viernes, 1 de enero de 2016

Quienes jugaron ajedrez… Vladímir Dmítrievich Nabókov segunda parte



Quienes jugaron ajedrez… Vladímir Dmítrievich Nabókov (y 2)



El amor es un retorno al pasado.


"Una belleza rusa", "Un lance de honor"," El Elfo Patata"

Cuentos juveniles escritos por mí en ruso en el exilio de Berlín.

La literatura comenzó con una gran mentira nació el día en que un chico llegó gritando el lobo, el lobo, sin que le persiguiera ningún lobo. Grandes novelas lo son: Mansifield Park, la desolada, Madame Bovary, El doctor Jekyll y Mr. Hyde, Por el camino de Swan, La metamorfosis, y Ulises. ¿Cuál cree usted que sea su tarea como escritor?

La misión de este escritor es el simple acto subjetivo de reproducir con tanta fidelidad como sea posible la imagen del libro que tiene en su mente. El lector no tiene por qué saber y, de hecho, no puede hacerlo, cuál es esa imagen, no puede distinguir qué tan fiel es el libro a la idea que el autor tiene en su cabeza. Es decir, el lector no tiene por qué molestarse con las intenciones del autor, y al autor nada le importa si al comprador le gusta lo que consume.

¿Que significa para usted la labor de escribir una novela?

Placer y agonía mientras compongo la trama en mi mente. Irritación aguda cuando lucho con mis instrumentos y mis vísceras... el lápiz que hay que volver a afilar, la ficha que hay que volver a escribir, la vejiga que hay que vaciar, la palabra que siempre escribo erróneamente y cuya ortografía tengo que verificar. Luego, la tarea de leer la versión a máquina preparada por una secretaria, la corrección de mis errores graves y los errores leves de ella, pasando las correcciones a las demás copias, traspapelando las hojas, tratando de recordar algo que debía tacharse o insertarse. La repetición del proceso al corregir las pruebas. Y desempaquetar el precioso y rotundo ejemplar anticipado, abrirlo... y descubrir un descuido estúpido cometido por mí, que sobrevive con mi permiso. Al cabo de aproximadamente un mes me habitúo a la etapa final del libro, a que haya sido desahijado de mi cerebro. Entonces lo miro con una especie de ternura divertida, no como se mira a un hijo, sino a la joven esposa del hijo.

¿Existen escuelas en el arte de componer problemas de ajedrez?

-Los expertos distinguen varias escuelas en el arte de los problemas de ajedrez: la anglo-americana, que conjuga unas construcciones precisas con deslumbrantes patrones temáticos, y se niega a dejarse sujetar por ningún tipo de reglas convencionales; la escuela teutónica, de escabroso esplendor; los productos muy acabados pero desagradablemente hábiles e insípidos del estilo checo, con su estricto cumplimiento de ciertas condiciones artificiales; los viejos estudios rusos sobre finales, que alcanzan las centelleantes cumbres del arte, y el mecánico problema soviético del tipo llamado de «entrenamiento»,en el que la estrategia artística se ve reemplazada por la fatigosa elaboración de los temas hasta el máximo de sus posibilidades.

¿Cuáles son los temas?

-Los temas son dispositivos tales como el de la emboscada, la retirada, la inmovilización, etc.; pero sólo cuando se combinan de una forma determinada llega a resultar satisfactorio un problema. El engaño, hasta sus extremos más diabólicos, y la originalidad, llevada a lo grotesco, eran las bases de mi estrategia; y aunque en asuntos relativos a la construcción trataba de seguir, siempre que fuera posible, las reglas clásicas, tales como la economía de fuerzas, la unidad, el escardamiento de los finales sueltos, siempre estaba dispuesto a sacrificar la pureza de la forma a las exigencias de contenidos fantásticos, lo cual hacía que la forma pandeara y estallara como una bolsa de baño que contuviera un pequeño diablo furioso.

Una cosa es concebir la jugada central de una composición, y otra muy diferente construirla. La tensión intelectual es formidable; el elemento del tiempo desaparece completamente de la conciencia: la mano constructora tantea en busca de un peón en la caja, lo toma, mientras la mente sigue meditando en torno a la necesidad de utilizar alguna añagaza o un recurso provisional, y cuando se abre el puño, una hora entera, quizá, ha transcurrido, se ha quemado hasta quedar reducida a cenizas en la incandescente celebración del urdidor de la intriga.


El lector que debe buscar en la novela.

-Una apreciación estética a través de la atención a los detalles de estilo y estructura.

Virginia Wolf decía que las obras maestras “no son realizaciones individuales y solitarias; son el resultado de muchos años de pensamiento común, de modo que a través de la voz individual habla la experiencia de la masa” un poco jungiano.

-Yo tenía ciertos prejuicios en contra de las escritoras Ahora pienso distinto, desde que leí la novela de ane Austen: Mansfield Park. Virginia Wol dijo: a finales del siglo dieciocho se produjo un cambio que yo, si volviera a escribir la Historia, trataría más extensamente y consideraría más importante que las Cruzadas o las Guerras de las Rosas. La mujer de la clase media empezó a escribir

Nabokov

Escritor.

-Todo gran escritor es un gran embaucador, como lo es la archi tramposa naturaleza. La Naturaleza siempre nos engaña, desde el engaño sencillo de la propagación de la luz a la ilusión prodigiosa y compleja de los colores protectores de las mariposas o de los pájaros, hay en la Naturaleza todo un sistema maravilloso de engaños y sortilegios. El autor literario no hace más que seguir el ejemplo de la Naturaleza.

Leer.

-Al leer, debemos fijarnos en los detalles, acariciarlos. Los libros no se deben leer, se deben releer.

¿Usted se relee?

- Me releo con fines estrictamente utilitarios. Debo hacerlo cuando corrijo un ejemplar que está plagado de erratas o cuando tengo que controlar una traducción, pero hay ciertas recompensas. En algunas especies de mariposas, poco antes de nacer, las alas de la mariposa que todavía está en estado de pupa comienzan a delinearse en exquisita miniatura a través de los élitros de la crisálida.

