viernes, 17 de julio de 2015

El Hombre más odiado en Islandia


Cuando un hombre triunfa en un Campeonato Mundial irrumpe en la fama y se inmortaliza. Bobby Fischer siempre fue noticia, por las exigencias y excentricidades que protagonizó a lo largo de la disputa por el centro mundial del ajedrez, ante Boris Spassky. Ejemplo de ello fueron sus reclamaciones de cambiar al árbitro designado, su empeño en elegir el modelo de tablero, su ausencia en la ceremonia de inauguración, su incomparecencia en la segunda partida contra Spassky.

Posteriormente su renuncia a competir contra Anatoli Karpov y su retirada durante años del escenario del ajedrez.

Este miedo a un fracaso, ante Karpov y perder su aureola de invencible, forjó la leyenda de Fischer, el mito del campeón que se retira en plena gloria y que los medios se encargaron de glorificar, más allá del propio genio y de los incuestionables meritos de Fischer.

Nunca desde entonces los medios tanto periodísticos, como de radio y televisión, dentro del ámbito mundial se concentraron tanto en la difusión de un encuentro de ajedrez, como en aquellos lejanos años de un “boom” ajedrecístico sin precedentes, que fue alentado por Estados Unidos al intentar ganar una lucha ideológica y de propaganda. Nunca más, un match de ajedrez, ha sido un Asunto de Estado. La lucha entre el bien y en mal.

Nunca antes y después, se vendieron en el mundo tantos ajedreces, libros y revistas de ajedrez. Nunca antes, ni después, la gente común estaba al pendiente de cada jugada del ídolo en que se convirtió Bobby Fischer.

Solo comparable en términos publicitarios, con la guerra de propaganda que protagonizaron la URSS y EEUU por la conquista del cosmos. El apoyo de Estados unidos por terminar con la supremacía Rusa en el juego ciencia fue inusual (ambas naciones se jugaban un mal entendido prestigio patrio).
Ambas naciones ansiaban tener un héroe de la guerra fría, por ello Fischer atrajo la atención de las masas y del imaginario popular. Algún diario de ese entonces afirmó: “La derrota de Spassky sería considerada un gran retroceso nacional: un spútnik en marcha atrás”

En ese entonces ante las innumerables exigencias del genio, se comentó: Falta que Fischer pida que el sol se ponga tres horas antes. Reykiavik. Islandia recibió el match con frenesí, pero luego se encrespó ante los desplantes de Fischer, a quien los diarios llegaron a calificar como "el hombre más odiado en Islandia”

La intervención de Kinsinger logró que cesaran las interminables manías y caprichos de Fischer. Pudiendo concretar al fin: "El match del siglo", como se le nombro a la disputa por el trono del Campeón ruso Spassky

Estos cientos de exigencias, se repitieron años después en Yugoslavia. Antes del inicio de su match-revancha con Spassky, un ejemplo es: pedir 14 camisas a medida, iguales a las que utilizó en Reykiavik.

Años después de su retiro, los oscuros paulatinamente poblaron su mente del Fischer, hasta hacer de aquella leyenda viva, un ser andrajoso, de verborrea hiriente, y deschavetado.

El periodista yugoslavo Béljica autor de varios libros sobre ajedrecistas, menciono haber acompañado a Fischer al cine, la noche antes de una partida de ajedrez, que Fischer disputaría.
La película que proyectaban estaba basada en la vida del genial pintor holandés Van Gogh, (el pintor Vincent Van Gog, quien a lo largo de su vida fue un neurótico, en un acto de locura, en Arles, Francia, se cortó una oreja. Finalmente su inestabilidad emocional, lo hizo terminar con su existencia).

Cuando salieron del cine, Fischer dijo a su acompañante: "Si no le gano mañana a Smyslov, me corto una oreja” La pregunta que viene a la mente es ¿Lo hubiese cumplido de no triunfar?

Infancia es destino y el mejor diagnóstico lo dio el propio Fischer al asegurar: "Los niños sin un padre se vuelven lobos" Fischer creció como un animal solitario; hosco y rebelde, creció creyendo que su padre, al que casi nunca vio, era Gerhardt Fischer, que oficialmente en los documentos aparecía como el progenitor de Bobby.

Gerhard Fischer biofísico alemán, había luchado contra los fascistas durante la Guerra Civil Española en el año 1930. Gerhard se casó con Regina madre de Bobby, en Moscú (los dos fueron comunistas), donde ella había estudiado algunos años de medicina. Los padres de Regina fueron polacos judíos. Tiempo después Regina y Gerhard se separaron.

