes que estoy tranquilo y feliz

Con mi amor y amistad, Stefan”

Después de la muerte del escritor, Gabriela Mistral comunicó a los amigos de Zweig, que cuando hablaba con el escritor, de la guerra le caía al rostro una tristeza sin límites que lo envejecía de golpe. Su repugnancia de la violencia era no sólo veraz; era absoluta. Y repetía: "No somos sino fantasmas o recuerdos".

Dos años después de su suicidio se publicó su texto: “Novela de ajedrez” donde narra la barbarie de la tortura, de la presión que ejerce, el total aislamiento, en el ser humano, tratando de vencer su espíritu, precipitándolo a la nada. Únicamente el ajedrez liberta la mente del protagonista, de la hondura que lo enloquece.

El relato es magistral, ausente del mismo; lo confuso, la ambigüedad, lo innecesariamente morboso. El relato se mantiene siempre, página tras página en el mismo nivel de estremecimiento, arrastrando al lector hasta la última línea sin dejarle tiempo para tomar aliento. Como le gustaba escribir a Zweig.


Café central


He regresado a Viena, al Café donde compartieron Sweig y Hesse y advertí a dos japoneses, portando sus cámaras fotográficas, colgadas al cuello, sentados jugando al ajedrez, en el misma parte donde lo hicieron los escritores.

Pague la cuenta y salí a la esquina Strauchgasse- Herrngasse. Llovia, voltée para mirar una vez más el café. Caminé por las calles de Viena. El Danubio ha perdido su azul por la contaminación. Nadie recuerda a Johann Strauss.



La ciudad con su smog y su rápido tráfico, es una metrópoli, donde la sombra de Zweig, solicitando por la calle un autógrafo, y la época romántica del ajedrez pertenecen al pasado. Son cenizas, su fragancia es la añoranza.

Recordé las palabras de Zweig: “Los libros sólo se escriben para, por encima del propio aliento, unir a los seres humanos, y así defendernos frente al inexorable reverso de toda la existencia: la fugacidad y el olvido".