Cuando me sumerjo en libros que escribí en los años veinte experimento la visión patética de un futuro iridiscente que se permea a través del cascarón del pasado. De pronto, en una fotografía deslustrada parece advertirse un toque de color, el esbozo de una forma. Digo esto con una modestia enteramente científica, no con la presunción del arte que madura.

¿Qué distingue a una gran novela, el lector que debe buscar en ella?

-Una apreciación estética a través de la atención a los detalles de estilo y estructura. Saber exactamente en qué clase de insecto se convertía Gregor -se refiere al personaje, de la novela "La Metaformosis"- Era un escarabajo de forma abovedada y no la cucaracha chata de los traductores chapuceros. Saber describir exactamente la distribución de las habitaciones del piso de la familia Samsa, con la posición de las puertas y los muebles.

Las blancas retiran su última jugada y dan mate

¿La satisfacción de elaborar problemas de ajedrez es del índole intelectual?

-En el caso del a composición de problemas, el proceso viene acompañado de una dulce satisfacción física, sobre todo cuando los trebejos comienzan a representar de forma adecuada, en un ensayo casi definitivo, el sueño del compositor. Te sientes cómodo y calentito (una sensación que se remonta a la infancia, a esos momentos en los que te dedicas a proyectar juegos en la cama, cuando los ángulos de los juguetes van encajando en las esquinas de tu cerebro); observas el precioso modelo que una pieza tiene de emboscarse detrás de otra, a la manera confortable y resguardada de una plaza retirada; y el perfecto funcionamiento de una máquina limpia y bien engrasada que trabaja con suavidad en cuanto un par de dedos alzan delicadamente una pieza para luego depositarla con la misma delicadeza.

La metamorfosis” de Kafka

-Toda exploración de la belleza involucra a la piedad. Si usted puede comprender “La metamorfosis” de Kafka como algo más que una fantasía entomológica, entonces lo felicito por haberse unido al grupo de los buenos y grandes lectores. Podemos separar la historia, averiguar cómo cada pedazo encaja con el otro, cómo una parte del patrón responde a la otra; pero uno tiene que poseer dentro de sí alguna célula, algún gen, algún germen que vibre en respuesta a sensaciones que uno no puede definir ni ignorar.

Freud.

-Freud y su mundo indecente y fundamentalmente medieval. Medicucho charlatán, con su circulo de resentidos espiando, desde sus escondrijos naturales, la vida amorosa de sus padres Yo aprecio la anarquía de la vida interior y Freud se empeñó en sistematizarla.¡Freud ese charlatán!. Kaffka no comparte la terminología freudiana con sus mitos prestados, sus paraguas andrajosos y sus oscuros secretos, de creerle a Freud, el paraguas sería en primer lugar un símbolo fálico y eventualmente algo que se podría llegar a usar en caso de lluvia.


¿A que se dedicaría de no ser novelista, al ajedrez?

- Siempre he guardado algunas credenciales en caso de que la musa falle. En primer lugar, entomólogo que explora junglas famosas; luego, gran maestro del ajedrez; campeón de tenis con un servicio incontestable; portero que detiene el tiro legendario.

¿Qué composición suya, sobre ajedrez le viene a la memoria?

-Recuerdo un problema en particular que llevaba meses tratando de realizar. Hubo una noche en la que por fin conseguí expresar aquel tema. Estaba pensado para el deleite de quien resuelve, del muy experto. Quien careciese de sutileza podía no enterarse en absoluto de la finalidad del problema, y descubrir su relativamente simple solución, sin haber experimentado los deliciosos tormentos preparados para los más sutiles.

Estos últimos empezarían cayendo en la trampa de un patrón ilusorio de juego basado en un tema vanguardista que entonces estaba de moda (exponer al jaque el rey de las blancas), que el compositor se había esforzado al máximo por tenderle (y que sólo podía ser malogrado por un oscuro movimiento de un peón casi invisible). Después de pasar por este infierno «antitético», el a estas alturas un ultra sutil solución pensaría en el sencillo movimiento clave (alfil a C2) con la misma facilidad con que alguien que estuviera cazando gansos silvestres podría ir de Albany a Nueva York pasando por Vancouver, Eurasia y las Azores.

La agradable experiencia del rodeo (extraños paisajes, gongs, tigres, costumbres exóticas, el tres veces repetido giro de la pareja recién casada en torno al fuego sagrado de un hogareño brasero) le compensaría sobradamente la desdicha del fraude, y después, su llegada al sencillo movimiento clave le proporcionaría una síntesis de penetrante placer artístico.

Recuerdo haber emergido lentamente de un desvanecimiento de concentrado pensamiento ajedrecístico, y allí, en un gran tablero inglés de cuero dorado y púrpura, la perfecta disposición quedó por fin equilibrada como una constelación. Mis trebejos Staunton, un juego con veinte años de antigüedad que me regaló Konstantin, el britanizado hermano de mi padre, eran unas piezas espléndidamente enormes, de madera leonada o negra, de hasta doce centímetros de alto, desplegaban sus brillantes colores como conscientes del papel que estaban desempeñando.

Por desgracia, si se los examinaba de cerca, algunos de los trebejos estaban desportillados a causa, de haber viajado en la caja por varios de los alojamientos por los que pasé durante esos años; pero la parte superior de la torre y la frente del caballo aún tenían pintada una diminuta corona carmesí que recordaba la marca redonda de la frente de un hindú feliz. Arroyuelo de tiempo en comparación con el helado lago del damero, mi reloj marcaba las tres y media.