Unos afirman que antes del nacimiento de Bobby, otros que cuando él contaba apenas con dos años. El FBI presumía que Gerhardt era un agente soviético. Regina abandono Rusia, viviendo en varios estados de Norteamérica, hasta llegar a Nueva York. Trabajó como enfermera y mucho tiempo después a los 55 años, se recibió de medico en Alemania. Durante estos años Regina fue objeto de una estrecha vigilancia que duró treinta años por parte del Buró de inteligencia, por sospechar de ella un activismo comunista.

El padre biológico de Fischer fue en realidad, el científico húngaro Paúl Nemenyi quien trabajó en el proyecto Manhattan para hacer detonar la bomba atómica, según supo Bobby años después. Con una madre inestable, divorciada, que trabaja doble turno, Fischer creció falto de amor, tanto paterno como materno. Es la madre quien asume el papel de proveedora, a cambio del abandono afectivo del hijo. Su hermana Joan, prácticamente crió a Bobby.

Joven Bobby Fischer y Jack Collins jugando ajedrez en su casa c 1956-1958
Joven Bobby Fischer y Jack Collins jugando ajedrez en su casa c 1956-1958
Foto: Colección del Salón de la Fama Mundial de Ajedrez

Fischer nunca se adaptó bien al sistema escolar de la ciudad de Nueva York. Fue expulsado de una escuela pública en Manhattan cuando pateó al director del centro escolar.

Durante la infancia de Bobby y su adolescencia su madre consultó a diferentes profesionales de la salud mental, uno de ellos fue Ariel Mengarini, un psiquiatra de Nueva York y Gran Maestro de ajedrez, acerca de cómo frenar la obsesión por el ajedrez de su hijo.

Mengarini le respondió: "Puedo pensar en muchas cosas peores que dedicarse al ajedrez y le aconsejo usted que debe dejarlo encontrar su propio camino” Regina recibió una respuesta análoga de Harold Kline, quien vio a su hijo en la división de psiquiatría infantil del Hospital de Brooklyn.
El psicoanalista Rebuén Fine señala en su libro “Conquista Bobby Fischer el Campeonato del Mundo” que Regina consultó con él varias veces, poco después de que su hijo ganó el campeonato juvenil en 1956 de los EE.UU. a la edad de 13 años.

Fine cuenta: "Cada vez que jugaba al ajedrez con Fischer lo hacía durante una hora o dos. Con el fin de mantener esta relación con él, tenía que ganarle y lo hice. Fischer se ponía furioso después de cada encuentro, murmurando: que era sólo por suerte”.

“Tenía la esperanza de que podría ayudarle a desarrollarse en otras direcciones. Comencé una conversación preguntándole que es lo que estaba haciendo en la escuela. Tan pronto como mencione la escuela, se puso furioso y gritó: "Tú me has engañado" y acto seguido se marchó. Años después, cuando me encontré con él, en los clubes o torneos, me miraba con enojo, como si yo le hubiera hecho algún daño inconmensurable”.

En su libro sobre Fischer, Reuben Fine menciona que durante muchos años, los jugadores de ajedrez se acercaron a él con la solicitud de tratar de ayudar a Bobby de sus problemas personales, quien era socialmente torpe, provocativo e infeliz. "

¿Fischer culpó a su madre, por la huida de padre? Quizás conteste la pregunta, lo dicho alguna vez por Bobby "Todas las mujeres son débiles. Son estúpidas comparadas con los hombres. Nunca deberían jugar ajedrez", o frases como: “Si yo soy judío, sólo lo soy por parte de mi madre".
¿No son estos sentimientos hostiles por las mujeres, causados por el abandono afectivo de la madre? Posteriormente Bobby alejó a su madre definitivamente de él.

En 1972, con motivo de la partida con Spassky se presentó en Islandia la madre de Fischer, disfrazada con una peluca rubia, asistió como un aficionado más. "No tengo más remedio que permanecer agazapada, como una figura en la sombra, y me conformo con ello" Le confesó Regina a Joan Rodker: periodista, fotógrafa y cineasta, una antigua amiga de sus años en Moscú.

¿Fischer buscó figuras paternales que recompensasen su dolor? "Odio decir cosas personales contra la gente, pero su padre fue mi amigo hace muchos años, me llevó a ver los partidos de los Knicks, actuó conmigo como un padre y luego, más tarde, como una típica culebra judía, dijo las peores cosas de mí". Le soltó -Fischer a bocajarro- en Islandia, en una conferencia de prensa a Jeremy Schaap, al mencionarle este, en una pregunta a su progenitor.