Estábamos en mayo, mediados de mayo de 1940. El día anterior, después de meses de imploraciones y maldiciones, le había sido administrado el emético de un soborno a la rata clave de la oficina clave, y esto había dado como resultado la visa de sortie que, a su vez, condicionaba la autorización para cruzar el Atlántico. De repente sentí que, con la culminación de mi problema de ajedrez, todo un período de mi vida había llegado a su satisfactorio final. Todo a mi alrededor estaba en completo silencio; hasta se le formaban, por así decirlo, hoyuelos al mundo, gracias al tono de mi alivio.

Conservo la hoja de papel en la que, aquella noche en París, dibujé el diagrama de la posición del problema. Blancas: Rey en a7 (que significa primera fila, séptima hilera), Dama en b6, Torres en f4 y h5, Alfiles en e4 y h8, Caballos en d8 y e6, Peones en b7 y g3; Negras: Reyen e5, Torre en g7, Alfil en h6, Caballos en e2 y g5, Peones en c3, c6 y d7. Juegan blancas y hacen mate en dos movimientos.

La pista falsa es: Peón a b8, donde se convierte en caballo, y a continuación tres bellos mates en respuesta a los jaques declarados por las Negras. Pero las Negras pueden frustrar toda esta brillante operación renunciando a hacer jaque a las blancas y llevando a cabo en su lugar un modesto movimiento dilatorio en otra zona del tablero.

Nabokov

Evgeni Znosko-Borovsky.

-Dediqué un problema de ajedrez, una fantasía al gran jugador ruso Evgeni Znosko-Borovsky, con ocasión de su vigesimoquinto aniversario como ajedrecista. Él mismo lo publicó en la sección de ajedrez del diario émigré parisino Poslednie novosti, el 17 de noviembre de 1932. Iba firmado por mí como V. Sirin.

A continuación recita:


No el poema crepuscular que compones pensando en voz alta
con su tilo esbozado en tinta china
y cables de telégrafo sobre nubes rosáceas;

no el espejo que está en ti y el hombro de ella,
delicado y desnudo, brillando con luz tenue;
no el lírico chasquido de rimas de bolsillo…

la música menuda que da siempre la hora;
y no los pesos y monedas en esas pilas
de diarios vespertinos calados por la lluvia;

no los cacodaimones del dolor de la carne
ni las cosas que dices mucho mejor en prosa:
el poema que cae desde alturas ignotas…

cuando aguardas el chapoteo de la piedra
allá al fondo, y agarras como puedes la pluma,
y entonces sobreviene la conmoción, y entonces…

en la fronda sonora, las palabras-leopardo,
las aves avistadas, los insectos cual hojas,
se fusionan y forman un intenso, callado,
mimético diseño de perfecto sentido.



Las cartas.

-Feliz el novelista que consigue conservar una auténtica carta de amor recibida durante su juventud para insertarla en una obra de ficción, y empotrarla en ella como una limpia bala en una masa de carne fofa, para dejarla bien segura allí, entre vidas espúreas.

Ojalá hubiese conservado así toda nuestra correspondencia. Las cartas de Tamara eran una sostenida evocación del paisaje rural que tan bien conocíamos los dos. Eran, en cierto sentido, una lejana pero maravillosamente clara respuesta antifonal a los mucho, menos expresivos versos que yo le dedicara.

Con descuidadas palabras, cuyo secreto sigo siendo incapaz de descubrir, su prosa de muchacha de instituto podía evocar con plañidera fuerza cada olorcillo de cada hoja húmeda, cada una de las frondas de helechos oxidadas por el otoño en los campos de la región de San Petersburgo. ¿Por qué nos sentíamos tan alegres cuando llovía?, preguntó en una de sus últimas cartas, regresando en cierto modo a la fuente más pura de la retórica, a dónde ha ido a parar...


¿Para usted, una novela es ante todo una buena historia?

-Eso es, una excelente historia. Pero mis mejores novelas no tienen una, sino más historias que se entrelazan en cierta manera. Me gusta ver el tema principal irradiando a través de la novela y desarrollándose en pequeños temas secundarios. A veces es una digresión que se convierte en drama en un rincón del relato. O bien las metáforas de un discurso elevado se unen para formar una nueva historia.

Alekinne.

-De él dijo Rubén Fine que era un ser horrible, mezquino, borracho y un sádico y cuenta que Alekine enfureció cuando un desconocido llamado Arthur Dake lo venció en una serie de juegos de ajedrez rápido para calmarlo los presentes le dijeron No te procupes todo el mundo sabe que eres el mejor jugador del mundo'', fue vano el tratar de calmarlo Alekine molesto repetia: `` Eso ustedes lo saben y yo lo sé!'' " ¡Pero ellos no saben eso!" aludiendo al público presente. No podía soportar la idea de que cualquiera pudiera ganarle.

Nostalgia.

-La nostalgia ha sido un constante y loco compañero a lo largo de toda mi vida, no me molesta en absoluto confesar el doloroso sentimentalismo que hay en mi cariño hacia mi primera obra "Mashenka" o a mi Rusia o a la imagen de mi madre poniéndose a gatas sobre el suelo para besar la tierra cada vez que regresábamos al campo para pasar el verano, cosas todas ellas que un día el destino empaquetó de mala manera y arrojó luego al mar, separándome completamente de mi infancia.

¡Cuántas acuarelas pintó mi madre para mí; qué revelación experimente cuando me enseñó cómo surgía la flor de una lila mezclando azul y rojo! A veces, en nuestra casa de San Petersburgo, sacaba de un compartimento secreto de su habitación de tocador (la misma en la que yo nací) una enorme cantidad de joyas para entretenerme antes del momento de dormirme.

Elena, madre de Nabokov

Yo era entonces muy pequeño, y aquellas centelleantes tiaras y gargantillas y anillos me parecían estar dotadas de un misterio y un hechizo comparables a los de las iluminaciones de la ciudad durante las fiestas imperiales, cuando, en la acolchada quietud de una noche helada, gigantescos monogramas, coronas y otros diseños heráldicos formados por bombillas eléctricas de colores —zafiro, esmeralda, rubí— brillaban con cierta encantada frialdad por encima de las nevadas cornisas de las fachadas en las calles residenciales La melancolía por el bosque silvestre transformándose gradualmente en diversos jardines, mis abedules y abetos del norte. Mi madre murió en la pobreza en un apartamento, que compartía con su mejor amigo, Eugene K. Gofeld.


Le diré que a esta edad todavía me permito seguir residiendo en la casa de chillas donde pase la infancia, de modo que cada vez que subes a limpiar el desván te encuentras con el mismo montón de viejos libros pardos de colegio, reunidos todavía entre posteriores acumulaciones de objetos muertos, y donde, las mañanas de los domingos veraniegos, tu esposa se detiene en la acera para soportar durante un par de minutos a la señora McGee, esa horrible, gárrula, teñida mujer que se dirige a la iglesia y que, en el remoto 1915, era la bonita y traviesa Margaret Ann de labios con sabor a menta y ágiles dedos.

Nabokov, niño

Desde aquella correspondencia con Tamara, la morriña ha sido para mí un asunto sensual y especial. Hoy en día, la imagen mental de los enmarañados prados de Yayla, de un cañón de los Urales o de las salinas del Mar de Aral, me afectan desde el punto de vista nostálgico y patriótico tan poco, o tanto, como, por ejemplo, Utah; pero se me derrite el corazón ante cualquier zona del continente americano.



Cuénteme más sobre Alekinne.

-La tercera esposa de Alekinne fue Natasha, con quien se casó en París, donde ambos vivían, en 1925, poco antes del torneo en Baden-Baden. Al igual que Alekhine, Nadasha provenía de una familia rica de Rusia ella fue bien educada, además del ruso hablab: alemán, francés, inglés y lo sabía todo acerca de la etiqueta. Tenía un gusto exquisito en materia de arte. Pero esta casi dama perfecta, se colgaba toda clase de joyas de fantasía. Se comentaba sobre ella, el que parecía un árbol de navidad.

Cuando en Baden-Baden el rumor se extendió que la señora Alekhine había sido viuda por primera vez por un general y después de un almirante, Grünfeld estimo que la edad de la señora debía ser de ochenta años y explico elporque: "Se necesita tiempo para que dos cadetes se conviertan en un general o un almirante.

Alekhine se enfadaba si su nombre se pronunciaba Al-Yoh-khin, . La pronunciación correcta Rusia, dijo, es Al-YEH-khin, explicando que el nombre se deriva de la de un árbol ('alyesha') que creció abundantemente cerca de una de las propiedades de su familia. "Al-Yoh-khin", según él, era una pronunciación judía, deformación de su nombre, como Trotsky en Troitsky.

Alekinne refería que su padre era dueño de inmensas tierras por valor de dos millones de rublos en oro, y que él se lo había jugado todo en Monte Carlo. El campeón del mundo al parecer había estado esperando desde hace algún tiempo que los alemanes, le devolvieran e las dos fincas que dejó su madre. Él era el único heredero. Su hermano, fue asesinado por líos de faldas. Hubo una gran cantidad de tragedia en su familia.

Después de su regreso a París y su debut como escritor antisemita, Alekhine fue a Alemania y luego a la Polonia ocupada, donde vivió la mayor parte del tiempo. Allí residía un amigo suyo, el Gobernador Hans Frank, que llegó a ser conocido como el "Carnicero de los polacos", y como tal fue ahorcado en Nuremberg.

Cuando se hizo evidente que Alemania estaba perdiendo la guerra, Alekhine huyo a España, con el pretexto de participar en un torneo allí. Pero cuando llegó, en lugar de participar en el torneo, no asistió según él por estar enfermo y así permaneció en España, evitando el tener que volver a Alemania. Él no estaba dispuesto a regresar a Francia controlado por los nazis. Estaba teniendo que hacer frente a las consecuencias de la trayectoria políticamente peligrosa que había elegido.

El exilio.

Viví en Berlín y en París entre el 22 y el 39. Yo me siento forastero siempre y en todo lugar, es mi estado, es mi trabajo, mi vida. Me siento en casa entre recuerdos muy personales que no tienen relación alguna con una Rusia geográfica, nacional, física o política.

Cuando pienso en aquellos años de exilio me veo a mí y a miles de rusos blancos llevando una vida extraña pero nada desagradable en la indigencia material y el lujo intelectual. Un mundo espectral donde exhibíamos nuestras heridas y placeres, presa de temibles convulsiones que nos mostraban quién era el cautivo desencarnado; nosotros los inmigrantes y quién era el amo; ellos los Alemanes.

La energía, el capricho, la inspiración me llevaba a escribir hasta las 4 de la madrugada. Raras veces me levantaba antes de las 12 y escribía todo el día tumbado en un diván..

¿A quien recuerda de entre sus amigos de la universidad?

La figura más vívida con la que me encuentro cuando trato de localizar en mis recuerdos a alguien a quien destacar de entre mi magro abastecimiento de conocidos no rusos y no judíos de los años transcurridos entre las dos guerras, es la imagen de Dietrich un joven universitario alemán, educado, tranquilo, que usaba gafas, cuyo pasatiempo favorito era fotografiar ejecuciones.

En nuestro segundo encuentro me mostró una colección de fotografías entre las cuales había una serie recién adquirida que mostraba las sucesivas fases de una ejecución en China; alabó, como un verdadero experto, el esplendor de la espada letal y el perfecto espíritu de cooperación entre verdugo y víctima, que culminaba en un auténtico geiser de sangre color gris niebla saliendo a chorro del claro y fotografiado cuello de la parte decapitada.

Como gozaba de una situación económica holgada, este joven coleccionista podía permitirse el lujo de viajar, y lo hacía, sin dejar de preparar los temas de humanidades para su doctorado. Se quejó, no obstante, de su persistente mala suerte, y añadió que si no podía ver pronto algún ejemplo verdaderamente bueno de ejecución, sería incapaz de soportarlo.