Bobby buscó psicológicamente a su padre, en Hitler y el nazismo, lo busco en la religión, en la secta Worldwide Church of God, que también lo desamparo, llevándose todo su dinero.

"La tragedia de Fischer probablemente haya sido sus impresiones irreales del mundo exterior expresó Mijaíl Botvnik. Y, yo agrego, originada por una infancia, de escucha de noticias rocambolescas, de intrigas y peripecias por el activismo de la madre. Por la vigilancia y la persecución, por parte del FBI, que incluso le dificultaron a Regina conseguir un trabajo (otro elemento de esta vida familiar, sujeta a la paranoia), Fischer vivió en la desatención emocional y en la penuria.

En una carta de 1952 Regina explica que no podía ni permitirse remendar los zapatos rotos del muchacho. Boby sufrió el abandono físico del padre y el afectivo de la madre. Cuando Bobby cumplió los 16 Regina decidió dedicarse a estudiar medicina y dejó solo a su hijo en el apartamento que compartían en Brooklyn, justificándose a sí misma, con el argumento: "Estará mejor solo, sin que yo le esté diciendo todo el tiempo que haga los deberes, que coma o que se vaya a la cama antes de la una de la madrugada" y menciono "Estoy cansada"

En esos tiempos Fischer vivió en un total caos, en el desorden de un cuarto sucio, con las ropas tiradas por el departamento. Bobby dormía cada día, en diferente cama y en cada una, había un juego de ajedrez.

En esta adolescencia Bobby dio muestras de su ordinariez y descortesía cuando llamo: “pandilla de cerdos” a los rusos. Esto ocurrió en el Club de Ajedrez de Moscú.

Al cumplir 20 años Fischer participó y ganó el interzonal de Estocolmo, calificándose para el torneo de candidatos a jugarse en Curazao, tras un mal desempeño en tal menciona justa. Fischer no encontró otra explicación a su mala actuación que acusar a los soviéticos ( a Petrosian, a Keres, a Geller de amañar las partidas).

Su creencia que era invencible lo llevó a suponer que fue víctima de una conspiración: "El control ruso del ajedrez ha llegado a un punto en que no puede existir competición honesta por el campeonato del mundo" dijo Bobby.

Bisguir narró que después de capturar Fischer a un insecto, dentro de su cuarto, Bobby se dedicó a propinarle varios golpes en cada una de sus patas. Comentando: “Daba miedo, de no haber sido un jugador de ajedrez, podría haber sido un peligroso psicópata”.

El talento heredado por los padres (la madre hablaba 8 idiomas) y el oportuno regalo de su hermana de un ajedrez, dio origen a la pasión por el juego ciencia en Bobby. Los niños pueden perfectamente aparentar o imitar el actuar desinteresadamente, y lo hacen para obtener la aprobación de los padres, pero el centro del universo de cualquier niño es él mismo.

Ante el abandono, se reforzó este destino egocéntrico. Enfatizó el desarrollo de sus capacidades y aptitudes, diferentes a aquellas que representaron las personas en su medio ambiente temprano y se refugió en ella. Su propia madre, después de que se proclamara campeón de ajedrez de Estados Unidos con sólo 14 años, lo describió como "un chico temperamental y solitario, incapaz de hacer amigos de su edad, y sin ningún otro interés en la vida, que las torres, los alfiles y los peones".
Cuantos casos conocemos de antisemitas, misóginos, misántropos, racistas, intolerantes, fundamentalistas y paranoicos, como lo fue Fischer, que se suman a la letrina de la historia.

El ajedrez rescató a Fischer de este destino. Lleno su imaginación y su fantasía, su vació afectivo en la niñez, y le dio la oportunidad a pesar de los pesares de inmortalizarlo, a pesar de haber apostrofado en 1997 “El ajedrez no es más que una forma de masturbación mental” y dejar atrás su propia frase tan conmemorada de que: el ajedrez no era como la vida sino que era la misma vida.

En alguna oportunidad un periodista hizo la siguiente pregunta a Fischer si le molestaba concentrarse de una manera tan obsesiva en el ajedrez. Fischer admitió que era un problema: “porque cuando eres jugador de ajedrez dejas de estar en contacto con el mundo real. De vez en cuando en pensado en dejarlo, pero siempre me he dicho que otra cosa podría hacer”

El ajedrez le otorgó a Fischer junto con su afición al Rhythm & Blues género musical derivado del jazz, el gospel y el blues, quizá los únicos momentos felices de su angustiada vida.


Bobby Fischer


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