Había sido testigo de unos cuantos ahorcamientos en los Balcanes. A pesar de que estaba padeciendo un fuerte resfriado, se fue a Regensburg, donde se llevaban a cabo violentas decapitaciones con hacha: esperaba grandes cosas de este espectáculo, pero, para su intensa decepción, el sujeto había sido al parecer drogado y apenas si reaccionó, cuando el enmascarado verdugo y su desmañado ayudante cayeron sobre él.

.Dietrich esperaba ir algún día a los Estados Unidos para ser testigo de un par de electro ejecuciones. Se preguntaba si era cierto que, durante la ejecución, salían sensacionales humaredas de los orificios naturales del cuerpo.

En nuestro tercer y último encuentro quedaban algunos aspectos de su personalidad que yo quería archivar para su posible utilización. Me contó, más triste que furioso, que una vez se pasó la noche entera esperando pacientemente junto a un amigo suyo que había decidido suicidarse y que había accedido a hacerlo, de un disparo en el paladar, en un lugar bien iluminado y de cara al aficionado, pero que, como carecía de ambición y sentido del honor, en lugar de cumplir su palabra se limitó a pillar una borrachera de campeonato.

Aunque hace mucho tiempo le perdí la pista a Dietrich, puedo imaginarme perfectamente la mirada de serena satisfacción en sus ojos color azul pez, al enseñarles a sus compañeros, su nuevo tesoro de fotos, que obtuvo durante el reinado de Hitler ante su aplauso caluroso y sus estentóreas risotadas..

Bunin

.-Fue uno de los escritores rusos más famosos de ese tiempo. Ninguno de los dos nos agradamos, pero Ivan Bunin vio con buenos ojos mi novela La defensa, diciendo: que la había escrito, un autor joven y prometedor, quien había disparado a todo lo establecido, a los viejos autores incluyendo el mismo Bunin.

Zaschita Luzhina. (La defensa o Luzhin)

- Los golpes de efecto de ajedrez que he colocado no se limitan a escenas aisladas: en realidad se suceden a lo largo de la estructura básica de este trabajo. Así, por ejemplo, hacia el final del capítulo cuatro me permito hacer un movimiento inesperado en una esquina del tablero, dieciséis años desaparecen en el transcurso de un párrafo, y Luzhin, súbitamente promovido a una fecunda hombría y trasladado a un balneario alemán, aparece ante una mesa en un jardín y señala con su bastón una ventana del hotel que acaba de recordar (no el último cuadrado de vidrio en su vida) a la persona con quien conversa (una mujer, a juzgar por el bolso que hay sobre la mesa de metal), a la que no conoceremos hasta el capítulo sexto.

El tema retrospectivo comenzado en el capítulo cuatro se disuelve entonces en la imagen del difunto padre de Luzhin, cuyo pasado se expone en el capítulo cinco mientras recuerda los inicios de la carrera como ajedrecista de su hijo, que idealiza en su mente hasta transformarla en un cuento sentimental destinado a los jóvenes. En el capítulo sexto volvemos al balneario y encontramos a Luzhin jugando aún con el bolso de mano y dirigiéndose a su borrosa interlocutora, que se va perfilando, le quita el bolso, menciona la muerte del padre de Luzhin y acaba convirtiéndose en una parte definida de la escena.

Toda la secuencia de movimientos en estos tres capítulos fundamentales nos recuerda —o debería recordarnos— ciertos problemas de ajedrez cuya solución no consiste en hacer jaque mate en determinado número de jugadas, sino en el denominado «análisis retrospectivo», en el cual se requiere que el jugador demuestre mediante un estudio desde el principio de la posición esquemática que las negras no podían haber enrocado en su última jugada o que debían haber tomado al paso un peón blanco.

La muerte de su padre.

La primera vez que temí por la seguridad de mi padre, fue cuando él reto al director de un diario, a un duelo. Los duelos rusos eran asuntos mucho más serios que la convencional variedad parisiense del mismo acontecimiento-Pero este sujeto no acepto el reto y sentí tanta alegría, que el corazón se me desbordó.

Varias de las jugadas posibles de un problema de ajedrez, aún no se habían combinado sobre el tablero. Asistieron más de mil oyentes a la charla de su amigo Miliukov. Cuando terminó la primera parte de la conferencia, un pequeño hombre con una chaqueta oscura, disparó varias veces, gritando: "¡Por la familia real, por Rusia!" Ante el azoro del publico que corría hacia la salida. Mi padre se levantó y de un salto; agarró la mano del tirador, tratando de quitarle el arma, lo tiro y lo inmovilizó en el suelo y en ese momento saltó al escenario, un segundo hombre joven, alto, calvo que le disparó tres veces a mi padre. Dos balas impactaron en su columna vertebral, y la tercera pasó por su pulmón izquierdo y atravesando su corazón. La muerte fue instantánea.

Los asesinos eran miembros de grupos de extrema derecha, y ambos vivían y trabajaban en Munich . sus nombres Peter Shabelski-Bork, y Sergei Taboritsky. Nuestra existencia no es más que un corto circuito de luz entre dos eternidades de oscuridad.


Obra de Agatha Belaya 
(Cuando yo era niña, mi padre me enseñó a jugar al ajedrez, el juego poco a poco se convirtió en uno de mis mejores recuerdos. 
El Ajedrez y la infancia se entrelazan para convertirse en uno. El Ajedrez para mí es Alicia y las maravillas, 
La Defensa, Vladimir Nabokov. En la estética de ajedrez se asume exacta, intriga, romance y las relaciones de la época.)



Le refiero a Vladimir: en su novela "La defensa" el apellido del gran maestro Turati está formado por la combinación de dos palabras - el nombre popular de una pieza de ajedrez (torre) - tura y el apellido del jugador de ajedrez real de Richard Reti. La Tura - Reti - ha salido como Turati.¿ La apertura del italiano Turati" es la Apertura Reti?

-Este jugador, fue un representante de la última moda en el ajedrez, el hiperdernismo. Abriendo el juego desde los los flancos, sin ocupar el centro del tablero, por los peones, ejerciendo una influencia peligrosa en el centro. El escrito es una imagen colectiva. Se mezclan datos de los ajedrecistas que conocí y de los que supe. Yo viví ese mundo. El final trágico es el del maestro Berlínes Curt von Bardeleben, quien se suicidio. Pero también toma elementos de la vida de ajedrecistas a quien los médicos le prohibieron el ajedrez. También de Alekinne, de Steinitz y de otros.

Su hermano Sergei.

-De niños tuvimos intereses muy distintos. No compartíamos casi nada. Ya en París a menudo venia a charlar a casa, dos cochambrosas habitaciones de la rue Boileau . Me imagino su desolación cuando él fue fue a preguntar por nosotros y el portero le dijera que ya habíamos partido a América. No tenía buenas relaciones con Vera, mi esposa. Mis más sombríos recuerdos están relacionados con París. A Sergei lo denunciaron y murió en un campo de concentración alemán. Murió de hambre.

A sugerencia de Nabokov suspendimos la entrevista y salimos a pasear por la calle, un paseo, rodeados de arboles sin hojas y de un clima frió. Vladimir me contó una serie de sucesos que en este espacio intento describir:

¿La herencia, el contorno familiar, la forma de crianza determina que dos hermanos: aristócratas, brillantes, talentosos y bien parecidos; tengan dos personalidades distintas? Veamos la forma de ser de Sergei durante su infancia: tímido, padeció de un severo tartamudeo, amó la música - estudio piano- Sergie no fue el predilecto de la familia, creció en la sombra, retraído, triste y extraño. Estudio en Tenishev, una escuela para varones fundada en 1900 por el príncipe Vyacheslav Tenishevs, en ella tuvo una serie de romances infelices. Vladimir quien fue el primogénito, fue el consentido de la familia, un niño encantador y romántico, con una afición a la lectura y a las mariposas.

Ambos hermanos fueron miembros de los círculos sociales más exclusivos de la Rusia imperial. Los niños crecieron en un torbellino glamoroso de casas de campo, con criados de librea, institutrices, bailes, fiestas y vacaciones anuales en Biarritz, Francia, y en la Riviera.

Familia Nabokov, de izquierda a derecha: madre de Nabokov, 
sus hermanas Helen y Olga su abuela María Nabokov, su padre, 
Nabokov, la tía abuela de la madre Tarnowski Praskovya, 
y su hermano Sergei

Vladimir sería con los años un artífice de la palabra, un maestro del lenguaje. A Nabokov le molesta la música, que define; como una sucesión arbitraria de sonidos irritantes. Los dos hermanos se graduaron en Inglaterra con honores en literatura francesa e inglesa.

Ya en Berlin los dos jóvenes se distingan, uno, Volodia: por ser delgado, moreno, guapo y deportista, fisicamente muy parecido a su madre. La joven Lucy León describió a Vladimir como un joven bello, de aspecto romántico, que vestía un traje azul oscuro, un poco snob; ¡un homme du monde! El otro, Sergio era rubio, un dandy, rojizo de la cara, con un bucle que caía sobre su cara, en el ojo izquierdo, que le gustaba el ballet. Portaba una capa negra y un bastón, que le otorgaba un tinte aristocrático. Ya en Paris Sergei se enamora de Hermann Thieme un hombre austriaco acaudalado y aristocrático, hijo de un magnate de los seguros.

Nabokov tenía dos tíos gays. Konstantin Nabokov, hermano de su padre, y Vasily Rukavishnikov, tío materno; el Tío "Ruka" quien era un diletante adinerado y un excéntrico. Él estaba enamorado del joven Vladimir. El apego a su sobrino favorito fue más allá de lo que era apropiado. Parece haber sometido a Nabokov una forma leve de abuso sexual,cuando tenía ocho o nueve años .

Al igual que Sergio, el tío Ruka tartamudeaba y amaba la música apasionadamente. Cuando el Tio Ruka murió en 1916, le dejó todo su patrimonio - una mansión, 2.000 hectáreas de tierra y una fortuna en rublos solo a Vlladimir.

Sergei y Vladimir

Vladimir describió a su hermano como: "un inofensivo, indolente, patético que pasó su vida vagamente yendo y viniendo entre el Barrio Latino y un castillo en Austria" - se refiera al castillo de novio de su hermano Hermann Thieme- también detalla que su hermano:"iba a la deriva, en una neblina hedonista, entre la multitud cosmopolita. Sus dotes lingüísticas y musicales disueltos en la indolencia de su naturaleza"

El final de Sergei, fue ser confinado a un campo de concentración, donde murió de hambre. En ese momento del nacionalsocialismo, después de una vida de timidez y tartamudez, Sergei no podía guardar silencio y empezó a hablar con vehemencia contra las injusticias del Tercer Reich a sus amigos y colegas. Él decidió quedarse en Europa con Hermann, su amante. Los nazis ya estaban deteniendo a los homosexuales, tanto como a los judíos.

Tras su detención, Sergei fue llevado a Neuengamme, un gran campo de trabajo, en un barrio de Hamburgo, Alemania, situado en Bergedorf cerca de río Elba, donde se convirtió en el prisionero N º 28631. Las condiciones eran brutales. El campamento era un centro para la experimentación médica, y los nazis utilizaron a los prisioneros a realizar una investigación sobre la tuberculosis. De los aproximadamente 106.000 presos que pasaron por Neuengamme, menos de la mitad sobrevivió, y por regla general, los guardias daban un rato especialmente duro a los homosexuales.

¿Seguramente se preguntará que paso con Hermann? El también fue detenido, y enviado a luchar en el frente de África y sobrevivió. Pasó sus últimos años en el castillo de Weissenstein.)

Al regreso del paseo continuo con las preguntas, con una taza de té caliente, entre las manos.

El su novela la defensa usted hace que su personaje Luzhin se caiga de un taxi.

-En una fiesta Alekinne tomo demasiado, y bailando trastrabillo, se desplomó arrastrando a su pareja, ambos cayeron estrepitosamente. Al terminar la reunión le pidieron un taxi a Alekinne y este se introdujo tan violentamente en el automóvil, que fue a dar hasta la otra puerta del coche. Un suceso parecido ocurre en mi novela.

La vida de Alekhine estuvo marcada por el alcoholismo, la depresión, los ataques, por asuntos escandalosos, los matrimonios de conveniencia. Después de la guerra la presencia de Alekinne no era grata para muchos de sus colegas. Pago las consecuencias por sus actos en Alemania. Alekhine murió a los 53 años, amargo, roto y solo. Su última esposa bebía tanto licor o más que el Campeón. Ambos estaban bebiendo en exceso durante el encuentro contra Bogolyubov, que se jugó en varias ciudades de Europa. Se cuenta que ella lleva de hotel en hotel un baúl lleno de botellas de licor. Cuando la pareja debía salir para Bayreuth, después de la finalizar las tres partidas de Munich, para el siguiente encuentro. La comitiva se encontraba desesperada por la tardanza de Alekinne y sucedió que ella completamente borracha, salio a gritarles “Nosotros no vamos a jugar” Finalmente aquella partida se inicio con un retraso de 12 horas.

Magia.

-Me gustan tanto los espejos y los espejismos. Sé que a los diez años me apasionaban los trucos de magia. Poseía una gran caja de magia. Dentro venía un manual de magia que enseñaba cómo hacer desaparecer o cambiar una moneda entre los dedos. Yo intentaba hacer esos trucos delante de un espejo, tal como aconsejaba el manual y me ponía un antifaz negro, que me daba mejor cara. Una tarde de Pascua, en la última fiesta infantil del año, no pude evitar mirar por la ranura de una puerta y mirar cómo iban los preparativos y observe como el mago colocaba una flor en un cajón.

Este descubrimiento se lo comunique a una primita mía, Mara Jevuska, y le dije el secreto, en qué escondrijo hallaría la rosa que Merlín escamotearía en uno de sus trucos. En el momento crítico, la pequeña traidora, blanca y de pelo negro, señaló con el dedo el secreter, gritando: "¡Mi primo ha visto dónde la ha metido!" Yo creí distinguir la expresión atroz que contrajo las facciones del pobre mago.

Cuento este incidente para satisfacer a mis críticos perspicaces que declaran que en mis novelas el espejo y el drama andan muy lejos. Porque debo añadir: cuando abrieron el cajón que los niños señalaban entre burlas... que la flor no estaba. ¡Estaba debajo de la silla de mi vecina! ¡Encantadora combinación, gloria del ajedrez!

Sergei, Elena, Vladimir, Helen y Olga 


Amor.

-Cada vez que me pongo a reflexionar sobre el amor que siento por una persona, tengo la costumbre de dibujar radios que arrancan de mi amor —de mi corazón, del tierno núcleo de la materia personal— para dirigirse hacia puntos monstruosamente remotos del universo.

Hay algo que me impulsa a comparar la conciencia de mi amor con cosas tan inimaginables e incalculables como el comportamiento de las nebulosas cuya misma lejanía parece una forma de locura, los temibles precipicios de la eternidad, lo incognoscible que está más allá de lo desconocido, el desamparo, las frías y nauseabundas involuciones e interpretaciones del espacio y el tiempo. Es una costumbre perniciosa, pero no puedo hacer nada por evitarla.

Erotismo.

-Hay bastante erotismo en la obra de cualquier novelista de quien se pueda hablar sin reírse. Lo que llaman "erotismo" es uno de los arabescos del arte de la novela.

¿Por qué colaboró con los nazis Alekinne?

-Después de la Olimpiada de 1939 en Buenos Aires, desembarco en Toulun, ahí se encontró con un viejo amigo un comerciante de antigüedades de Viena, y juntos hicieron planes para buscarse libertad a través de los Pirineos. Pero en el día crucial Alekhine cambió de parecer volvió a París, donde se entregó a los alemanes. Su amigo prosiguió con el plan, huyó solo y con el tiempo llegó a Nueva York con un dólar en el bolsillo. Él se convirtió en un comerciante de antigüedades. El Fue un jugador de ajedrez en el Club de Ajedrez de Maniatan su nombre Walter Ephron . Murió en Nueva York en 1972, a la edad de setenta y siete años.


Nabokov en 1938

Rubinstein

Un jugador famoso de comienzos del siglo 20, no es el único caso de locura en la historia del ajedrez. Ya la había sufrido unos años antes Morphy. Después, Capablanca, sufrió cierto delirio de grandeza, que le hizo creer que no tenía rivales, lo que le costó el título de campeón.

El cine.

Con Tamara recorrí las salas más oscuras y menos concurridas de los museos de San Petersburgo, pero también las salas cinematográficas. Recuerdo a un actor de reparto que a Tamara le agradaba y que por azares del destino, conocí en Crimea , antes de partir de Rusia, Lo encontré tratando de llevar las riendas de un corcel, que se negaba a obedecer sus mandatos. Yo mismo, sin pensarlo en ese entonces, fui extra en varias películas, entre ellas "Fiebre de ajedrez"

¿Qué películas son sus preferidas?

-En Alemania asistía al cine una vez cada 15 días He disfrutado mucho de las comedias de Laurel y Hardy. Disfruté tremendamente a Buster Keaton, Harold Lloyd, y Chaplin. Mis favorito es Chaplin La quimera del oro de 1925, The Circus de 1928 , y El gran dictadorme parece que de 1940 especialmente el inventor del paracaídas que salta de la ventana y termina con una caída desordenada que sólo ven en el expresión en el rostro del dictador. ¡Los Hermanos Marx eran una maravilla! ¡A Night at the Opera de 1935 es genial. yo he debido ver esa película tres veces! Laurel y Hardy son siempre divertidos, hay toques sutiles, incluso artísticos en sus películas más mediocres. Laurel es tan maravillosamente inepto, sin embargo, tan muy amable. De sus películas me gusto mucho "Estudiantes en Oxford"

¿Cuando vio por última vez a Tamara?

Cuando la revolución estalló. En el tren local, volví a ver a Tamara. Sólo unos pocos minutos entre las dos estaciones Yo entre en un estado de confusión, que nunca antes había experimentado. Me estranguló una mezcla dolorosa de amor, arrepentimiento, sorpresa, vergüenza, que me traslado a un absurdo fantástico. Después he sabido que se caso con un funcionario seguridad.

Me ha parecido entender que no aprecia a Freud.

-No es exacto. Aprecio mucho a Freud como autor cómico. Las explicaciones que da sobre las emociones de sus pacientes y sus sueños son de un burlesco increíble, pero hay que leerlo en la lengua original. No entiendo cómo se le puede tomar en serio al charlatán vienés.

Los políticos.

El político sentimental puede acordarse del día de la madre y aniquilar implacablemente a un rival. A Stalin le encantaban los niños. Lenin lloraba en la ópera, sobre todo en La Traviata. Un sentimental puede ser una perfecta bestia en sus ratos libres.

París.

-Considero París, con sus días grisáceos y noches de carbón, tan sólo como el fortuito escenario de los más auténticos y fieles placeres de mi vida: en la mente, la frase llena de color entre la llovizna; la página en blanco esperándome bajo la lámpara del escritorio de mi casa modesta.

¿Cuantas novelas ha escrito?

-Mashenka , Rey, Dama, Valet, La defensa, El ojo , Cámara oscura Desesperación, Invitado a una decapitación , y El hechicero.

."El hechicero".

-Una novela donde trato el tema de un oscuro joyero que se enamora de una niña de 12 años, a la que ve un día, mientras está sentado en un parque. Al enterarse de que el padre de la niña murió, trama casarse con la viuda sólo para acercarse a su objeto de deseo, poderoso y secreto. El imagina al matrimonio como una vía hacia su goce, pero su fastidio por la densa esposa enfermiza lo irrita al punto de llegara a una espiral de locura. Antes del final, el relato se detiene en la obsesión sorda y tremenda que persigue al protagonista. Es en el momento en que el plan está por cumplirse: se aproxima el casamiento y se acerca la oportunidad que él ha esperado toda su vida.

Problema de mate en 3

Nabokov se detiene, respira hondo y me recita de memoria parte del texto de la novela: "Trató de hacerla reír y de charlar con ella como lo hubiera hecho con cualquier niño común y corriente, pero su progreso se veía impedido continuamente por un pensamiento obstruyente: si el ambiente hubiera estado más vacío y ellos entados en un rincón más íntimo, él podría haberla acariciado un poco, sin ningún pretexto especial y sin temor a las miradas de los extraños más perceptivos que la confiada inocencia de ella. Cuando la acompañaba hasta su casa, y mientras se quedaba atrás en la escalera, se sintió atormentado no sólo por la oportunidad perdida, sino también pro el pensamiento que, hasta hecho ciertas cosas específicas por lo menos una vez, no podía contar con las promesas que le transmitía el destino a través de la inocente manera de hablar de la niña, los sutiles matices de su infantil sentido común y sus silencios…

De modo que ¿qué importaba si, en el futuro, su libertad de acción, su libertad para hacer y repetir cosas especiales, cambiara todo en algo límpido y armonioso?: mientras tanto, ahora, hoy un error tipográfico de deseo distorsionaba al significado del amor. Esa mancha oscura representaba una suerte de obstáculo que debía ser aplastado, borrado tan pronto fuera posible -sin importar con qué falsificación de dicha- de manera que la criatura estuviera consciente de la broma y él recibiera la recompensa de compartir con ella, de poder cuidarla de manera desinteresada, de poder fundir las olas de la paternidad con las olas del amor sexual".


Le comento a Nabokov: Tarde o temprano la pasión por la niña desaparecerá y en dos años será una adolescente cualquiera.

-Le aseguro que el final es otro.

¿La niña de esta novela es la hermana menor de Alicia?

-Veo por donde va efectivamente yo traduje al ruso Alicia en el País de las Maravillas de Carroll quien paseaba por el río en compañía de las hermanas Liddell donde el les contaba a las historias de Alicia. Quizás si sea alguna prima. Fue en una tarde de verano, cuando el escritor británico Charles Lutwidge Dodgson, más conocido por el seudónimo de Lewis Carroll, paseaba en barca por el río Támesis atravesando la campiña inglesa en compañía de las tres hijas de su amigo: Liddell, Lorina, de trece años, Alice, de diez, y Edith, de ocho.

Él, en aquel momento, tenía treinta años. A pesar de esta diferencia de edad, la relación que tenía con las niñas era muy buena, pero especialmente con Alice, a quien siempre le estaba haciendo fotografías, y que fue la inspiradora del libro y con la que mantuvo correspondencia hasta treinta años después, incluso mucho más tarde del escándalo que rompió las relaciones de los dos amigos, me refiero a Carroll y al padre de las niñas.

Después de lo dicho por Vladimir, medito que la fragmentación a la que están sometidos sus personajes, lo ubica del lado de Freud ¿y sí la tirria de Nabokov con Freud, como la de Heidegger con Niezstche, solo es por haber encontrado un precursor, que haya dicho las mismas cosas antes que ellos? ¿Existe un tipo de rivalidad en esta aversión?

La nieve empieza a caer en Wellesley. Vera y Nabokov inician una partida de ajedrez, al calor de la chimenea. Mientras yo miro volar a las mariposas naranjas y azules entre el fuego.

Por Gabriel Capó Vidal

Enero 2016



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